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TRIBUNA
Las carencias del PP
PP, Mariano Rajoy, José María Aznar
José Luis González Quirós - 19/03/2009
En el PP, tanto sus militantes como sus líderes y su presidente tienen motivos de satisfacción tras los resultados de Galicia y el descalabro que ha sufrido la situación política del presidente del Gobierno. Sin embargo, le quedan muy largos meses de navegación para sentirse completamente feliz, y no debería limitarse a llegar a la meta: tendría que merecer la victoria.
Cualquier dirigente del PP debería preguntarse por las extrañas dificultades que el partido experimenta en algunas circunscripciones para llegar a la mayoría. Esta cuestión se responde de una manera bobalicona, tanto a la izquierda como a la derecha, echándole la culpa al empedrado. El PP, sin embargo, debería ser más exigente en el análisis y menos condescendiente consigo mismo de lo que lo es. Con la excusa de exorcizar, y hay buenas razones para hacerlo, los demonios y los complejos de determinado centrismo, en muchos sectores del PP se ha instalado un nivel de autocrítica excesivamente bajo.
La política española, en su conjunto, aparece dominada por una detestable plaga de culto a la apariencia. Esta peste cobra en el PP un aspecto especialmente cutre que se traduce en el cultivo de una cierta imagen atildada, de nuevo rico supuestamente elegante, que la mayoría de los electores asocian sin dificultad con la imagen misma del PP. Este asunto puede parecer de tono menor, pero no es precisamente uno de los mayores aciertos de la escenografía pepera. Es muy significativo que, recientemente, una bandada de horteras haya podido poner en dificultades la honorabilidad y la decencia del partido mismo.
Hay dos cuestiones de mayor calado que me parecen que perjudican seriamente sus posibilidades. La primera de ellas tiene que ver con los programas, con su atractivo. El PP cae frecuentemente en la tentación de ofrecer lo mismo y más que sus rivales (en las elecciones de 2008, por ejemplo, eso pasó con la fiebre ecologista), lo que desdibuja los perfiles propios e, indirectamente, trabaja a favor del rival en la medida en que, aun ganando, se vería en la necesidad de desarrollar políticas ajenas. Detrás de ello se esconde miedo y pereza: miedo a defender posiciones claras, y pereza para desarrollarlas de modo atractivo. El PP es un partido suficientemente plural y sufre cuando no se hace el esfuerzo interno de debatir las cuestiones para poder ser realmente convincente: cuando las corbatas sustituyen a las cabezas, el resultado nunca puede ser bueno.
En Génova deberían saber que no basta con oponerse, que no basta con criticar, que hay que proponer. La pura destrucción del adversario se paga cara, entre otras cosas, porque el adversario es indestructible, como lo es el propio PP. El fracaso de la reciente campaña garzonesca debería ser muy elocuente.
Hay que proponer, hay que mojarse. Hay que atreverse a ser ambicioso, como lo ha recordado recientemente Aznar, para poder salir del bizantino círculo vicioso en el que tiende a convertirse la política española. No se trata simplemente de aludir a los principios, a palabras que no son nada sin acciones que las vivifiquen; por el contrario, el partido debe dejar de ampararse en las grandes palabras que corren el riesgo de desgastarse. Tiene que proponer ideas ambiciosas, capaces de evocar en el elector el sentimiento de orgullo y entusiasmo que las palabras grandilocuentes ya no son capaces de suscitar por sí mismas. Las cosas están muy mal, es cierto, pero ¿qué haría el PP para mejorarlas? ¿Qué nos espera si le votamos?
La política de personal es otro de los puntos débiles de Génova. La derecha tiene miedo a reproducir los errores de la UCD y ha decidido fomentar la disciplina y el orden. Está bien, pero si eso se hace al precio de tener un personal político que no parece servir para otra cosa que para aplaudir, que no sabe hablar, que no tiene dos ideas propias, el resultado será forzosamente decepcionante. Tal vez el PSOE pueda conformarse con representar una España muy gris, pero el PP no debería caer en la tentación de contar solo con peones. Es patético que mucha gente se asuste si toca pensar en la sustitución del líder, porque tiene la idea de que, además de él, “no hay nadie”. La UCD tuvo muchas dificultades y no logró madurar en un partido viable: fueron muchos y muy altos los intereses que se oponían a eso. Pero tuvo la virtud de traer a la política a lo mejor de cada casa. Las circunstancias actuales, y las que nos esperan, no van a ser más fáciles que las de la transición y no nos exigirán menos.
El PP necesita que se incorpore mucho capital humano para salir con éxito en lo que, muy probablemente, se le va a venir encima, y tendrá que hacer grandes esfuerzos para estar a la altura de las circunstancias. Las grandes batallas no se ganan nunca a base de viejas glorias, a base de medallas y títulos heráldicos. El partido de la derecha tiene que renovarse y crecer, olvidándose de quienes no han sabido, ni siquiera, parecer dignos.
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Opiniones de los lectores (8)
8.
Leiras20/03/2009, 11:47 h.
lo más probable es que la victoria del PP en las elecciones autonómicas gallegas haya sido un balón de oxígeno para ... el PSOE. Sí, digo para el PSOE porque de otro modo en el PP se habría producido un inevitable cambio de liderazgo que de cara a las próximas elecciones generales estaría en disposición de derrotar a Zapatero. De este modo la continuidad de Rajoy al frente se da por descontada, salvo descalabro inesperado en las europeas. La mejor garantía para una tercera victoria de Zapatero es que figure Rajoy como candidato alternativo.Una opción alternativa con Gallardón al frente con un equipo solvente sería infranqueable para Zapatero. En las próximas generales la crisis se habrá superado -eso espero, por otra parte- y con Rajoy al frente hay grandes opciones de victoria para el PSOE. No en vano ya saben lo que es ganarle unas elecciones. Y por partida doble.
7.
cubalibre19/03/2009, 17:40 h.
Para Conspicuo. Estoy de acuerdo en que el PP hace el ridículo ensalzando a conversos, a veces meros oportunistas con ganas de ser tertulianos, y olvidando a la gente seria que podría ayudarle mucho. ¿Es Quirós un dirigente del PP? No lo parece.
6.
diegales19/03/2009, 15:22 h.
No puedo estar más de acuerdo.
Cuando llegó Aznar tuvo que poner orden y disciplina para hacer un partido ganador, pero supo hacerlo rodeándose de los mejores [Cascos, Rato, Trillo, Aguirre...]
Pero ahora lo que hace falta es regenerar el Partido para introducir profesionales válidos que están deseando trabajar por España.
Pero para eso la única solución es hacer congresos asamblearios [no cerrados, manipulados y controlados por las distintas directivas] en los que los nuevos puedan tener oportunidades de ganar y formar equipos.
Con esto se conseguiría la necesaria regeneración del partido y elevar el nivel intelectual del mismo,que está bajo mínimos.
Abundan los "señoritos" [gente que nunca llegará a señor, pero que intenta aparentar] con chaquetas de tweed, pantalones de pinzas, gafas de diseño y pobre discurso y menos ganas de ser políticos cercanos a la gente.
Eso es lo que hay que cambiar.
5.
niki19/03/2009, 13:41 h.
Efectivamente es momento de arrimar todos el hombro en el PP. España va a pasar por mayores dificultades, y merece ese esfuerzo, y el PP también lo merece, son 700.000 militantes. El hecho de que Rajoy no tenga demasiada madera de líder no debe tentarle a hacer lo mismo que Zapatero, que consiste en rodearse de zoquetes para disimular su mediocridad. En el PP hay muchos catedráticos y gente de campanillas, pero la situación merece un poco de generosidad por parte de todos, y por favor no hacer caso a predicadores ex-comunistas de las ondas, que les pega más hacer el payaso con Gomaespuma.
4.
conspicuo19/03/2009, 13:21 h.
Buen análisis, pero habría que añadir algo más.
Los seguidores del PP, permanentes o críticos, optan por una libertad de pensamiento mucho mayor que los de la izquierda. Deberían tenerlo en cuenta los responsable peperos, Quirós incluido. Con Aznar, con Rajoy, con Aguirre y con tantos otros dirigentes del PP se acostumbra a maltratar a los más leales, al tiempo que se olvida la importancia de conectar con los sectores de la sociedad civil [universidad, cultura, empresa, profesionales liberales] más afines a su pensamiento. Este olvido se transforma con frecuencia en verdadero desprecio, al tiempo que se "admira", incluso se mima, a personajes de la izquierda [la exquisita y la otra, sectarios todos] que nunca apoyarán al PP pero que no han dudado a aceptar sus favores durante las dos legislaturas que gobernó, la segunda especialmente desafortunada en este aspecto. Llegó inesperadamente el momento de pasar a la oposición, tras el bombazo del 11-M, pero seguimos igual: indiferencia, cuando no maltrato, a los más leales, además de amortiguar el discurso fundamental al que se pone sordina. Demasiado espacio para Rosa Díez, aunque venga de la izquierda.
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