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¿Derecho al aborto? (II)

ley del aborto

@Cristina Falkenberg - 14/03/2009

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Veníamos analizando el Informe de 17 de julio de 1995 de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, emitido con ocasión del Proyecto de Ley Orgánica de Interrupción del Embarazo el 7 de julio de 1995, muy similar al esperable actualmente.

Concluíamos que desde la concepción existía un tercero, el nasciturus, que sin ser persona aún encarnaba el valor fundamental de la vida humana. En expectativa de su nacimiento se crea una fingida condición de persona, a todos los efectos que le puedan ser favorables. Las situaciones interinas, de expectativa, son frecuentes en nuestro Derecho. El artículo 6.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil reconoce capacidad para ser parte al concebido no nacido, a las herencias yacentes…

Si algo deja perplejo es el bajísimo nivel jurídico-filosófico medio de nuestros pluriempleados legisladores. Tiremos pues de alguna iluminada mente que nos ayude a ubicar el debate. Y salta el nombre de Verdross uno de los filósofos del Derecho indispensables del S. XX.

Para él, “sólo podrá aprehender la naturaleza del Derecho quien entienda que el universo es un orden que tiene un sentido y en cuyo seno el Derecho tiene una tarea que cumplir”. Bien, pues ubiquemos el aborto en la realidad de una montaña de fetos; ubiquémoslo en los partos inducidos con posterior descuartizamiento usando, literalmente, un machete de carnicero. ¿Tiene usted algún problema, amable lector? Sí, llegado a este punto empieza a sentir horror y náuseas. Pues ahora, en esa realidad, ubiquemos el Derecho.

Esta semana este diario, precisamente por su pluralismo, suscitó un rico debate. El lunes McCoy titulaba su columna España se abona a la Antología del Disparate y amén de sus consideraciones económicas sobre el aborto, de una lógica aplastante, hacía un llamamiento a la necesidad de que el ordenamiento positivo no se desvinculase del Derecho natural, ese mínimo ético indispensable. También pedía que mirásemos la realidad.

Bien, pues Verdross nos viene que ni al pelo porque aunque el nazismo lo aparcó, fue un referente clave en la vuelta al Derecho natural de tradición estoica y cristiana tras la Segunda Guerra Mundial, ese que motivó la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948.

Con su visión global, Verdross integró el Derecho positivo con el natural, pues para el hombre era natural vivir en un orden jurídico nacido de unos valores preexistentes y que podían ser primarios, comunes a toda sociedad, o secundarios, dependientes de una cultura y momento. El puente entre el Derecho natural y la ley serían los principios generales del Derecho, nódulos de condensación de valores —García de Enterría— a la vez que normas vinculantes.

Huelga decir que la vida y la dignidad humana son valores primarios y ello desde Hesiodo y Solón hasta nuestros días.

En su artículo, D. Antonio Casado, Demagogia, que algo queda plantea, con enorme realismo, que a través un masivo fraude de ley, el aborto en España es ya libre. Reclama sin embargo que se creen las condiciones para que ninguna mujer se vea obligada a abortar y que llegado el caso pueda “interrumpir” —terminar— su embarazo “con plenas garantías sanitarias y jurídicas para ella y para los médicos”.

El problema es que es como pedir que el sol no brille pues hay comportamientos que tienden a dar ciertos resultados Y es una regla de Derecho que quien crea una situación de riesgo, debe estar dispuesto a soportar sus consecuencias. Él y ella.

La Sentencia del Tribunal Constitucional 53/1985, de doctrina plenamente vigente, optó por el conflicto de bienes jurídicos y el vencimiento de otros más fuertes sobre la vida del nasciturus para justificar su sacrificio. Pero no cabe debilitar los derechos del nasciturus hasta el extremo de que dependan “de una simple declaración de la mujer, no objetivable, no evaluable ni mensurable por criterios externos a su puro y simple arbitrio”, dice la Academia: esto es, sin que su sacrificio esté en absoluto justificado.

Es doctrina del Tribunal Constitucional alemán que “ha de hacerse todo lo posible porque la mujer siga con su embarazo y se abran las perspectivas necesarias para una vida con el hijo”, esto es, impone una obligación positiva a los poderes públicos… Y prosigue: “La mujer debe ser consciente de que la criatura… tiene derecho a la vida, y que por tanto una interrupción del embarazo solamente puede justificarse en casos realmente excepcionales…” Pero si como se pretende, no hay que justificar pugna alguna de bienes jurídicos, se darán —se dan, de hecho— abortos por las causas más aberrantes, como que no agrade el sexo de un bebé perfectamente sano o la pareja haya decidido separarse.

Si todo depende del deseo de la madre, ¿dónde queda el padre? En efecto, el citado informe de la Academia cita una interesante sentencia de la Corte Superior de Quebec de 1989 en que querido un embarazo, tras separarse la pareja el aborto se suspendió hasta que el padre no diese su consentimiento. Si la Constitución y el Código civil imponen obligaciones a los padres —mamá y papá—, es de justicia y sentido común que se tenga en cuenta la opinión del padre, obligado a atender a su hijo si la mujer decide tenerlo.

El titular del derecho a la vida es el nasciturus, por su propia existencia. Es de cajón de modo que sí, Sr. Quevedo, lleva usted razón en su artículo: las cosas tienen que ser congruentes. No es posible oponerse al sacrificio de la vida del peor criminal mientras se aplauda como un logro el que cualquiera por su capricho pueda disponer de una vida inocente. Pues siguiendo la regla de que quien puede lo más puede lo menos, si es legal terminar la vida del concebido, también se le deben poder causar lesiones, aún las más graves, por capricho y sin que sea delito (en contra de la Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de abril de 1995) pues éstas serán siempre menos que llegar a quitarle la vida por completo.

Conviene además recordar que la edad mínima para casarse en España son catorce años (artículo 48 del Código Civil); por tanto ¿no debería ésta ser la edad para decidir abortar sin necesidad de consentimiento paterno? Y podríamos seguir hasta los once, los doce años…

Quizá el remedio a la creciente cifra de abortos sea asumir las consecuencias de los propios actos. Si no existe el remedio fácil, la prevención se tomará en serio. La salud y los “derechos reproductivos” de las mujeres es de esperar que mejoren sustancialmente.

Bastante congruente, por cierto, con la idea de dignidad humana.

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Opiniones de los lectores (7)

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7. usuario registrado una misma15/03/2009, 11:48 h.

Y añado a lo que dice observando - si se admite una aberración en una ley, se podrá elaborar otra siguiente ley aún más aberrante que "progresará", "avanzará" sobre la anterior... y una tercera aún más disparatada basada en esa segunda norma y así en una infinita cadena de disparates que no acabará más que en completas desgracias.

La constitución de Weimar es frecuente hablar de ella como una de "democracia hasta el suicidio": de lo que hay que hablar es de "suicidio" por olvido de una parte fundamental del derecho POSITIVo cual son los prinicpios generales del derecho. Son como dice el artículo el enlace entre el derecho natural y las leyes escritas. Por eso informan todo el ordenamiento. Son normas vinculantes que no se pueden obviar por ninguna ley, reglamento, etc. El resultado de ignorarlos es que se llega a brutalidades como el nazismo o el estalinismo que no fueron el triunfo del derecho positivo sino el fracaso del mismo al mutilarlo privándole de su núcleo esencial, que son los principios que aseguran que leyes y reglamentos se desplieguen en un todo lógico y congruente con la idea de justicia = "hacer el bien en relación con los demás" [Aristóteles] = lo q el Dcho busca.

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6. usuario registrado observando15/03/2009, 11:18 h.

A jftamames [3] yo le diría que su punto de vista un tanto libertario, de que las leyes deben acoger los egoismos individualistas [según me ha parecido entenderle] por encima de cualquier otra consideración y cuanto antes, no puede tener acogida en un mundo social donde el Derecho, como cuerpo de leyes, a lo que ha de responder es a un sentir colectivo mayoritario. A un modelo de convivencia, salvando desde luego las garantías básicas individuales de un estado occidental democrático. El libre albedrío individual debe someterse a lo que la mayoría social considera conductas socialmente aceptables.

La perversión juridica en que a veces incurre el presente gobierno, está llevando a ideas confusas como la suya, como es forzar la creación o concesión de derechos individuales que muchas veces chocan con los principios generales o constitucionales, base de nuestro sistema legal. Puede que a quienes no entiendan lo jurídico les importe un bledo que algunas de las nuevas ocurrencias del gobierno, paridas en Leyes o Decretos Leyes [sin mayorías parlamentarias cualificadas], deban ser compatibles con nuestro Derecho en su conjunto, para evitar el caos y la inseguridad juridica.

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5. usuario registrado Luisaalv14/03/2009, 20:35 h.

Mágnifico par de artículos. De los mejores que he leído sobre el tema. Y me encanta que haga incapié en lo absurdo que es que se proteja tanto la vida de los asesinos, mientras se jalea que se mate a criaturas que no han hecho daño a nadie. Si yo puedo matar a mi hijo, a quien se supone que debo amar y proteger ¿por qué no puedo hacer daño a quien me lo ha hecho a mí y no es nada mío? Pero dije una vez, y lo mantengo, que los progres tienen una visión de la vida absolutamente salvaje y primitiva: sólo los fuertes [ya sean asesinos o alimañas de cualquier calaña, pero capaces de atacar] tienen derecho a vivir. Los débiles, o sin ninguna protección, deben morir sin que nadie se preocupe por ellos. Luego, como coartada, van de solidarios y presumen de proteger a cuatro marginados, mientras se preparan leyes para liquidarlos de mil en mil.

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4. usuario registrado observando14/03/2009, 19:49 h.

Buena segunda parte, Cristina. El asunto, desde el punto de vista filosófico y jurídico es clarísimo. Y también desde el científico. El aborto [llamado con desverguenza interrupción del embarazo] se realiza sobre una vida YA en proyecto y, por tanto, mata ese proyecto de vida. Claro que sin mirar a los ojos a ese niño que pudo ser, eliminándolo cobardemente, en total indefensión, puede parecer más fácil.

Los argumentos de su artículo son tan diáfanos, tan contundentes, que uno no se explica cómo se ha frivolizado politicamente tanto este tema, en total impunidad. Si muchas jóvenes mujeres de hoy quieren apropiarse el poder de la vida y de la muerte [a los demás no nos está permitido] es indecente y deshonesto el que algunos politicos -para nuestra desgracia, hoy en el gobierno- les sigan el juego solo por ganar votos. Porque el libre albedrío de la mujer para abortar no resiste el menor análisis objetivo, desde ningún punto de vista.

Y, como usted menciona, ¿qué pasa con el padre? A no ser que muchas de ellas ni sepan quién las dejó embarazadas, lo que explicaría algunas cosas. Pero ni eso supone fundamento alguno.

Esto es de locos.¿Cómo no se rebelan las propias mujeres?

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3. usuario registrado jftamames14/03/2009, 18:14 h.

Sus artículos desesperan, como los sesudos razonamientos de Valls. El abismo entre vida y derecho, entre vida y norma, es tan rádical que, desde tiempos de Primo de Rivera, desarrollamos por detrás de las demandas sociales, exclavizadas a ellas, normas y más normas, hasta convertir, como ahora vemos, el derecho en un laberinto sin sentido. La recuperación de la norma como Imperio de la Ley, garante de libertades, es necesario. Desde que la derechona y el socialismo pretenden se padres de todos lo que nos falta de moral lo desarrollamos en normas administrativas. Sus razonamientos siguen la necesidad de justificar sus prejuicios y por eso los usa sin meterse en materia. La posibilidad de que el aborto sea una realidad amparada por la ley y la sanidad, es algo que denota una enfermdad moral que no ataca: hemos perdido el sentido individualista, personal, de valor, de cada persona y nos hemos convertido en miembros de rebaños, de grupos, de grupetes, donde, lo único que nos une es vivir juntos para defender nuestros egoismos. La derechona y el socialismo, en su ingeniería social, en sus ideologías, han generado el despreció infinito por el individuo. Lo demás que me cuente, sobra.

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Soy abogado (Complutense) pero estudié también en ICADE y en el Middlesex Business School en Londres (E-4). Tengo un Máster en Economía Internacional y Management de la Università Luigi Bocconi (Milán). Mi tiempo libre lo dedico a las cosas más inconfesables como hacer Pilates y leer El Confidencial. Además, soy una absoluta convencida de que hay que recuperar el binomio 'civitas- libertas'.

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