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Periodistas, crisis y calidad de la información

periodismo crisis económica publicidad

Luis María González* - 05/03/2009

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Los periodistas son titulares de derechos singulares que tienen como objeto el derecho de los ciudadanos a la información veraz. Cabe suponer que nadie pone en duda el ejercicio de estos derechos, pero vayamos con cuidado. En ocasiones, la realidad acaba cuestionando la retórica de las leyes, aunque se trate de derechos amparados por la ley de leyes, la Constitución. La crisis económica y financiera no se para en detalles y se lleva por delante, en primer lugar, un modelo de crecimiento que hizo su agosto con la construcción de viviendas y que ahora suma parados con la misma facilidad que antes creaba empleo precario, y en segundo lugar, los puestos de trabajo de empresas y sectores, entre los que se encuentra la industria de la comunicación, que ha visto como aumenta el paro, a la vez que baja la calidad de la información.

 

Y entre otros damnificados de este progresivo empeoramiento de la situación económica y de las empresas de comunicación, los periodistas, quizás poco acostumbrados a las demandas colectivas desde su condición de asalariados y con frecuencia, ajenos al hecho sindical. Grandes y pequeños medios de comunicación en todos los soportes reducen plantillas y adelgazan su estructura de negocio -siempre hay honrosas excepciones- para enfrentar la crisis que, en el ámbito de la comunicación, tiene nombre propio: publicidad. La acusada y sostenida caída de los ingresos comerciales, sobre todo de los publicitarios, empuja a los medios de comunicación a reajustar la producción vía costes laborales, como cualquier empresa del metal. Ya nadie se acuerda de aquel oficio de culto, siempre respetado, a menudo endiosado y que, incluso cuando perdía el empleo, lo hacía con certificado de distinción. Se acabó la fiesta: en el segundo semestre de 2008, los informadores registrados en los Servicios Públicos de Empleo se acercaban a los 7.500, y en estos dos primeros meses de 2009, la cifra no ha hecho más que crecer.

 

Menos empleo, peor periodismo

 

Algunas asociaciones profesionales hablan de parar “esta sangría destructiva”. Y justo es reconocer este cambio de prioridades en su agenda de trabajo, que puede y debe propiciar la convergencia de la acción sindical y profesional. Comparto la denuncia de quienes vinculan la notable pérdida de empleo en la industria de la comunicación a la progresiva devaluación de la calidad de la información. Pero es que además, algunos grupos empresariales, de larga tradición y solera, no dudan en acudir a todo tipo de artimañas y atajos para salir del atolladero de la peor manera posible. Cuando arrecia el temporal de la crisis, ponen su punto de mira en el capital humano, al que someten a una doble agresión: el despido y la precariedad. Para “sanear” la cuenta de resultados reducen plantilla y si más tarde necesitan responder a la demanda informativa de la realidad, incrementan la precariedad de la contratación. Los periodistas y la calidad de la información, son sus víctimas. Y como la tentación siempre viene del dios dinero, gestores y accionistas de los grandes grupos mediáticos prefieren repartir dividendos y salir corriendo, incluso en tiempos de beneficios a la baja y economía en recesión, que invertir en la viabilidad futura de sus empresas, en el mantenimiento del empleo y en preservar una información digna y de calidad.

 

No quiero perder de vista, la afición de ciertos grupos de comunicación por la  segregación empresarial. No hace tantos años que programaban fusiones y grupos multimedia por doquier. Ahora, ambicionan la segregación de secciones y departamentos en medio de una orgía de reestructuraciones empresariales. Los ideólogos de la macroempresa de ayer son los mismos que hoy predican  ámbitos familiares de trabajo, descontaminados del endemoniado espíritu reivindicativo de la gran empresa. Y si la cosa no se arregla con la segregación, porque, por ejemplo, la respuesta sindical se lo impide, ponen en venta empresas audiovisuales que antes daban prestancia al grupo y en este momento solo pérdidas. Pero, que no se olvide el dato, los gestores del desastre son los encargados de echar a las víctimas.

 

Sea como fuere, asistimos a un deterioro sin precedentes del producto informativo y a la devaluación de un oficio, en su día santo y seña de la ciudadanía democrática. Puede resultar un lugar común, pero no sabría precisar si la mala salud de la democracia  provoca el mal periodismo, o al revés. La complicidad de la política y la información, la cada vez mayor proliferación del periodismo de trinchera y la falaz idea del informador objetivo en sustitución del periodista honesto, nos acerca al despeñadero.

 

Algo parecido a un pacto

 

Cierto que no todos son, somos, igual de responsables. Propietarios, gestores, accionistas, editores y administraciones públicas ocupan un lugar de honor en este desbarajuste de la empresa informativa en España. Pero nadie puede esconder la cabeza bajo el ala. Los sindicatos más representativos en el sector y en el país, como es el caso de CCOO, tienen que ponerse las pilas –me consta que están en ello- y asumir el liderazgo junto a las asociaciones profesionales, colegios y universidades para reorientar el rumbo de la industria informativa. Los primeros y los segundos tienen que elevar la mirada para no confundir valor y precio. La información es algo más que un producto en el mercado o mera propaganda partidaria. Es una actividad de interés público que merece la atención y el cuidado de todos. Sindicatos y patronal, y solo ellos, son los encargados de regular en convenio colectivo las condiciones de trabajo de los asalariados de las empresas informativas. Pero unos y otros tienen que contar con instituciones académicas y profesionales para encontrar con urgencia una salida a este embrollo, una alternativa que fije prioridades: salvar el mayor número de puestos de trabajo, preservar, en la medida de lo posible, la calidad de la información, y recuperar el oficio de periodista, la honestidad del informador, frente a tanta basura mercantil y/o propaganda partidaria.

 

*Luis María González es periodista, coordinador de la Secretaría de Comunicación de CCOO.

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Opiniones de los lectores (6)

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6. usuario registrado russell brown05/03/2009, 16:16 h.

Una de dos, o los autollamados periodistas no pueden expresar su conocimiento o hay solo un par de docenas de periodistas.

Creo mas bien lo primero, pero tampoco se ve el trabajo de los capaces en ninguna parte, aunque sea con seudonimo.

Desde Larra o quizas antes es una profesion de la que es dificil sacar lentejas.

Nosotros, los lectores estamos tan alienados como ellos. La mierda informativa, la porqueria de redaccion, la capacidad ausente de sintesis y en su caso de analisis, para rematar el desconocimiento basico de la gramatica, la sintaxis y la estructura de una INFORMACION son la secuencia obligada en la mayoria de los sueltos, articulos, informes con y sin firma de nuestra poblada pleyade de juntaletras.

Ser outsider o sindicado es una faceta de un plano distinto: la cobranza, la afiliacion, el sometimiento y la prostitucion.

Aprendan el idioma, el lenguaje, la expresion, la redaccion y la capacidad de describir los hechos.

Masajear los bajos a los politicos y capitostes puede ser muy productivo, pero no tiene que ver, absolutamente nada que ver con la profesion.

Eso es otra cosa distinta. Tan distinta como un trabajador y un sindicalista.

Agua y aceite.

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5. usuario registrado FernandoFF05/03/2009, 14:55 h.

Los medios de comunicación se han motivo demasiado alegremente en los años de bonanza de la publicidad, siguiendo los excesos cometidos en otros sectores consumistas y de la construcción. Ahora la burbuja estalla.

Pues en un mercado libere y global, que cada palo sostenga su vela, con los vientos que soplan. Y los trabajadores del sector han tenido las mismas oportunidades que todos lso demás de sindicarse. Si no lo han hecho, pues ahora a atenerse a su decisión pasada.

No hay que olvidar que los medios de ocmunicación quizá se hayan confiado demasiado en sus parcelas conquistadas, olvidando los cambios tecnológicos que se han venido imponiendo.

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4. usuario registrado información o poder ...05/03/2009, 13:36 h.

Es un artículo escrito desde un ‘mundo feliz’, su autor no debe trabajar en una empresa sujeta a la oferta y a la demanda, de un sector cualquiera, donde un trabajador no es ‘bueno’ en su trabajo porque la empresa sea ‘buena’.
No soy periodista, pero me parece un análisis ofensivo para los periodistas que no se crean ‘seres superiores’ y titulares de 'derechos singulares' [sic].
Como bien dice el comentario 1, hay crisis para todos los niveles y sectores, aunque en este momento preciso, NO la hay para los sindicatos [http://lasclasesmedias.blogspot.com/].
Sinceramente, no creo que los ciudadanos necesitemos que nos indiquen cuál es la información de calidad que necesitamos: y un buen ejemplo de ello es este medio en el que escribimos opiniones después de leer información y opinión exigente.
La publicidad, en el modelo económico en el que vivimos [y en el que ya quisieran trabajar TODOS los periodistas perseguidos en países donde no hay libertades] es el mejor de los indicadores de éxito de los medios porque depende directamente de las decisiones individuales de sus clientes de leer, comprar, generar tráfico web y anunciarse, en un escenario competitivo real sin subvenciones.

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3. usuario registrado VICENT05/03/2009, 13:19 h.

MUCHOS NO ME DAN NINGUNA PENA
¿Porque? Porque con su contribución a la difusión de la propaganda oficial, son en parte responsables de la crisis que los ha llevado al paro. Para curar un mal, lo primero es reconocerlo. Aquí hasta hace cuatro días no se ha reconocido la crisis. Estamos desde hace dos años en crisis, y el Gobierno hasta hace cuatro días ha estado gastando alegremente, claro ¡como no hay crisis!.
He tenido experiencias muy desagradables con algunos periódicos. El periódico Mediterraneo de Castellón retiró un comentario mío en internet de una noticia sobre el paro, dos días antes de la Elecciones Generales de 2008. Estuvo dos horas y luego alguien lo retiró. Lo único que dije es que muchos analistas internacionales coincidían en que España había entrado en crisis, y que el Gobierno nos estaba engañando. No insulté a nadie, lo prometo. Solo dije la pura verdad, que muchos socialistas reconocen ahora. Hace unos días al pasar frente al edificio de ese periódico, había una manifestación de sus trabajadores, porque El Mediterraneo quiere hacer despidos por la crisis. Que le echen la culpa al petroleo, Bush o Aznar, pero a la calle irán.

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2. usuario registrado m jesus05/03/2009, 10:18 h.

La publicidad se reduce al mínimo, los ingresos también y además, la presión del gobierno para seguir una línea que les favorezca, aumenta.
Consecuencias. Se mira la poder en busca de ayuda, se presiona al trabajador para que siga una determinada línea , y esa línea, nunca es crítica con quién le da de comer.
Consecuencias, el ciudadano desinformado, dirigido, equivocado. El gobierno, en lugar de tener vigilantes, tiene propagándistas que se dedican a ensalzar lo que no es, y en tapar lo que es.
Crear bondades y ocultar fracasos.
Por eso, la inseguridad laboral en este sector, va en proporción directa, a la falta de objetividad de la información, al engaño.
Las segundas víctimas, somos los ciudadanos.El mayor beneficiado, es el que tiene el poder. Como paradoja, la crisis le favorece en lugar de gastarlo y perjudicarlo. Le pone muchas bazas en la mano , puede permitirse cometer más errores o abusos y producir más pobreza.
Todo un círculo vicioso.

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