TRIBUNA
La alarma social
Jorge Moruno Danzi* - 29/12/2008
Con la entrada en la postmodernidad parece ser, como ya señaló el sciólogo alemán Ulrich Beck, que los riesgos a los que nos enfrentamos se multiplican y se tornan capilares a nuestras formas de vida. A los peligros ecológicos, los relacionados con la alimentación, flexibilidad laboral etc… se debe hacer ahora especial hincapié, sobre todo después del 11-S, a una creciente cultura de la emergencia, de percepción de una inseguridad constante sin rostro definido, difusa, y por lo tanto indisciplinable.
Asistimos en nuestro días a transformaciones radicales de nuestras formas de vida en su conjunto, por lo que cuando hablamos de una cultura de la emergencia nos referimos al devenir de numerosos conceptos (costumbres, valores etc..), que conforman toda una gramática, dando origen a un nuevo lienzo donde conviven las relaciones sociales.
Para poder comprender mejor la cultura de la inseguridad que recorre los flujos globales, y que en ocasiones asociamos como patrimonio exclusivo de la sociedad norteamericana, tomaremos un ejemplo de rabiosa actualidad, que además contiene los ingredientes idóneos tanto para ser analizados desde un prisma global, como metropolitano. Nos referimos a la repercusión social, mediática y política que ha tenido el ataque a una comisaría de Madrid, tras una manifestación en solidaridad con la revuelta griega.
Destaca en primer lugar el papel que cumplen los grandes medios de comunicación al rediseñar nuestros posicionamientos tanto individuales como colectivos a la hora de tratar ciertos acontecimientos. La percepción fabrica realidad, y por ende, cuando observamos los disturbios automáticamente lo analizamos a través del universo simbólico latente y hegemónico, en donde se vacía de contenido social y político , mostrándose únicamente como puro vandalismo donde desarraigados y frustrados sociales son portadores de una patología que les conduce a la violencia gratuita.
La preocupación pública estriba en magnificar el shock social que genera el ataque a unos cuerpos de seguridad teóricamente representantes de los valores democráticos y garantes de las libertades colectivas, y demoniza a quienes los cometen, justificando, o al menos mostrando indiferencia, con los métodos empleados por las fuerzas del orden al reducir a los manifestantes.
La indignación colectiva no alza la voz frente al uso ilegal de porras extensibles por parte de la policía, o no le preocupa observar como algunos de los detenidos son arrastrados entre cristales. En definitiva, se hace la vista gorda al posible abuso policial. Este escenario denota una erosión gradual del Estado de Derecho, así como una falta de higiene democrática por parte de una población que incorpora al sentido común actitudes y medidas cada vez más represivas y punitivas.
Paradójicamente se acentúa el carácter vandálico y apolítico del intento de asalto a la comisaría, pero se aplica la prisión incondicional sin fianza, y las peticiones de cárcel rondan los 9 años, medidas excepcionales que sin embargo parecen esconder razones políticas de fondo. La alarma social la genera los cristales rotos, pero no la negligencia de los mercados financieros, el paro, la precariedad y el riesgo de exclusión social. No sólo las medidas económicas se comparten en
*Jorge Moruno Danzi es sociólogo y colaborador en el OSPDH (Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos) perteneciente a
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Opiniones de los lectores (15)
15.
amogar29/12/2008, 21:07 h.
Hace ya mucho tiempo que en España determinados miembros de las fuerzas policiales(Nacional, autonómica ó local) no actuan con arreglo al Estado de derecho. Los abusos policiales de todo tipo están al orden del día y se tarda mucho, si es que se hace, en investigar determinadas actitudes "matoniles" dentro del aparato policial.
Ejemplos hay muchos,ahi están los casos de los mossos de escuadra en Cataluña ó la represión que llevó a cabo en Madrid la policía Nacional contra los primeros manifestantes que salieron a la calle a pedir una vivienda digna.¿Aguien ha estado alguna vez en los calabozos de la Plaza de Castilla en Madrid?. Son verdaderamente tercermundistas con la paredes llenas de sangre y excrementos por todas partes.
Pués bien,me alegro de que alguien,y de que su medio lo haya publicado,analice una situación que nos haga reflexionar a todos de que los derechos humanos deberían estar siempre por encima de cualquier actitud violenta ó no y que es la policía,cómo agente de la autoridad democrática, la primera que tiene que garantizarlos.
14. El Drogas29/12/2008, 18:44 h.
Excelente artículo que pone de manifiesto uno de los problemas más graves de nuestro tiempo (y en realidad, de todos los tiempos): la enajenación de la conciencia colectiva en favor de los detentores del poder. Muchos de los comentarios vertidos aquí son también palmarios ejemplos de esa "etiqueta y saber estar políticos" que condenan la violencia del pobre, del débil, del sometido o símplemente del que protesta. La violencia también tiene que tener clase y estilo. Por supuesto, porque es mucho más fácil, cómodo y entraña menos riesgos condenar al de abajo que vérselas con los de arriba, e incluso puede tener recompensa... Hubo un régimen, no hace mucho, en la que esta "etiqueta" y esta preocupación por la estética de la violencia alcanzaron su cénit: el III Reich. Enhorabuena al autor.
13.
javier sáenz29/12/2008, 17:32 h.
Muy acertado el artículo. Añadiría cómo los periodistas olvidamos a menudo que es preciso contextualizar todos los hechos, independienemente de dónde se produzcan, con ecuanimidad. Así es que no podemos calificar de 'bárbaros' o 'salvajes' a los cuerpos o agentes policiales de otros países digamos 'no democráticos'cuando machacan a sus compatriotas y callarnos, mirar para otro lado o incluso justificar las palizas tras criminalizar a quienes las reciben cuando los que actúan de forma bárbara y salvaje son nuestros queridos agentes del orden democrático.
12. alarma social29/12/2008, 16:38 h.
¿Cómo se crea? Periodistas de Telecinco pillados por sorpresa con cámara oculta http:www.nodo50.organtifaindex.php?option=com_content&task=view&id=351&Itemid=32
11. marionetaroja29/12/2008, 16:38 h.
Algún comentario ataca este artículo indicando que el monopolio de la violencia es una característica del Estado moderno. En efecto, esto es así. La cuestión es si se puede cuestionar o no ese monopolio. Sólo el cuestionamiento y la crítica de la realidad permiten dilucidar que, como decía Heráclito,"El mundo no es sólo lo real;el mundo es también lo posible". Perfectamente legítimo me parece oponer una forma de violencia a la otra para romper con la máxima de que sólo el Estado puede hacer uso de la violencia física y de otra no física y no tan perceptible. Un gran artículo de OPINIÓN (no creo que la misma necesite estar respaldada por m10 o 20 citas). Termino citando a Bertolt Brecht:"Todos llaman violento al río que todo lo arrasa,pero nadie llama violento al lecho que lo oprime"
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