TRIBUNA
Gobierno de gestión, no de coalición
Manuel Muela - 09/02/2009
La magnitud de los problemas nacionales y la percepción de que los gobernantes no pueden o no saben encarar su tratamiento estimula las apelaciones a la unidad como paso previo para adoptar decisiones que cuenten con amplio respaldo político y social. Es normal que el sentimiento en pro de la unidad empiece a germinar en una sociedad como la nuestra en la que quedan aún importantes rescoldos de la fe en el Poder, lo ejerza quien lo ejerza, y por ello muy sensible a los síntomas de fragilidad que provengan de aquél. Nada habría que objetar a ese sentimiento legítimo, si no fuera por el hecho de que el debate iniciado puede conducir, en mi opinión, a una salida errónea como es la propuesta de un gobierno de coalición integrado, al menos, por los dos partidos mayores, PSOE y PP.
El régimen político actual es formalmente democrático y parlamentario, pero en la práctica se trata de un modelo partitocrático y casi presidencialista, como resulta fácil deducir de su funcionamiento a lo largo de los últimos 30 años: los partidos disfrutan de una situación jurídica privilegiada que los convierte en protagonistas casi absolutos del devenir de la vida pública, gracias a la generosidad de las normas electorales con las listas cerradas y bloqueadas, lo que produce, además, un liderazgo reforzado de las cúpulas de dichos partidos en detrimento de su propia militancia y, lo que es peor, de los electores. En congruencia con ello, el Congreso de los Diputados, encorsetado por el mandato imperativo de los partidos, carece del dinamismo necesario para ejercer sus funciones parlamentarias, lo que va en beneficio del líder del partido gobernante convertido, en la práctica, en un presidente que acapara casi todo el poder ejecutivo, sin el contrapeso de una jefatura del Estado con facultades ejecutivas propias para ejercer el arbitraje. Esa es una de las limitaciones por tener una primera magistratura no democrática.
La anomalía de esta situación viene siendo denunciada largo tiempo, y la muestra de ello es la insistencia con la que se manifiesta el alejamiento de la política de la realidad y la necesidad de reformas que sirvan para regenerar o, mejor dicho, restaurar la democracia en España, estimulando el pluralismo y abriendo el ejercicio del poder público a la sociedad, para desterrar la endogamia que se ha ido adueñando de la vida política española. Hasta los propios protagonistas del sistema hablan de la necesidad de reformarlo, pero jamás sobrepasan la línea de la mera expresión de un deseo, lo cual añade un punto más de frustración y de desafección en aquellas capas de la sociedad, las más dinámicas e informadas, que observan la liviandad de algunos de sus dirigentes políticos.
Pero un modelo que ha ido funcionando, a pesar de sus fallas, durante las dos décadas de crecimiento económico que ha vivido España, desde su incorporación a
Los problemas a los que nos enfrentamos son de dos clases: la crisis de nuestro modelo productivo, asentado en la construcción y el endeudamiento, que está en el origen de la quiebra económica, y la crisis constitucional que ha derivado en el debilitamiento del poder público, sobre todo del poder central, impidiendo la posibilidad de actuar con la energía y coordinación que demandan la realidad y el sentido común. Ante eso, los partidos políticos continúan con sus preocupaciones inmediatas, ya sean las elecciones regionales vascas o gallegas ya las guerras de espías, dejando muy poco espacio a la discusión de los asuntos que preocupan, con razón, a los ciudadanos. El colofón de estas actitudes y comportamientos es el de la degradación de los liderazgos y la imposibilidad de ensamblarlos en un proyecto nacional común: el jefe del Gobierno y el jefe de la oposición carecen de autoridad y fortaleza para capitanear la resolución de la crisis nacional.
Se dirá que el procedimiento normal sería acudir a elecciones anticipadas. Puede ser, pero tengo serias dudas de su eficacia si antes no se ordena la quiebra económica y no se ponen las bases de un orden constitucional renovado que fortalezca el prestigio del Estado y la libertad de elección de los ciudadanos. Por eso creo en la constitución de un Gobierno no partidario, igual da de uno de dos o de más partidos, formado por personas de hondas convicciones democráticas y que, desde el punto de vista profesional y social, gocen de apreciación y respeto, para acometer la tarea de dar solución a los problemas nacionales, sin la servidumbre de la disciplina partidaria, y lograr el máximo consenso social alrededor de su proyecto.
Un Gobierno de estas características, llámese gobierno de gestión o de unidad democrática, nacido del propio Congreso de los Diputados, debería acometer la tarea de restaurar la confianza en un modelo económico reformado y, por otra parte, profundizar en los proyectos de cambios constitucionales y electorales para convocar elecciones en un plazo de dos años, que tendrían carácter constituyente, ateniéndose a los preceptos de
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Opiniones de los lectores (10)
10.
Dr. Aragonz10/02/2009, 20:49 h.
Lo que yo advertí hace ya algún tiempo se cumple: fue que ya sabría que la máquina estaría completamente estropeada cuando sus responsables todavía andarían intentando arreglarla e incluso buscando el repuesto de la avería. Todavía piensan algunos que el problema es eléctrico-financiero cuando en realidad se ha gripado el motor: el sistema perdió el aceite de la confianza del ciudadano. Hay que sustituir entero el motor y ya puestos, aunque la carrocería resista, se puede remodelar más aerodinámica y resistente.
Sólo cuando nos libremos de esa vetusta concepción ideológica izquierda-derecha, de sus partidos y dirigentes, en la estéril y anormal pugna de la "memocracia", tendremos nuevo sistema con nueva Constitución, nuevas leyes y régimen de relaciones y veremos una nueva luz, pues, por fin, habremos evolucionado un poco.
Y para eso, se necesita a todo el que tenga un tanto de materia gris dentro de la cabeza y algo de voluntad en el corazón, pues el camino no es fácil ni corto.
9.
lluviaen10/02/2009, 16:00 h.
De acuerdo con el Sr Muela. La que decía donde hay que firmar para salir de esto, le indico el lugar: Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional. La solución ideada se llama República Cosntitucional, reglas nuevas de juego político donde no hay ideología, sólo reglas del juego.
http://antoniogarciatrevijano.com/
8.
fapuig10/02/2009, 15:39 h.
estoy deacuerdo, un gobierno de gestión es mas necesarioque nunca, falta imgaginación.,coraje, ideas y iniciativa.
Esperemos que ZP no continue, mucho mas.
http://fapuigbellacasa.blogspot.com/
7. Nostra10/02/2009, 14:54 h.
Osgood, yo también opino en parte como tú, estamos comidos por las ideologías y los intereses de partido. Pero no obstante, debería intentarse la formación de un gabinete ministerial de tecnocrátas. A lo mejor no son capaces de hacer gran cosa pero al menos se enviaría un mensaje positivo a los mercados, que es importante. Lo que puede suceder, es que al final, debido al desplome, llegue un momento en que casi sea obligado hacerlo pero que sea demasiado tarde.
6.
Tulipan Negro10/02/2009, 13:42 h.
No puedo estar más de acuerdo. Lo suscribo punto por punto. Y es que no dejamos de imbolucionar, lo llevamos haciendo desde el 78. Al sistema le ha entrado la carcoma y encima pretendemos dar lecciones de democracia.
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