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Escoliario (cuánta cultura)

cultura federalismo

Miguel Ángel Manjarrés - 30/01/2009

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Pocas palabras (o muchas, quizá) tan vacías como cultura. Su acepción no atañe ya al cultivo de la mente humana, por lo que en realidad se ha quedado sin acepción, y sólo su adyacente indica a qué se refiere en cada caso. La transformación, como es ya habitual en este tiempo, se produce entre los hablantes más o menos cultivados. Nadie piense que cultura sea un término de uso común a labradores, obreros o parados, con que malamente pueden ellos obrar alguna transformación en él. En cambio, para ser o aparentar un hombre culto se requiere, a cada vuelta de conversación, discurso o texto, el empleo concienzudo del vocablo de marras como núcleo de un sintagma cualquiera. No es nada nuevo el aviso, pero conviene recordarlo de vez en cuando para poner la estatura justa a cada intelectual que se nos venga encima. Y vienen a ventregones: basta mirar la tele y los periódicos, o fijarse tan sólo en la sensibilidad exhibida de nuestro ministro de Cultura, que Dios guarde muchos años.

 

Los políticos y los periodistas suelen ser, en efecto, los personajes que más veces por minuto pronuncian la palabra cultura. De sus bocas el término ha pasado, como los catarros, a las bocas de quienes los admiran, siguen, leen: en general, quienes antes se llamaban profesionales liberales y, sobre todo, ellas. Aun así, hay una recua de cultivados que no les va a la zaga, para qué engañarse: habitan en tropa en las universidades, enseñan, publican y, cuando toman alguna notoriedad, pontifican. Sus opiniones pontificales, de hecho, suelen llevar siempre la cultura como un apéndice que cuelga de su desbaratada sintaxis. Pero el público, por lo general, se muestra muy comprensivo. Qué digo comprensivo: admirado, admiradísimo. Incluso cobran por ello.

 

Un botón de muestra: el artículo Cómo abordar el cambio federal (El País, 23 de enero de 2009), que firman al alimón dos catedráticos, uno de Ciencias Políticas (Ramón Maíz) y otro de Derecho Constitucional (Juan José Solozábal). En su defensa del federalismo frenteal centralismo o la confederación (asunto que ahora nos sobra), además de un no adjetivado “terreno de la cultura” y una cultura en adjetivo (“patrón cultural”), se incluyen los siguientes y magníficos sintagmas: “cultura política federal”, “cultura política”, “cultura espiritual del federalismo”, “cultura política del federalismo”, “cultura del gradualismo y del pacto”. No negarán que la enumeración sigue un ritmo in crescendo ciertamente atractivo, aunque lo más interesante es la banalidad del núcleo, sin significado propio: la cultura no sólo puede ser política (quizá la haya también apolítica, civilizada, salvaje, animal, con guarnición), sino además política y federal, porque existiría asimismo la cultura confederal, centralista, democrática, autoritaria, dictatorial. De la cultura del gradualismo y del pacto, mejor no decir nada.

 

La cultura, por esos posos románticos y supersticiosos que nos entrampan, se junta a menudo con la espiritualidad o, por mejor decir, con el espíritu. Uno no sabe qué sea el espíritu, pero se usa y se le da entidad. En el artículo anterior lo hemos visto, y además como sujeto de una oración con personificación incluida: “La cultura espiritual del federalismo reclama sensatez y prudencia, renuncia a la maximización de las posiciones e intereses respectivos del centro y de los integrantes del pacto político”. Una cultura reclamante y renunciante: casi nada. Además, el “plano espiritual” es equivalente al “plano de la cultura política”, con lo que ya nos quedamos mucho más tranquilos. Y todo para decir que el federalismo es la mejor solución para España y que, dada su frágil condición, es conveniente que se explique, se difunda y se comprenda. Si puede ser, con espíritu y cultura.

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Opiniones de los lectores (6)

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6. usuario registrado kropotkin30/01/2009, 10:33 h.

No cabe ser tan dogmático.
No es difícil aceptar que una término tenga distintas acepciones y significados en relación al contexto en que se use.
Así, el termino “cultura” significara cosas distintas al menos en tres ámbitos: el de las Artes, El de la Historia y la Filosofía, y el de la antropología. [la división la pongo yo un tanto ad hoc, pero espero que me disculpen ustedes la licencia].
Es el ámbito antropológico el que ha generado estas confusiones que, por otro lado, permiten pescar en río revuelto a incultos que quieren vestirse de sabios y catalogar como cultura cualquier manifestación de la actividad humana. Claro que la mona aunque se vista de seda, ya se sabe.
El problema está en usar una acepción en el contexto que no le corresponde. [eso sí es incultura]

Por otra parte el uso en los mass media –prensa escrita en primer lugar- lleva a deformaciones de los significados, a retorcerlos y ya manipularlos en beneficio de quienes los financian [sólo triunfa el que abunda en la cosmovisión del oligopolio de turno. Pero ese es otro cantar...]

Un besaco

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5. usuario registrado otro mas30/01/2009, 10:14 h.

El problema de las palabras está generado básicamente por los políticos y los periodistas que abusan de ellas forzando su significado consiguiendo que al final no tengan ninguno.

Cultura, decían, es lo queda después de haber olvidado lo que se ha aprendido. Confundir "memoria de datos" con cultura es propio de gente que no sabe-no quiere distinguir conceptos ni ideas. Leer, estudiar mucho no da cultura, sólo posibilita el incrementar la cultura propia. Y lo mismo con es la cultura de la sociedad, que no es más que el almacén de medios puestos a disposición de las personas para que éstas puedan mejorar su cultura. Ni la memoria ni los almacenes son cultura, pero si los llamamos así dejaremos de ser conscientes de la incultura básica de la gente y habrá desaparecido, no resuelto, el problema político de la incultura de la sociedad.

Al político no le interesa que la gente sea culta, lo que le interesa es que sea inculta pero se crea culta, así la maneja a su antojo con la propia aquiescencia del manipulado, que encima se lo cree. Y a los periodistas, más aún los editorialistas o columnistas de opinión, lo mismo y por las mismas razones. Así ocultan sus carencias.

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4. usuario registrado Miguel García30/01/2009, 09:49 h.

[Lamentablemente no me han funcionado los enlaces]


El prólogo al libro "Guía de la Cultura Asturiana", que puede encontrar en la red, lleva el título "Hacia un concepto de cultura asturiana"


El genial libro, que tiene por título: "El Mito de la Cultura", es un buen antídoto contra la estupidez.


En fin, ahora que también le llaman "cultura" a la vocecita amplificada de los cantantes melódicos afines al régimen, como paso en el expediente justificativo para soltarles la pasta de los impuestos, no queda sino parafrasear: Yo, cuando oigo la palabra "cultura", me echo la mano a la cartera

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3. usuario registrado Miguel García30/01/2009, 09:37 h.

Señor Manjarrés, el sabio un tanto cascarrabias Gustavo Bueno ya se había fijado en ese uso y abuso del término "cultura" que, de tanto querer decir, ha acabado por no querer decir casi nada interesante. Se refirió Gustavo Bueno a esa acepción limitante del término "cultura" en el prólogo al libro "Guía de la Cultura Asturiana" que puede encontrar en la red, con el título de
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Es algo curioso cómo la "cultura" adjetivada, se opone en ocasiones a Cultura, con mayúscula y, si es posible, con K, para que parezca alemán. La "cultura" local sería así lo opuesto a lo universalizable: un refugio de tercera para aquello que no es digno de saltar las fronteras aldeanas.


Pero el prólogo citado es sólo un apunte de las ideas desarrolladas en el genial libro , donde Gustavo Bueno pega un repaso concienzudol a la polisemia de un término que etimológicamente guarda mucha relación con las berzas y que sólo en tiempos relativamente modernos ha visto esta explosión de usos que le han privaddo de contenido.

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2. usuario registrado kropotkin30/01/2009, 09:00 h.

[sigue del anterior]

Porqué esto de la cultura es algo serio, si señor. Fíjese que cada término o palabreja [que no palabrejo] hay que usarlo en su mas estricto sentido, sin licencias [y menos autonomistas] y para lo que Dios manda.

Recuerda el pavo éste, al escándalo de los escolásticos que quedan cuando se lanzan tesis doctorales sobre la “ontología” del vuelo de la mariposa. ¿Habrase visto mayor desfachatez? De ontología sólo deberían hablar lo Padres de la Iglesia y sus sabios doctores en teología.. Esto ocurre por pensar que fuera de la teología haya lugar a otra filosofía verdadera.

Pues, así como La nación Española es la única nación posible, la religión católica encierra la única filosofía verdadera [ontología y metafísica incluida;por no hablar de ética].

Y es que cuando no tocan las esencias empezamos a despotricar contra quines lo hacen y si la opinión viene de las universidades y sus catedráticos, expulsamos la cultura de la Universidad si es necesario y lo comentamos en un artículo cultísimo titulado Escoliario.
¡Manda h...!

Así nos luce el idioma desde que lo manejan "periodistas" con licencia de corso o tertulianos especialistas.
¿Cultura?¿Pa qué?

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