Feliz año nuevo, Justicia
Justicia, 2009, Gobierno, Zapatero, Constitución
@Cristina Falkenberg - 03/01/2009
El año nuevo es ese momento en que pese a la crisis uno se llena de esperanza. Es toda una terapia psicológica, un momento de asueto mental y pensamientos positivos… ¿Quién no los tiene? ¿Quién no cree en la suerte en lo bueno que el año nuevo nos pueda traer?
En lo que sin embargo cuesta creer cada vez más es en nuestro Estado social y democrático de Derecho. Su triste realidad ofrece ejemplos tan burdos como el “aguinaldo a los banqueros”, añadido a última hora al Real Decreto 1804/2008, que para más inri desarrolla, entre otras cosas,
El marasmo legislativo nacional es un desastre. Sin embargo, a pesar de esta realidad, a tan egregia institución parece que no se le ocurra gran cosa dejando intacta la facultad del artículo 20.1 LOCE de poder “elevar al Gobierno las propuestas que juzgue oportunas acerca de cualquier asunto que la práctica y experiencia de sus funciones le sugieran”. También lo es que percatado enseguida el ejecutivo de Zapatero de que el Consejo no iba a plegarse a la ilegalidad —como puso de manifiesto su informe de enero de 2006 sobre modificaciones de
Esto se suma a lo previsto en el Real Decreto 405/1992 por el que se regula el Estatuto de los Ex Presidentes del Gobierno y que les concede entre otros privilegios y prebendas el poder gozar en sus desplazamientos fuera del territorio nacional "del apoyo de los servicios de la representación diplomática española” y la prevista indemnización al dejar el cargo (artículo 4). Pero es en el artículo 3 donde viene la chicha: “se adscribirán a su servicio dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel
De prebendas análogas podríamos llenar El Confidencial durante bastantes días. Pero volvamos a la utilización de las instituciones o su evitación cuando no sirven a nuestros propósitos. En efecto, nada tan eficaz para evitar la negativa como no preguntar, caso del citado “aguinaldo” o de las reformas constitucionales que como señala D. Santiago Muñoz Machado en la revista El Cronista (Editorial Iustel) se están llevando a cabo a través normas infraconstitucionales, sean Estatutos de Autonomía o normas de rango aún menor, método que el Tribunal Constitucional a partir de su Sentencia de 12 de diciembre de 2007 respecto del Estatuto Valenciano parece estaría dispuesto a dar por bueno facultando a esta Comunidad Autónoma para redistribuir los sobrantes de las cuencas hidrográficas excedentarias, en contra de la opinión de la mayoría de la doctrina y del llamado “sector conservador” del Tribunal. Y si no es posible hallar acomodo, pues nada tan eficaz como no pronunciarse a fin de evitarse uno disgustos: es lo que deben pensar en el Alto Tribunal. En efecto, como dice el citado autor nadie discute “la calidad y profesionalidad de los juristas” que forman parte del Constitucional pero “la práctica renuncia a conocer de los recursos de amparo, siempre inadmisibles en su criterio, el manejo de un tempus propio de la política al resolver algunos recursos de inconstitucionalidad y ciertos incomprensibles vaivenes en su jurisprudencia, han mermado también mucho su credibilidad.”
“En general”, dice Muñoz Machado, “los gobiernos y los partidos políticos dominantes han mantenido un acoso continuo a la independencia de algunos órganos constitucionales. Esta circunstancia ha producido una decadencia alarmante del prestigio y autoridad de una institución como el Consejo General del Poder Judicial, hasta el punto de que se esté postulando, con buenas razones, un cambio radical en el sistema de designación de sus miembros o, simplemente la supresión del órgano, previa la reforma constitucional pertinente.” Esta no parece la mejor tesis, sino que al contrario, si se quiere que el Judicial sea verdaderamente un Poder del Estado, antes que llevar a cabo reformas como la sonrojante y desafortunada LO 19/2003 de 23 de diciembre, delicioso regalito navideño del ministro Michavila (“el político es un ser cuya prioridad absoluta es maximizar su parcela de poder”), debe dotarse a éste de su propia Administración (que dejaría de depender del Ejecutivo), facultándole como a las Cortes Generales para la aprobación autónoma de su propio presupuesto (el Estado es esencialmente poder y sin dinero no hay Estado ergo sin dinero o hay Poder) y respetando la elección de sus miembros en los inequívocos términos del artículo 122 de
Aunque sólo sea porque la sintaxis de la lengua española es algo previo a nuestra norma fundamental y que ésta asume como suyo, está clarísimo que el 122 nunca quiso que los vocales del CGPJ se designasen a pachas entre los grupos parlamentarios mayoritarios. Y es que el artículo 122 encierra una solución infinitamente más democrática que la elección del Presidente del Gobierno y ni qué decir de sus miembros, nombrados y separados por el Rey, a propuesta del Presidente. La elección de doce de los veinte miembros del CGPJ por y de entre jueces y magistrados de carrera es bastante probable que como muestra estadística sea suficiente, arrojando un resultado similar al que se obtendría si fuesen elegidos por sufragio universal activo. Quizá los ciudadanos pudiésemos entonces ir pensando en una justicia verdaderamente eficaz que no sólo impusiese el cumplimiento puntual de la ley hoy tantas veces papel mojado, sino que limitase los abusos de quien detenta el poder -¡incluido el Judicial!- como iremos relatando.
Feliz año nuevo a todos… pese a la dura realidad que iremos desgranando: aunque eso será un primer paso en la dirección correcta.
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Acerca de...
Soy abogado (Complutense) pero estudié también en ICADE y en el Middlesex Business School en Londres (E-4). Tengo un Máster en Economía Internacional y Management de la Università Luigi Bocconi (Milán). Mi tiempo libre lo dedico a las cosas más inconfesables como hacer Pilates y leer El Confidencial. Además, soy una absoluta convencida de que hay que recuperar el binomio 'civitas- libertas'.
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