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Agustín Rivera 28/02/2009
El miércoles lo pasaría mal, muy mal, con la derrota del Real Madrid frente al Liverpool. Cuando hay partido merengón no se lo pierde. Pero su venerada pasión es el cante flamenco. Ante todo el arte del dios Camarón de la Isla.
A José Manuel Martín Alba, 55 años, nadie le conoce en el pueblo como José ni como José Manuel. Para los 2.500 habitantes es Pepe. O Pepe Caleyo, en su faceta de cantaor por alegrías, soleás y fandangos. El Festival de Flamenco de Alcaucín, que se celebra en el pueblo que gobierna desde hace 18 años (tras cinco victorias consecutivas por mayoría absoluta), es el gran acontecimiento del municipio de la sierra de la comarca de la Axarquía, a 15 kilómetros de la costa. Por el festival han pasado artistas como José Mercé.
En un recinto al aire libre, en pleno mes de agosto, Pepe Calayo exhibe sus dotes de cantaor (“No lo hace mal, se defiende bien, pero no es un profesional, le falta calidad”), cuenta a este diario un periodista especializado en flamenco. Encima de la tarima, auxiliado por el guitarrista y el micrófono, Pepe Caleyo se transforma y se olvida de las licencias municipales y las reuniones con promotores y arquitectos. Un arte que no pasó desapercibido para la Junta de Andalucía, que lo ha destacado como uno de los “hombres ilustres de Alcaucín” en la web de la red telemática Averroes, dependiente de la Consejería de Educación.
Martín Alba, que se dedicaba antes de la política a la albañilería, es una persona a la que le gusta el trato directo con sus vecinos, algo en lo que coinciden hasta sus contrincantes políticos, como Domingo Lozano, concejal del PP en el municipio. Se demostró ayer. A las 12.10 de la mañana salía de su casa de la calle Alta rumbo al Ayuntamiento, una treintena de vecinos le aplaudía y alguno gritó: “Pepe, ¡te queremos!”.
Casado y con dos hijas, detenidas en la operación Arcos, que viven también en Alcaucín, cobra entre 1.800 y 2.000 euros brutos mensuales. Y al igual que dos tenientes-alcaldes (Manuel Ramírez y José Luis Guerrero), tiene dedicación exclusiva al Ayuntamiento. Su gestión no sólo ha sido celebrada por la Junta de Andalucía, sino hasta por una Orden caballeresca. El pasado 4 de diciembre Martín Alba recibió el título honorífico de Real Caballero de la Orden del Honor de Realeza. Fue en un solemne acto celebrado en el Ayuntamiento de Alcaucín.
Martín Alba también fue condecorado con la Espada del Honor. ¿Motivo? “Por su labor encomiable al servicio de los ciudadanos y por haber gobernado de forma ejemplar el municipio desde 1991”. La sede principal está en Marbella, otra ciudad que junto a Estepona y Alhaurín el Grande, representa el cuarteto de cámara de la corrupción en la provincia de Málaga.
“El pueblo ha crecido un montón, demasiado. Si hay crecimiento tiene que ser organizado”, relata a El Confidencial Domingo Lozano, concejal de Alcaucín por el PP. “Yo no deseo a nadie malo”, prosigue, “ojalá no sea nada, pero la imagen del pueblo siempre queda degradada y eso lo pensamos todos”. Lozano, de 53 años, que regenta un restaurante en una pedanía de Alcaucín, cobra 40 euros por asistencia a pleno. El año pasado ganó 280 euros y esa cantidad se la dio al partido. “A los que nos gusta la política nos cuesta dinero la política”. Esa misma política que enganchó el alcalde Martín, Pepe Calayo, el que compatibiliza la poltrona y el cante. Y ahora, también, la presunta corrupción.
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