Año de crisis económica, campaña en EEUU y elecciones anticipadas en Canadá
EFE - 24/12/2008 08 : 01
Julio César Rivas Toronto (Canadá), 24 dic (EFE).- Como en EEUU, el año 2008 en Canadá ha sido un año electoral dominado por la crisis económica mundial pero a diferencia de lo ocurrido en el país vecino, los canadienses decidieron mantener en el poder a los conservadores.
Cuando el pasado 7 de septiembre el primer ministro conservador, Stephen Harper, convocó elecciones anticipadas y mandó a los canadienses a las urnas por tercera vez desde el 2004, su mirada estaba puesta en la campaña electoral y la situación económica en Estados Unidos.
Harper había amenazado durante todo el año con la convocatoria anticipada de elecciones pero hasta ese momento, el gobernante canadiense había decidido contenerse.
Para cualquier observador era evidente que el entonces candidato demócrata a la presidencia estadounidense, el carismático Barack Obama, tenía grandes posibilidades de convertirse el próximo inquilino de la Casa Blanca.
La idea de celebrar unas elecciones en 2009 con Obama al frente de la administración estadounidense no era la más apetecible para Harper, dadas sus profundas diferencias ideológicas.
Y los canadienses podían inclinarse en las urnas por el Partido Liberal, más alineado con los demócratas, si eso significase unas mejores relaciones con el mayor socio comercial del país, destino del 80 por ciento de las exportaciones canadienses.
Al fin y al cabo, Harper había basado gran parte de su estrategia para llegar al poder por primera vez en 2006 en la necesidad de que Ottawa tuviese un Gobierno conservador capaz de enmendar las relaciones con la Administración también conservadora del presidente George W. Bush.
Además, tras el verano, Harper ya sabía que la situación económica en Norteamérica se estaba deteriorando rápidamente y que para 2009 Estados Unidos habría arrastrado Canadá -que desde hace 11 años mantiene superávit fiscales- en una crisis económica que se convertiría en depresión en toda regla.
Tras dos años en el poder con minoría parlamentaria, Harper sabía que en 2009 se vería forzado a convocar elecciones una vez que el principal partido de la oposición, los liberales, se renovasen tras el varapalo de 2006.
Así que a la vista del panorama, y con las encuestas de opinión en su favor, Harper decidió adelantarse a los acontecimientos y disolver el Parlamento.
La jugada le ha salido bien. El 14 de octubre, el Partido Conservador consiguió aumentar su número de escaños de 127 a 143 y, sobre todo, sumió a los liberales en una nueva crisis al reducir su representación parlamentaria a 77 diputados, 26 menos que antes de la disolución del Parlamento.
Pero los conservadores no consiguieron el "gran premio" de los 155 escaños que les proporcionan mayoría absoluta en el Parlamento.
Gran parte del fracaso de Harper en alcanzar esa cifra se debió a la rapidez con la que se ha desarrollado la crisis financiera mundial. En mitad de la campaña, la montaña rusa en que se han convertido los mercados de valores canadienses, como los del resto del mundo, afectó negativamente al partido gobernante.
Harper también contribuyó a esos resultados con una serie de declaraciones desafortunadas sobre la supuesta falta de preocupación de los canadienses sobre su futuro económico.
Pero, sobre todo, Harper sufrió la división cultural que existe entre el oeste del país, donde se encuentran las bases del Partido Conservador, y la provincia francófona de Québec.
El líder conservador, que entre 2006 y 2008 cortejó sin cesar a Québec hasta el punto de forzar una declaración en el Parlamento que reconoció a la provincia como una nación dentro de Canadá, vio con estupor como su ventaja allí se esfumaba cuando criticó al mundo cultural.
Ahora, en medio de la crisis económica norteamericana más profunda de las últimas décadas y sin mayoría absoluta en el Parlamento, Harper se ha comprometido a cambiar su forma de gobierno.
De momento ya ha tendido puentes con la futura administración Obama al ofrecer al próximo presidente de EEUU un acuerdo medioambiental tras años de alineamiento con las políticas de Bush.
Y en el terreno doméstico Harper ha solicitado una actitud menos agresiva a sus diputados. Todo para capear el peor temporal financiero desde la Gran Depresión de 1929. EFE jcr/mla/mr
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