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TRIBUNA

Exista o no exista Dios, disfrute de la vida

Eloy Renobales - 09/02/2009

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Asistimos estos días a la polémica en torno a la campaña publicitaria que bajo el lema "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida" han financiado asociaciones de ateos en distintos países europeos, entre otros España.

La réplica no se ha hecho esperar. Asociaciones de creyentes han apoyado el despliegue del lema: "Dios si existe. Disfruta de la vida en Cristo". Éste, si bien más contundente (no admite probabilidades), habla de gozar de un tipo de vida, “la vida en Cristo”.

Desde este blog me gustaría lanzar una propuesta y ver si alguien se ofrece a costearla: "Exista o no exista Dios, disfruta de la vida. Sé feliz".

Tema complejo éste de la felicidad, algo que no existe como meta sino como un bien que se tiene o no en cada momento. Todos los hombres buscamos ser dichosos y a veces nos perdemos en la búsqueda. Con un poco de atención al momento, de ocuparnos versus pre-ocuparnos, gozaríamos más de la vida. La vida la tenemos; no hace falta ganarla sufriendo en este valle de lágrimas. Lo que sí podemos es perderla en mitad de un mar de preocupaciones.

Pero, ¿dedicamos suficiente tiempo a descubrir lo que nos hace verdaderamente dichosos o nos ocupamos más en que otros nos digan lo que nos va a hacer felices?

Llevamos mucho tiempo sin escucharnos a nosotros mismos y, claro está, tenemos que aprender. Mientras tanto hemos recurrido a un consumismo exagerado y a un superficial contacto con el otro. Actuamos como niños buenos a los que se castiga si no hacen lo que papá dice (papá-televisión, papá-líder político o religioso, papá-gurú, etcétera). Consumimos para todo: para ser feliz, para ser envidiado, para tener pareja, para ser más guapo, para vivir más, para... ¡salir de la crisis! Esta última me recuerda a aquel consejo sobre la resaca que recomendaba volver a beber alcohol para eliminar el síndrome de abstinencia que la provocaba.

Comprobamos que con todo ello, con países cada vez más ricos, más prósperos, no somos más dichosos. Incluso algún economista ha descubierto que a partir de un nivel de riqueza el grado de felicidad disminuye. No somos más felices porque no somos honestos con lo que queremos. Ni maduros. Y así llegan a raudales los vendedores con recetas para saber disfrutar de la vida.

Disfrutar de la vida, ser feliz con lo que hay en cada momento, es una cuestión que empezó a resonar con fuerza dentro de mí tras leer una pregunta que plantea Richard Bach en su libro Ilusiones. En esta obra, un maestro nacido en Indiana plantea a sus seguidores la siguiente cuestión: <¿Qué haríais si Dios os hablara directamente a la cara y os dijera: "Os ordeno que seáis felices mientras viváis"?>. Esto lo leí hace muchos años y desde entonces las respuestas han sido múltiples y a veces ninguna. Sentí la necesidad de buscar la respuesta en mi interior ante la obligación que se me había impuesto. Aumenté la introspección y disminuí la búsqueda externa.

Si a alguien todo esto le parece egoísta, tiene toda la razón. Pero si piensa que esa vuelta a nuestro interior en busca de respuestas elimina la posibilidad del otro o es una actitud insolidaria, se equivoca. Les garantizo que todas esas respuestas que vienen de nuestro ser más íntimo, que llevan a la auténtica felicidad, son el camino para una verdadera relación con el otro, pues para poder dar algo primero hay que tenerlo. Así, la única manera de dar felicidad es consiguiéndola e irradiándola.

Cada uno tendrá su vía de obtener esa verdadera felicidad que se esconde en su interior y que a su vez está ahí fuera esperándonos. Persíganla. Disfruten de todo lo que les da la vida, que siempre, siempre, es mucho, hasta decir: "¡Que envidia me doy!".

Y piensen que, como dijo San Ireneo en el siglo II, la plenitud del Hombre es la mayor gloria de Dios.

P.D.: Háganse un pequeño regalo cada día (jugar con un niño sin límite de tiempo, dar un paseo entre árboles, oír una conferencia interesante, ver el mar, observar las nubes, besar a su pareja...). Hoy les recomiendo el libro de Jill Taylor Un ataque de lucidez o, si lo prefieren, vean su vídeo.

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Opiniones de los lectores (2)

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2. Darkblade13/02/2009, 13:33 h.

Contestando al #1:

Hay otras maneras de gastar el dinero, si, por ejemplo: sacar a la calle a una procesión o hacer una romería... eso es más productivo... destruyendo y ensuciando el parque de Doñana.

Otra manera más productiva de gastar el dinero: comprar incienso caro traído de la India para decir que el incienso de mi cofradía es más caro que el de la cofradía de enfrente.

Otra aún mejor: comprar un manto de oro a la Virgen. Comprar un palio de plata para el trono de la Virgen... para que luzca mejor en Semana Santa.

No hagas demagogia... ya que el mejor modo de emplear el dinero es informar a la gente para que se quite el PESADO YUGO que es la religión.

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1. usuario registrado anmari09/02/2009, 10:31 h.

Y yo que creo en Dios, he seguido sus Mandamientos, creo en Iglesia y sigo sus enseñanzas, bueno, pues he sido y soy, relativamente, feliz. Los motivos por los que en un determinado periodo de mi vida, no haya sido feliz o no lo sea ahora, nada tiene que ver con Dios, más bien en este momento es por culpa de los hombres, de la ignorancia o la dejadez de nuestro presidente, de la corrupción de nuestros [algunos] políticos, de la falta de valores de la sociedad, y etc., etc., etc. En todo esto nada tiene que ver Dios, es cuestión de la libertad que El nos dio a cada uno de nosotros para hacer o no el bien. La campaña es absurda y desde mi punto de vista, gastan el dinero a lo tonto, con la cantidad de cosas sociales que podrían hacer con él. En fin, que no todos pensamos igual, pero que conste, Dios no tiene nada que ver con la felicidad o no de cada individuo, cuando esa felicidad se basa en lo material. La felicidad está dentro de cada uno de nosotros.

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