TENDENCIAS
Campanini, Ayora, Aconcagua, Alpinismo
Pinche para ver el vídeo de la polémica ocurrida en el cerro del Aconcagua, el pico más alto fuera de Asia.
@Carlos Matallanas.- 21/02/2009
“Ni siquiera el alpinista más experto, en la senda más sencilla y con las condiciones climatológicas más favorables está libre de sufrir un accidente. El riesgo cero no existe”. Esta ley máxima de la montaña es la que convierte al alpinismo en uno de los deportes extremos por excelencia. Pero tan verdadero es su significado como desconocido para la gran mayoría de mortales. Sólo así puede explicarse el revuelo mediático, y la posterior polémica, que ha levantado esta semana la emisión de un vídeo donde se veía a miembros de una unidad argentina de rescate minutos antes de abandonar, aún con vida pero gravemente herido, al guía Federico Campanini en el cerro Aconcagua (6.962 metros), donde moriría horas después.
Al ciudadano de a pie le parece incomprensible la actitud de esos expertos montañeros que acudieron a rescatar a una persona herida para terminar dejándola en la montaña. Analizado desde ‘aquí abajo’, pasando estos hechos por el tamiz de la conciencia urbanita, cívica, y de los principios que inspiran las leyes que nos rigen, es evidente que la polémica está servida. Pero el análisis es mucho más complejo. A 7.000 metros de altura sólo impera la ley de la Montaña, tan sencilla y cruel como sólo la naturaleza puede llegar a ser. Para aquellos que la conocen bien, estos hechos le son familiares y tratan de explicarlos sabiendo que son poseedores de la razón, aunque también conociendo de antemano que no son entendibles si no se ha subido nunca a la montaña.
Así de tajante se muestra al respecto el teniente coronel del Ejército de Tierra Alberto Ayora. Este experto alpinista, miembro del Grupo Militar de Alta Montaña de las Fuerzas Armadas, es de las voces más expertas para analizar un caso como el de Campanini. Durante sus más de 20 años de actividad docente se ha centrado en propagar una cultura de prevención de riesgos en la montaña. Todos sus conocimientos al respecto los ha volcado en un libro que está causando sensación entre los aficionados al alpinismo y demás actividades al aire libre. En Gestión del Riesgo (Desnivel Ediciones. Madrid, 2008), Ayora trata de cubrir el inexplicable vacío existente en la prevención de riesgos en la montaña. Y del sensato análisis que hizo para El Confidencial de lo ocurrido en el Aconcagua se desprenden varias conclusiones totalmente opuestas a las que han levantado tanta polémica.
Ayora, colaborador habitual del programa de TVE Al filo de lo imposible, habla del rescate fallido de Campanini siempre desde la precaución porque “yo no estaba allí”. Pero precisamente él sabe mejor que nadie que una desgracia de este tipo siempre ocurre por una concatenación de desgracias. El teniente coronel ha mantenido conversaciones con personas que se encontraban en el campo base cuando ocurrió el fatídico desenlace el pasado 8 de enero. Gracias a ello, aporta datos y opiniones que ayudan a comprender por qué un grupo de expertos alpinistas decidieron abandonar a un moribundo.
Un edema cerebral no detectado a tiempo
Campanini era el guía de un grupo de ‘clientes’ italianos. Poco antes de llegar a la cumbre del Aconcagua, por la ruta más habitual de acceso a la misma, este alpinista de 31 años comenzó a sufrir los síntomas de un edema cerebral debido al llamado ‘mal de altura’. El andar errático y decir frases incongruentes o absurdas son de los síntomas más evidentes de que se está padeciendo un edema cerebral. Actúa muy rápidamente y comienza a ser peligroso si no se desciende de forma inmediata.
Como nadie de los que le rodearon en esos momentos tenía la experiencia necesaria y uno mismo es difícil que se dé cuenta antes de que comience a aturdirse, Campanini siguió subiendo, guiando al grupo, hizo cumbre, se desubicó por los síntomas y comenzó a bajar por la ‘Ruta de los Polacos’, donde, descendidos 400 metros, fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y viento. Entonces, acudió el grupo de auxilio compuesto por dos policías y cuatro alpinistas que lograron rescatar a la mayoría de la expedición salvo a una mujer de 38 años que murió antes de que llegasen y al guía de la misma, a quien encontraron en un estado muy delicado, sin poder siquiera ponerse de pie.
Los socorristas subieron en 24 horas cuando lo normal hubieran sido tardar tres días. “Es un ascenso de urgencia, con el mínimo de peso y sin la aclimatación que es recomendable ir haciendo según va subiendo la altura y reduciéndose el oxígeno del aire. En el fondo, es una heroicidad”, puntualiza Ayora, quien tras ver el vídeo justifica así algunos detalles que le sorprenden de la actuación de los rescatadores. Lo principal era llevar “medicinas, oxígeno y una camilla” pero una vez allí y sin esos elementos, el desenlace fue el que decidieron seis expertos al verse incapaces de salvarle la vida al herido. Las condiciones eran tan extremas que se tardó 20 días en poder subir a por el cadáver. Además, para regresar debieron volver a la cumbre (ascendiendo 400 metros, lo que hubiera acabado rápidamente con la vida de Campanini) para luego descender por donde habían subido.
Cuando descendieron, al grupo de rescate le llovieron las críticas. La familia pidió una investigación, y hace unos días, unos desconocidos entregaron al abogado de la misma estas imágenes. Ayora recuerda que estas cosas ocurren habitualmente en una actividad con uno de los índices de mortalidad más alto del deporte. En un estudio llevado a cabo con escaladores británicos en ascensiones de picos de más de 7.000 metros durante el periodo comprendido entre diciembre de 1968 y diciembre de 1987 la probabilidad de muerte se estimó en 4.3%, tal y como publicó la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo).
Precisamente este organismo ha elaborado un código que rige oficiosamente la actividad. Las agencias de viaje que organizan las expediciones toman estas directrices como norma para avisar a unos deportistas que no tienen otra manera de hacer carrera que el camino que le guíen sus propias inquietudes y retos personales. Se trata de aprender de los errores y de las situaciones donde se ven desbordados, siempre que estos no sean lo suficientemente graves y no se los lleve por delante. Para los montañeros, el que se decide a subir es plenamente responsable de sus actos y consecuencias de los mismos, y el objetivo último es ser autosuficiente.
Ausencia de legislación eficiente
De esta realidad nace el interés de Ayora de concienciar sobre la prevención de riesgos. Usa para ello un tono ameno y narra multitud de vivencias extremas que le deparó el alpinismo, algunas de ellas tan trágicas como la de Campanini. Por eso su libro es de tanta utilidad. Ayora advierte que desde que fue publicado le han llovido los elogios de colegas y expertos. Incluso ha recibido la enhorabuena y el agradecimiento del padre de un alpinista muerto en la montaña y que le ha aconsejado que lo convierta en un manual de obligatoria consulta entre los montañeros. Ayora no entra en evaluar la labor del grupo de rescate porque “desconozco su actividad”, pero sí asegura que un altercado similar a este ocurrido en España encontraría la respuesta más eficiente que sea posible por parte de los encargados de realizar el rescate (Guardia Civil, Bomberos, Ejército o Policía, según quién tenga las competencias en cada región).
Y es que no hay legislación de ningún tipo para regular la actividad alpina. Ayora, experto también en Derecho de la Montaña, afirma que cualquier juez sólo puede analizar y dictar sentencia de unos hechos como los acaecidos en el Aconcagua atendiendo a dos premisas: ver si el accidente fue previsible y si pudo ser evitado. Para ello, pedirá un informe pericial a expertos en alpinismo, que son los que de verdad han estado en la montaña y conocen su ley. De ahí decidirá si es justo sentenciar a estos seis hombres a los que se les acusa de “abandono de persona” y “omisión de auxilio”. Los expertos harán hincapié en la concatenación de desgracias. Con eso, ‘aquí abajo’, el juez dictará su ley. Pero la Montaña ya dictó la suya quedándose para siempre con Federico Campanini.
Opiniones de los lectores (8)
8.
Montañero»21/02/2009, 14:45 h.
Y una última valoración, esta vez sobre el comentario nº3 de "eñe" que dice: "Es él o yo y ahí amigo, se acabó la historia"
No todos pensamos así. Yo personalmente en una situación de ese tipo diría "Somos dos. O bajamos juntos o morimos juntos". Ningún juez "de aquí abajo" puede obligarme a hacerlo, pero hay un Juez "ahí arriba" que me está mirando y ya dejó dicha su Ley "ama al prójimo como a tí mismo".
En el caso del Aconcagüa ya he dicho que ningun juez "de aquí abajo" puede condenar al grupo de rescate, pero si hubiera sido yo... hubiera bajado corriendo a por la camilla y resto del equipo para bajarle y hubiera vuelto a subir, fueran cuales fueran las condiciones climáticas... y quizás hubiéramos muerto todos, no digo que no. Pero lo haría por obediencia a la Ley "de ahí arriba", nunca porque me considerara obligado por una ley "de aquí abajo".
Pido disculpas por el tamaño del mensaje, es la primera vez que escribo uno.
7.
Montañero»21/02/2009, 14:31 h.
Corrí cuesta abajo sin saber hacia dónde me dirigía, pues la ventisca nos había perdido. Pensé que me iban a estallar el corazón y los pulmones, pero tras una hora y media llegué a un pueblo [era Peguerinos], al primer lugareño que encontré con coche le expliqué la situación y salimos escopetados por la pista.
Cuando llegamos al lugar en que se encontraba mi amiga ya era de noche. Estaba llorando y muerta de miedo. Si no la hubiéramos rescatado, no habría sobrevivido al frío hasta la mañana. Cuando volvimos al pueblo y tras entrar en calor con un caldito llamé de nuevo al 112 desde una cabina.
"¿Son los que estaban lesionados en Cueva Valiente? ¿Ya están a salvo? Fenomenal, quito el aviso para que les recojan y damos por concluido el rescate con éxito. Muchas gracias por llamar".
Así fueron las cosas.
6.
Montañero»21/02/2009, 14:23 h.
Éramos dos, una amiga y yo. Tras hacer cumbre, en la bajada comenzó una ventisca; no se veía nada y perdimos el camino. Al ir campo a través, mi amiga rompió una de sus botas al cortarla con una roca, separando bota y suela; tratamos de seguir andando pero a los pocos minutos se torció el tobillo. Ya no podía caminar y yo no podía llevarla a cuestas [pesaba lo mismo que yo]. Apoyándose en mí llegamos al margen de una pista forestal. Eran las 13:00h.
Contactamos vía telefóno móvil con el 112; les indicamos nuestro problema, dimos nuestra posición [había a pocos metros un mojón en la pista] y solicitamos que subiera un vehículo para transportar a mi amiga. Nos dijeron que en seguida lo enviaban.
Esperamos tranquilamente, sin preocuparnos. A las 15h. volvimos a llamar, un poco preocupados; y a las 15:30, y a las 15:45, y a las 16:00,... la respuesta siempre era la misma "Ya hemos dado aviso y en breve subirá alguien". A las 16:30 agotamos la batería de nuestro teléfono. A las 17:30 tomé una decisión: "No van a subir. Quedan unas 2 horas de sol. Quédate mi equipo, voy a echar a correr pista abajo hasta que encuentre ayuda. Volveré a por tí."
[sigo]
5.
Montañero»21/02/2009, 14:13 h.
La conducta del grupo de rescate es perfectamente legítima. En la alta montaña no puedes cargar con un "peso muerto", y nunca jamás para subirlo; todavía hacia abajo podría intentarse, muy despacio y con unas buenas fijaciones, pero en el caso que nos ocupa debían subirlo primero. De haber intentado llevarlo lo más probable, más bien con toda seguridad,es que hubiera ocurrido un accidente en el que hubiera fallecido no sólo el herido sino alguno más de los rescatadores. Ningún juez de "aquí abajo", como dice el periodista, puede condenarles.
Pero lo que realmente quería comentar es la respuesta de Ayora, que como digo es un gran especialista pero creo que en esta ocasión se equivoca: "asegura que un altercado similar a este ocurrido en España encontraría la respuesta más eficiente que sea posible por parte de los encargados de realizar el rescate [Guardia Civil, Bomberos, Ejército o Policía, según quién tenga las competencias en cada región]. " Desgraciadamente, esto no es cierto, y hay que decirlo. Tuve una experiencia muy desagradable en "Cueva Valiente", Sierra de Guadarrama, entre Segovia y Ávila, hará unos 5 años. Subíamos el pico en invierno, totalmente nevado.
[sigo]
4.
Montañero»21/02/2009, 13:59 h.
He leido la noticia y no he podido por menos de registrarme para dar mi opinión al respecto, pues creo que el de la montaña es un mundo que conozco bastante bien. En primer lugar quiero decir que tengo 40 años y soy montañero federado [no alpinista], amén de habitual excursionista desde que tengo uso de razón.
Comienzo felicitando al periodista; si antes de escribir este artículo se ha puesto en contacto con Alberto Ayora para asesorarse demuestra una gran profesionalidad, pues ha acudido a uno de los que más saben de seguridad en la montaña. Todos los parabienes que comenta de su libro "Gestionando el riesgo" son pocos, es una auténtica maravilla.
Y vamos con el comentario: en la Montaña siempre pueden darse situaciones de riesgo, da igual estar a 7.000 metros que a 2.000. Repasen las cifras de fallecidos el año pasado [por decir uno, pero son similares año tras año, en torno a los 50 muertos anuales] en la Sierra de Guadarrama, a escasos 60Km. de Madrid y unas montañas de juguete en comparación con el Aconcagüa. Y como alguna situación de peligro me ha tocado vivir, creo que puedo juzgar mejor la situación vivida por estos compañeros argentinos.
[sigo]
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