Dra. Alicia Hernández Salazar*.- 07/03/2009
El estrés social, laboral e, incluso, emocional en el que vivimos inmiscuidos es el causante de numerosas tensiones, que se acompañan generalmente de contracciones musculares innecesarias y perjudiciales. El entrenamiento autógeno puede ayudar a superar estas presiones cotidianas a través de la conexión con el sistema del descanso y la relajación (Sistema Nervioso Autónomo), permitiendo que el cuerpo se regenere por sí mismo tras alcanzar un estado de calma y tranquilidad.
Esta terapia, de orientación psicofisiológica ejerce su acción gracias a la activación de procesos naturales como la autorregulación y la neutralización de experiencias traumáticas.
Sus orígenes se remontan a los estudios del fisiólogo alemán Oskar Vogt sobre el sueño y la hipnosis a finales del siglo pasado, mediante los que llegó a descubrir una técnica de relajación que denominó ‘reposo autohipnótico psicoprofiláctico’, basada en la concentración en sensaciones de peso y calor en las extremidades.
Años más tarde, Johannes Heinrich Schultz, neurólogo y psiquiatra, demostró que el estado especial de conciencia inducido por estos ejercicios difería del hipnótico, ya que se caracteriza por un aumento de la amplitud mental, mientras que la hipnosis produce un estrechamiento de la conciencia.
Además, la práctica del método autógeno conlleva una creciente sensación de autonomía e independencia del terapeuta, lo que se opone a la dependencia creada por la hipnosis.
El descubrimiento del Dr. Schultz se basó en su extenso conocimiento de los cambios fisiológicos ocurridos durante la relajación profunda, tras observar que la mayoría de personas son capaces de alcanzar este estado tan sólo con el poder de su imaginación. Descubrió que es posible medir un aumento real de la temperatura en personas que imaginen un intenso calor en sus brazos, debido a un aumento del riego sanguíneo.
Ya en la antigüedad eran conocidos los métodos de relajación y autosugestión como, por ejemplo, el Yoga en la India o la meditación Zen en Japón, que parten del Satipatthana budista. Pero estos métodos apenas se alejan de sus respectivas doctrinas, que son la base de su eficacia.
En sus comienzos, fue de gran utilidad para el tratamiento de trastornos psicosomáticos y de ansiedad. Y, poco a poco, ha ido ganándose un papel importante en el tratamiento de síndromes de estrés, incluido el síndrome de estrés postraumático, trastornos severos de la personalidad y cuadros depresivos secundarios a experiencias de duelo y pérdida.
Su aplicación ha trascendido el campo de la medicina y, en la actualidad, se emplea también en deportes de competición, estrés laboral y entrenamiento de astronautas y personas que actúan en situaciones extremas. En niños, está indicado para superar problemas de miedo, falta de control, dolor o agresividad.
El entrenamiento autógeno básico requiere, generalmente, un aprendizaje en grupo, aunque puede ser necesaria la instrucción individual en algunas patologías, o si las descargas autógenas son muy severas.
El autoaprendizaje también es posible, aunque el necesario entrenamiento de la atención requiere generalmente la supervisión de un profesional especializado. Consta de seis ejercicios de meditación psicofisiológica o concentración pasiva en sensaciones: ejercicio de pesadez, de calor, de pulsación, respiratorio, de regulación abdominal (plexo solar) y de cabeza.
Es de vital importancia terminar las sesiones de práctica. La terminación estándar para regresar al estado habitual se realiza en tres etapas: estirar y flexionar los brazos, inspirar profundamente y abrir los ojos.
En la vorágine en la que vivimos, puede resultar muy provechoso tomarse un descanso para ejercitar la mente y descubrir esos eventos, cotidianos pero traumáticos, que quedan subliminalmente activos en nuestras conciencias, y que son el origen de dolores, tensiones o inquietudes. Más aún, si de esta forma somos capaces de influir en el comportamiento de nuestro organismo, brindándole un poquito de salud.
* Médico residente de Cirugía Oral y Maxilofacial, Hospital del Río Hortega (Valladolid).
NOTICIAS RELACIONADAS
nullPOST ANTERIORES
Las migrañas hacen perder entre 8 y 16 días de trabajo al año, unos 2.000 millones de euros
Los "campeones de lágrimas" que hacen 'ver' a los ciegos
La apología de la anorexia en Internet ha crecido un 470% en los últimos cinco años
Un centro español de cirugía de la obesidad, entre los quince mejores del mundo