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SALUD

Petting, volverse adolescente por una noche

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Rebeca Royo Ortiz. - 09/03/2009

Petting, volverse adolescente por una noche

Besos al rojo vivo, manos que buscan y encuentran, sexo oral y stop. Si quiere que sus relaciones sexuales no acaben -o sigan- siendo monótonas pruebe con el petting, porque volverse adolescente por una noche no está de más para variar nuestras costumbres de alcoba. En este juego cabe casi todo; besos, caricias, masaje erótico... Lo único que sobra es el coito en sí, la penetración.

 

Acabe o no en orgasmo, el petting es una práctica muy placentera, que gusta al hombre y encanta a la mujer. El componente de juego que le acompaña tiene una capacidad excitante olvidada, que los adolescentes que todavía no han descubierto la relación sexual completa conocen muy bien.

 

Si es hombre, pruebe a jugar con su chica sin olvidar ningún recoveco de su cuerpo. Como ya debería saber, el cuerpo de las mujeres no es como el suyo y el placer que ellas obtienen no procede de los mismos rincones. Su chica no requiere una estimulación sexual centrada en los órganos genitales; la extensión de sus zonas erógenas es infinitamente más amplia que la suya por lo que no intente un acercamiento rápido y directo si quiere disfrutar realmente del petting.

 

Si es usted mujer, puede jugar acariciando con su cuerpo la anatomía de su chico antes de llegar a su centro sexual, que seguramente comenzará a ‘llamarla’ antes de reparar en él. Pero tenga en cuenta que usted no es fisioterapeuta y que el juego no consiste en el masaje de los músculos, sino en el de los sentidos. Abra su mente e intente disfrutar del momento mágico en el que se encuentra.

 

Si ambos juguetean con los genitales del contrario, el placer y la excitación sexual desencadenados por la corriente de energías que se crea en torno a los cuerpos se lo hará pasar tan bien que quizá por un momento olvide su edad, su situación, sus responsabilidades... y le haga disfrutar del sexo como un quinceañero.

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