El exceso real vuelve a Versalles
@Jacobo Corujeira.- 30/03/2009
Con piezas que abarcan desde 1650 hasta 1800 llegadas desde Portugal, Rusia, Austria o Reino Unido, la única que parece haberse quedado atrás es España, corona a la queprecisamente en la época de Luis XIV llegó Felipe V, un Borbón nacido en Versalles. Fastos de la corte y ceremonias reales propone un recorrido con más de 200 piezas entre vestidos, joyas y cuadros que trata de mostrar algo en lo que también el rey parecía un visionario: la internacionalización de las tendencias en el vestir, que en el París de la época suponían además un importante sector económico. La escenografía ha corrido a cargo de Giada Ricci, que ya ha creado otras para el Grand Palais o el Museo del Hombre.
El lenguaje de la elegancia
La ropa en la corte -especialmente en las grandes ceremonias como coronaciones o bodas- tenía una fuerte carga simbólica, era la expresión de un lenguaje codificado que comunicaba la jerarquía del poder a través de tejidos, colores y texturas. Más es más, parecían decir una tras otra las monarquías de toda Europa en un intento por reproducir el nuevo estándar de la sofisticación y la elegancia. La exposición trata de hacer visible esta idea a través de siete espacios que van desde los retratos de reyes franceses y sus familias a los trajes de coronación. La influencia de los borbones galos en las cortes inglesa y sueca queda patente en esta parte de la muestra.
Las bodas eran auténticos encuentros en la cumbre y el momento perfecto para vestirse con materiales lujosos, bordados, encajes y ribetes que fabricaban las cada vez más ocupadas marchandes de mode, creadoras de accesorios innovadores que a finales del XVII ya estaban reconocidas como actividad profesional. La moda cambiaba como ahora, frenéticamente, y las temporadas imponían su dictadura siempre destinada a morir pocos meses después. Como explica DeJean en su libro, “la primera edición del venerable diccionario de
El rey, figura central de todo este universo, era único también en el vestir. La exposición resume una jornada en la vida de un monarca con un vestido de cámara de Federico IV de Dinamarca concebido para la hora de levantarse y otro de montería regalado por Luis XV de Francia al rey Cristián VII de Dinamarca. La coronación, hito de sus vidas, ocupa también un espacio con el conjunto bordado en París para el ascenso de Carlos VII al cargo de emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico.
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