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La solución surrealista

crisis solución José Luis Rodríguez Zapatero

José Luis González Quirós - 25/02/2009

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Un libro de Dominique Noguez ha puesto sobre el tapete las relaciones entre Lenin y el dadaísmo. La crítica virulenta contra la burguesía, el internacionalismo, la exaltación de la minoría de vanguardia, el colectivismo y la agresividad son algunos de los caracteres comunes a Lenin y a Tzara que, al parecer, no anduvieron lejos físicamente hacia 1916. Por encima de la broma que haya podido idear Noguez, las analogías son verosímiles y se me ocurre que, por tanto, hay pie suficiente para subrayar la vocación surrealista del socialismo que tanto y tan amablemente nos divierte.

 

El surrealismo sirve al PSOE de cobertura en una serie de frentes nada menores. ¿Cómo se ha podido aplaudir a Fernández Bermejo desde las bancadas del Parlamento tras haber dicho, con auténtico garbo, “¡pues claro que no dimito!”, si no se es seguidor de André Bretón, y se toma a chacota la seriedad y seriamente cualquier gansada? Todo el ciclo de caza garzoniano-bermejiano, caza legal, real, ilegal y metafórica, ha parecido un disparate escénico de Jardiel Poncela, una comedia inacabable con su ambulancia y todo. Pero que nadie crea que se trata de un caso aislado. Pepiño Blanco, que, como Guerra, es hombre de tablas, ha echado nada menos que a Aznar la culpa de que Endesa haya hecho un recorrido genuinamente da-da yendo a parar finalmente a manos del Estado italiano. En una performance digna del surrealismo más exquisito, tan afinado como el que emplea en sus no escasas declaraciones, la ministra de Fomento se ha ido a Siberia para ver si se pueden introducir aquí las medidas contra el frío extremo que son comunes en la estepa rusa. En Galicia, tierra de meigas y otras extravagancias subreales, el señor Touriño atiende a los periodistas sin contestar sus preguntas.

 

Pero la cumbre del surrealismo, dejando al margen la declaración de Zapatero de que no puede dormir pensando en los parados, tal vez esté en el deseo del señor Solbes de imitar a Fernández Bermejo en su condición de ex miembro del Gobierno. Resulta que los españoles estamos ante la  peor crisis de nuestra historia reciente y el vicepresidente responsable de la política económica  se dedica a las sutilezas, a mostrar cómo los desastres predictivos, la absoluta convicción de que no se puede hacer nada y el lento desangrarse de nuestra economía no le han hecho perder el brillo de su ingenio.

 

España, ese viejo país ineficiente según Gil de Biedma, está en manos que prolongan sus tradiciones más necias, pero nada parece conmovernos. Son muchos los que piensan que la izquierda ha traicionado a la Nación, a sus ideas y a su moral, pero ahora está traicionando su estética en la medida en que se cisca en la herencia ilustrada y renuncia a acabar con la España de charanga y pandereta que supuestamente iba a borrar de la faz de la tierra. Cuando se ve la televisión andaluza o las fotos de la cacería y la adhesión incondicional al ex ministro, se experimenta un retroceso intolerable en el túnel del tiempo.

 

No me refiero solo a la gestión. Hay algo más preocupante aún, que es el clima moral de apartheid en el que se ha querido colocar a una oposición perfectamente legítima, aunque muy desconcertada. Un dramaturgo exiliado, José Ricardo Morales, le hace decir a su Don Juan en Amor con amor se paga, que España es una suma de intolerancias; pues bien, ese retrato sigue siendo el nuestro, un clima en el que cualquier democracia estará siempre en riesgo de demolición, y este Gobierno no ha hecho nada por acabar con esa grave limitación de nuestra vida pública, seguramente porque cree que se le saca mayor renta al espectáculo cómico-taurino que al rigor y a la paciencia.

 

Felipe González se ganó una inmensa confianza el día que dijo en la televisión aquello de que el cambio consistirá en que España funcione. No creo que ZP se atreviese a repetir nada ligeramente similar al frente de un Gobierno tan fuera de lugar. Ante la estupefacción general, el Gobierno se comporta como el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, y pone cara de que se dispone a arreglar cualquier cosa que parezca un poco desquiciada, lo mismo sea la Justicia que los crímenes junto al Guadalquivir. De manera renqueante, se confirma en un populismo estéril porque seguramente confía, como lo hacía el propio Lenín, en que  cuanto peor, mejor.

 

La oposición no sale mucho mejor parada en este cuadro, entre otras cosas porque a sus electores, y a muchos ciudadanos con la cabeza en su sitio, les resulta insoportable que se cometan tantos errores como para no aventajar a cómicos tan chapuceros. El PP ha sabido defenderse con rabia cuando se ha encontrado al borde del abismo, pero tiene que demostrar que sabe y pude emplear esa misma energía para defender no su buena fama sino el bien de todos, y eso está por ver. Tras una especie de impasse a la espera de unos resultados que no satisfarán a nadie, vendrán las europeas. Entonces será el momento de cambiar el rumbo y, seguramente, de tripulación.

 

Juan Luis González Quirós es autor del blog www.pormiquenoquede.com

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Opiniones de los lectores (4)

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4. usuario registrado manoto25/02/2009, 13:22 h.



Estimado Sr GzelzQuiros:
Tenemos "lo" que "nos" merecemos y como decia aquel zorro de Churchill,cada pais tiene lo suyo.La España "cañi" no es de hoy,viene de muy atras,desde la picaresca-mientras los alemanes hablaban de la Reforma-aqui jodidos pero contentos y al quedios
se la dio que sanpedro se la bendiga.

Mientras nuestro relativistaRouco,durante los pasado 4 años aguanto al mamporrero de PJR,JLS,dando estopa fina al juez y fiscal del 11M,mientras las familias lloraban sobre la sangre de sus victimas,habia mucho personal,tambien entre los "opinadores"pagados de EC y como no de sus foreros,complementando el ambiente de crispacion generalizada de la España siempre Cañi.

Ahora,la crisis del nunca acabar la "tiene" que por poder por sistema por eficacia,ponerla en marcha los Estados Unidos del Sr. Obama y solo la Sra Merkel podra decir "con rigor" lo que NOS interesa a TODOS LOS europeos.Los españoles,como siempre ni chichanilimonaaaaa,y menos mal que tenemos colocados a dos españoles entre los que cortan el bacalaooooooo en Bruselas,por antiguedad y sapiencia,primero Solana y despues Almunia.

Pues que quiere que le diga,no andamos tan mal,con la peineta y el bolero de Rabel

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3. usuario registrado Martes Carnaval25/02/2009, 09:53 h.


[3]

[Continuación]

Se emprenden batallas sin mucha necesidad y justificación contra el principal partido de la oposición, contra la Iglesia, contra la carcundia, contra la España eterna, contra las señas de la identidad española

Si nos fijamos todas estas características lo son de una inmadurez crónica, es decir de un infantilismo. La enfermedad del zapaterismo rampante y ramplón se puede llamar, también "infantilismo".

Un abrazo.

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2. usuario registrado Martes Carnaval25/02/2009, 09:49 h.


[2]

[Continuación]

En mi opinión el populismo, que se caracteriza por:

1 ] La frivolidad.

Se da valor a las cosas mientras que obliguen a implicarse de verdad en ellas.

2 ] La desideologización.

Se busca suscitar sentimientos de aceptación amplia mediante declaraciones y actuaciones que se envuelven con una ideologización muy débil y superficial aunque insistentemente proclamada.

3 ] El cortoplacismo.

Se busca obtener presuntos beneficios sociales a corto plazo con una finalidad propagandística. Política de primeras piedras, que no de últimas; de declaraciones grandilocuentes sin traducción material; de promulgación de leyes de imposible cumplimiento por falta de dotación.

4 ] La impostura.

Con el fin de buscar la identificación con el elector y contando con una endeble opinión pública se intenta colar cualquier mentira y hacer pasar por creíble el mayor histrionismo.

5 ] La confrontación.

Se trata de representar el papel de partido “mocín” y no se desprecia ninguna batalla.

[Continúa]

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1. usuario registrado Martes Carnaval25/02/2009, 09:47 h.


[1]

Querido José Luis:

Hablando de Lenin… con el fin de combatir las ideas del Partido Comunista alemán, de un sector del Partido Comunista holandés y de un sector de su propio partido [el Partido Bolchevique] que propugnaban la abstención en las elecciones sindicales y parlamentarias para no fortalecer las instituciones burguesas, Lenin escribió en 1920 "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo".

¿Cuál es la enfermedad crónica de nuestra pretendida socialdemocracia?

[Continúa]

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