TRIBUNA
Sin Gobierno y sin instituciones
crisis democracia política elecciones
Manuel Muela* - 05/01/2009
España inicia 2009 con una severa recesión económica y una crisis político-institucional, que agudizan la desconfianza y el sentimiento de orfandad de nuestra sociedad. Pocos creen en la capacidad de la clase dirigente para capitanear la superación de los problemas, pero casi nadie aventura iniciativas que, sin ser taumatúrgicas, pudieran restaurar la confianza en que ha de basarse cualquier intento de recuperación del ánimo ciudadano. Y es posible que ello se deba, en gran medida, a la idea sacralizada por la clase política de que, una vez celebradas elecciones generales, todo es inamovible hasta la próxima convocatoria electoral.
Se niega así uno de los principios de la democracia, que es el del funcionamiento dinámico de las instituciones, entre las que se incluye el Parlamento, pero no sólo éste, para velar por el interés general, sustituyendo, en su caso, a los gobernantes, si se considera que no cumplen con sus cometidos.
La “democracia española” es un régimen político singular, que se funda en la desconfianza hacia la sociedad con la creación de un modelo partitocrático impermeable a los cambios y proclive al clientelismo: aunque cueste reconocerlo, el orden imperante es una versión actualizada de las viejas políticas caciquiles que han impregnado, sin solución de continuidad, casi toda la experiencia constitucional de España.
La tela de araña del tinglado institucional, acompañada por los resortes de que disponen los poderes públicos en un Estado moderno, por débil que éste sea, dota a los responsables políticos de una seguridad, que se ve incrementada por la paciencia y sumisión de la sociedad poco o nada exigente con sus derechos.
Es verdad que la realidad descrita se ha podido consolidar porque ha habido recursos sobrados, tanto internos como externos, para hacerla posible: desde la entrada en la Unión Europea en 1985 los diferentes gobiernos españoles han dispuesto de fondos públicos en cantidades desconocidas en España, una parte de los cuales se ha dedicado a la modernización de las infraestructuras del país y otra parte, nada desdeñable, se ha dedicado a nutrir los poderes emergentes de las regiones para construir una constelación de organizaciones cuasi estatales que no tienen similitudes con países cercanos al nuestro. España ha vivido su versión de los alegres años veinte, con un peligroso descuido de las virtudes tradicionales de la austeridad, la prudencia y la honradez en la gestión pública, también en la privada, que ahora se echan de menos.
El gigantesco endeudamiento que va a caer -ya está cayendo- sobre los hombros de los españoles por las decisiones de un gobierno heredero de muchas incurias anteriores, pero responsable de no haber previsto el alcance de la tormenta, es el gran aviso de que la política de pan y circo que domina la escena española toca a su fin, no sin resistencia por parte de sus principales protagonistas. En estos días estamos asistiendo al espectáculo del reparto de la financiación autonómica en el que todos reciben del jefe del gobierno seguridades de que lo suyo va bien. Eso me recuerda a aquella anciana tía que, en su última enfermedad, recibía a sus sobrinos y a cada uno de ellos le decía “todo será para ti”, y a su muerte se armó la de Dios es Cristo en la familia.
Nadie desea eso para España y sería muy lamentable que las reacciones se produjeran cuando asomen desórdenes públicos, por el agravamiento de la crisis social. Nuestra sociedad, por experiencia histórica y educación, probablemente no asumiría ni el 20% de los desórdenes que se han vivido en otros países, casos de Francia o Grecia, sin caer en la tentación autoritaria. La cruz de nuestra escasa experiencia democrática es la facilidad con la que puede prender cualquier propuesta que culpe injustamente al orden democrático de los males que nos afligen.
En un sistema democrático normal la salida a una situación como la descrita sería el cambio de gobierno o la convocatoria de elecciones anticipadas, pero esta segunda opción, con el modelo actual, supondría un alargamiento innecesario de la enfermedad que nos aqueja.
Por ello, convendría que las instituciones del régimen iniciasen su apertura, colaborando a la constitución de un gobierno, cuyos cometidos fundamentales serían la gestión de la crisis económica y la propuesta de las reformas constitucionales y electorales necesarias para superar la esclerosis política, convocando elecciones en un plazo máximo de dos años. De esta forma se iniciaría el camino de devolución de la soberanía a los españoles, para lograr la verdadera regeneración democrática.
*Manuel Muela es economista.
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Opiniones de los lectores (7)
7.
aultranza05/01/2009, 14:14 h.
Un bonito análisis que se da de bruces con la realidad: la urgente necesidad de una reforma amplia y profunda de nuestro sistema de gobierno la sentimos los ciudadanos alejados del poder de los partidos (algunos). Las personas con acceso a posiciones de poder que permitirían promover y gestionar ese cambio, pasan por un filtro, el de los partidos, que selecciona únicamente a otro tipo de personas.
Los políticos se preocupan de alcanzar el puesto, y de mantenerse allí. El resto no importa. De nosotros depende ejercer sobre ellos una presión que les haga temer por sus resultados electorales y les empuje a pensar en el cambio que necesitamos.
elblogultraista.wordpress.com
6.
ponte05/01/2009, 14:02 h.
Lo que aquí se llama democracia española, es pura retórica.
No se puede llamar democracia a un regimen que bascula desde los crimenes de Estado de mr.X, a la más escandalosa ruína, fruto de la corrupción institucionalizada, emboscada tambien en lo que pomposamente llaman justicia y es un puro remedo, y sometyida por una casta política que roba y abusa sin tregua a una sociedad vacía, en todos los sentidos: vacia de valores, de presente y de futuro. Nos hemos creído las falacias de la tolerancia, la progresía, etc, que desde los púlpitos mediaticos nos han ido lanzando, mientras nos dejaban con una mano delante y otra detrás.
Aquí los ricos son cada vez más ricos y cada vez más ( si eres del clan).La crisis y la mierda, nos la vamos a comer los demás, tambien como siempre.
5. Kokorokoko05/01/2009, 12:45 h.
A este interesante articulo habría que añadir un cartel con el famoso WANTED del Oeste, ¿Quién es el señor X de todo esto?. Adivina, adivinanza, su abuelo hizo y consintió lo mismo, para nuestra desgracia.
4. sabus05/01/2009, 12:27 h.
Señor Muela,leyendo su articulo me vuelvo a dar,perfecta cuenta que dentro de la España de casi la mayoria de españoles salvo de algun nacionalista extremo siguen habiendo "varias Españas o al menos VARIOS ESPAÑOLITOS" Cuando cita a los posibles 4millones de parados y los posibles desordenes sociales que ello arrastrara me pregunto ¿es que los PILOTOS DE IBERIA no se dan cuenta de la fosa que estan haciendo entre el "ellos" los sublimes y el resto de los españolitos de a pie? ¿y los CONTROLADORES AEREOS no recuerdan que el liberal Regan los "militarizo"? ¿y los JUECES que estan planteando su huelga,tampoco piensan en los españoles que estan esperando emitan sus sentencias? Sr Muelas ¿de que España escribe HOY Usted? Gracias
3. Pedro Lopez05/01/2009, 11:41 h.
Excelente el análisis, pero sería deamsiado pedri que el sentido común guíe a quienes nos gobiernan. No creo que se planteen solucines si no se llega al precipicio. Un saludo
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