TRIBUNA
El año que ha cambiado el mundo
Alfons Quintá - 03/01/2009
Hace un año y una semana, Tony Blair manifestaba que “las diferencias entre la derecha y la izquierda han dejado de existir. La diferencia reside en la apertura o la cerrazón respecto de la globalización. La diferencia reside en la respuesta que se dé a la globalización”.
Era la vigilia de Navidad del 2007. Blair hablaba en Venecia, en una conferencia organizada por un empresariado italiano. “El siglo XXI -dijo también Blair- es una era nueva y requiere una nueva política. Los políticos de hoy permanecen en su tribu como si estuviesen dentro de la cáscara de un huevo, pese a que las diferencias entre la derecha y la izquierda han dejado de existir. Yo sostengo la importancia de la apertura, porque cerrarse significa oponerse a una fuerza implacable. Es necesario aceptar la globalización como una fuerza liberadora de potencialidades enormes, si bien los beneficios que se podrán sacar de la misma están en proporción con el grado de preparación de la sociedad. Habrá una modernización permanente y será premiado sólo aquel que estará en condiciones de adaptarse a este cambio constante.”
Después de afirmar que los gobiernos no deben concentrarse en la legislación, ni en la reglamentación, pero si en la formación, Blair recalcó, en el mismo sentido, que los gobiernos “deben interferir lo menos posible, no deben prever el futuro de la economía apoyando a ésta o a aquella empresa, sino que deben invertir en infraestructuras, ciencia, investigación e instrucción”. Esta última frase es la antítesis de lo afirmado por Nicolás Sarkozy el pasado septiembre: “Lo de la autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado, lo del mercado que tiene siempre razón, se ha acabado”.
Ha pasado un año y una semana, así como bastantes más cosas. Todo lo dicho por Blair debe ser puesto entre paréntesis. Lo afirmó cuando todo el mundo creía o decía creer que el 2008 sería un gran año. No lo ha sido. Los presagios para
Como son días de felicitaciones telefónicas, hablo con un amigo británico que trabaja en Dubai. Me habla de crisis en la construcción, de un inmenso proyecto multimedia que hace aguas y de la creación de fondos soberanos como norma. Esto último es una venganza de la política respecto de la economía. Otro amigo residente en Sudáfrica me explica la crisis minera en ciernes. Un amigo irlandés me narra la crisis de dos grandes bancos de su país y de un tercero de menor entidad. En un caso las acciones han perdido el 97% de su valor. Respecto a uno de ellos, dos “hedge funds” han expresado el deseo de controlarlo. El mero planteamiento tiene visos de locura.
En todos mis amigos encuentro tristeza, incertidumbre y algo de amargura. No son sentimientos que presagien la disminución de la conflictividad política y social ni, por lo tanto, la desaparición de las divisiones -ciertamente poco modernas- entre derecha e izquierda, apuntadas por Blair.
La traca llega con la cena de final de año. Estamos reunidos diversos amigos. Predominan las parejas de economistas y de abogados, seguidas de las de médicos. Oímos el buen discurso de Sarkozy en el Telediario de France 2. De repente se nos muestra a una familia catalana que ha decidido gastarse 42.000 euros (casi siete millones de pesetas) en el alquiler, por sólo una semana (sic) de un chalet en Meribel (en
El reportaje de France 2 nos deja aturdidos. Nos miramos apenados. Creemos que los radicalismos políticos -de derecha o de izquierda- nunca han resuelto ningún problema. Pero lo mostrado por la cadena gala no nos ha estimulado la moderación. Horas después sabremos que sólo en aquella misma noche han sido quemados en Francia, por vandalismo, 1.147 coches, un 30% más que la noche de Fin de Año del 2007, en que “sólo” fueron quemados 878 automóviles. Recordamos los “Felices Veinte” que desembocaron en la crisis del 1929. Tenemos claro que la radicalización de los discursos políticos que en 2008 hemos sufrido en España representa un grave inconveniente para la superación de la actual crisis. La mezcla de irresponsabilidad, inconsciencia, arrogancia, radicalismo y crisis económica puede producir cócteles incendiarios.
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Opiniones de los lectores (3)
3.
catalonia04/01/2009, 16:45 h.
A mi me parece que la alusion que hace Alfons Quintà respecto a la familia catalana que alquilo un xalet por un millon de pesetas al dia, es muy apropiado para hacernos una idea de la inconciencia de personas que precisamente por su situacion social deberian dar otro tipo de ejemplo.Busque la entrevista televisiva en la pagina web de FRANCE 2 que por cierto es la cadena de la TV Gala mas seria y publica.Creo que Alfons Quintà modera mucho el ridiculo que represento aquel breve reportaje.A mi me causo verguenza ajena al oir como Guillermo Sagnier decia textualmente" No es barato pero vale su coste, absolutamente".Realmente los trabajadores de la empresa Indra afectados por un expediente de regulacion de empleo no habran recivido estos criterios con alegria.Hay que entender que la busqueda de la paz social requiere comportamientos mas sensibles.
2.
libertador04/01/2009, 11:31 h.
señor quintá:
lo que haga una familia privada en su tiempo privado y con su dinero particular no debería ser noticia en un medio público (france 2) y, permítame el adjetivo, cotilleo en otro (su columna en el confi de ayer).
lo que hasta la fecha había leído de usted me parecía que llevaba el sello del preciado seny de los catalanes inteligentes, los herederos del genio de josep plá y su estela.
debería usted reflexionar sobre su artículo de ayer pues creo que, quizás subconscientemente, cae de lleno en el discurso de la corrección política contemporánea en la que, cómo la familia carulla tiene que sufrir por gastarse su dinero cómo les place, los abducidos ultracuerpos de la secta señalan a quienes no comulgan ó siguen los dictados de la nueva religión universal: el tonto-buenismo de la cosa social.
en fin, cambie de canal (france 2 es, cómo casi todas las cadenas públicas, y privadas cabría decir, francesas, un chateau de la gauche caviar...tambien, quizás, debería frecuentar usted profesiones menos afectadas (en el gesto me refiero) tales cómo encofradores, camareros y gentes de oficios manuales. verá lo que se aprende.
1.
una misma03/01/2009, 12:04 h.
¿Qué tal la enorme injusticia en el reparto de la riqueza y que no tiene visos de cambiar? ¿Qué tal el constante exprimir a unos que se ven sin futuro mientras otros nada en la abundancia y viven entre mullidos algodones y privilegios? ¿Qué tal una Administración absolutamente sobredimensionada que ahoga cualquier atisbo de iniciativa y de libertad creadora para pegarse al ciudadano como una gruesa sanguijuela tropical mientras se le ata con correas para que no se mueva, no respire y si no, zas, sanción?
¿Qué tal una espantosa crisis de los más elementales valores? ¿Qué tal si empezamos a hablar de temperamentos dominantes desbocados, de utilización espuria del poder público y de la segunda gran revolución, la de las clases medias sin cuyo abnegado sacrificio diario lo demás caía en dos tardes?
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