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@Redacción 07/01/2009
Se ha convertido en casi una tradición para los españoles ricos que pasan
La pareja Botín & Morenés tiene en Gstaad casoplón de mil pares de euros, como un buen ramillete de españoles con posibles, buena parte de los cuales acude al festejo del Yacht Club encantados de codearse con los Botín y llevar a sus hijos para que se diviertan en la fiesta con los nietos de Emilio Botín Sanz de Sautuola y García de los Ríos, porque Ana Patricia contrata payasos y otros divertimentos para los más pequeños.
Este año, sin embargo, la cosa ha estado triste, sin pulso, como muerta. “Después del escándalo Lehman, y todavía más después de la estafa Madoff, dos asuntos que han cogido a los Botín de lleno, las cosas no están para muchas fiestas en la familia. Particularmente jodido se le veía a Guillermo, muy apagado, y es una pena porque este tío es buena gente, no tiene nada que ver con el soplagaitas del Piedrahita”.
El ambiente de decaimiento general se notó enseguida en el número de asistentes, muy reducido en comparación con otros años. Estaba Don Emilio, por supuesto, con mujer, hijos y nietos, y poco más. Entre 20 y 30 comensales sentados en torno a la mesa. Muy poca gente de relumbrón. El inevitable Borja Prado, una salsa presente hoy en toda ensalada española que se precie, Guillermo Fierro (casado con Lucrecia Botín) y para de contar. “Ocurre que son los ricos los que están palmando pasta de verdad en esta crisis, y eso se nota mucho”.
Nada que ver con la fiesta del 31 de diciembre de 2007. Ya se oían los truenos de la gran crisis que venía, pero la tormenta sonaba todavía lejos. Y es que la private function de Anapí y Willy Morenés del año pasado acudió gente como Juan March, la otra gran fortuna histórica española, o Alfonso Cortina, quien con su Lapique a cuestas se ha hecho también casoplón en Gstaad digno de admirar, además del inevitable Joao Flores y la no menos inevitable Marisa de Borbón.
Claro que el invitado sorpresa del año pasado fue el periodista Pedro J. Ramírez y su santa, Ágatha Ruiz de
Más llamativa aún resultó la fiesta del 2006, y ello a cuenta de un incidente que acabaría por convertirse en comidilla de la jet madrileña: la expulsión del Yacht Club del arrojado Javier Hidalgo, hijo y heredero del salmantino dueño de Air Europa. Por lo que parece, Hidalgo junior, un tipo de rompe y rasga, no fue considerado con el suficiente pedigrí como para participar en el festejo, por lo que el marido de
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