La crisis se ceba con los moradores del vertedero de Phnom Penh
EFE - 15/01/2009 10 : 01
Jordi Calvet Phnom Penh, 15 ene (EFE).- El vertedero de Phnom Penh, hogar para varios miles de familias camboyanas que arañan entre la basura cada vez menos generosa, fue un recurso para subsistir hasta que la crisis llegó a esta inmensa montaña de desperdicios.
En el basurero de Stung Meanchey, que nació con los primeros desperdicios de los ciudadanos más prósperos durante la posguerra, niños, mujeres y hombres trabajan de sol a sol, envueltos en el manto de humo que desprenden las toneladas de inmundicias, extendidas a lo largo de doce hectáreas.
Algunos descalzos y casi todos sin guantes, buscan chatarra, aluminio, plástico, papel, ropa, vidrio y cualquier cosa susceptible de ser vendida a las empresas vietnamitas que transportan la mercancía hasta las plantas de reciclaje situadas al otro lado de la frontera camboyana.
"Vine porque en mi aldea me dijeron que aquí había trabajo", dijo Khoy, un joven natural de la provincia de Takeo, en el sureste del país.
Pero al vertedero también han llegado las noticias de la crisis financiera internacional, que es la excusa esgrimida por los compradores vietnamitas para reducir los precios.
"Antes conseguíamos unos 2,5 dólares al día pero, ahora, trabajando más horas, apenas ganamos poco más de un dólar", explicó Khoy, que pese a su juventud posee un rostro enjuto y envejecido por los años que ha pasado en el basurero, donde ha criado a sus cinco hijos, que ya forman parte de su cuadrilla de buscadores.
Varias familias se cobijan bajo un toldo de plástico entre las toneladas de porquería desparramada, a la espera de que caiga la noche, que es cuando llegan los camiones de la basura, disminuye la competencia y aumentan las posibilidades de encontrar desperdicios con algún valor.
La llegada al basurero de un compañero generoso, con un trozo de carne para compartir, es motivo suficiente para el regocijo.
"Además de los materiales que venden a Vietnam, también buscan comida, sobre todo verduras y frutas. A veces, aparece algo que ha sobrado de algún restaurante", señaló Bora, una chica que vivió de la basura hasta que cumplió 13 años y que hoy trabaja para la organización no gubernamental Pour un Sourire d´Enfant (PSE), comprometida con la escolarización y la formación laboral de los niños que viven en el vertedero.
"Aquí no tienen que pagar nada para vivir y pueden ganar algo de dinero. La mayoría de los habitantes de lugar es analfabeta y, por eso, no puede encontrar ningún trabajo en las fábricas", explicó la cooperante camboyana.
Por el basurero de Stung Meanchey se asoman también avispados personajes que compran billetes de moneda extranjera o abalorios a precios irrisorios, aprovechando la ignorancia de sus recolectores.
Funcionarios del Ayuntamiento también merodean por el lugar, con la misión básica de evitar las peleas entre las familias que luchan a diario por el sustento.
Sobre los habitantes del Stung Meanchey se cierne ahora otra amenaza, además de la bajada de los precios de la chatarra: el cierre del vertedero por parte del Ayuntamiento de Phnom Penh, que desea utilizar el espacio para extender la capital.
"Aquí estoy bien. Mis hijos pueden ir a la escuela y comen", aseguró Khoy al respecto, convencido de que su vida y la de su familia dependen del basurero en el crece un enjambre de niños expuestos a un sinfín de enfermedades. EFE jcp/zm/ibr (foto) (audio)
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