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¿Dónde están mis anabolizantes?

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Dra. Alicia Hernández Salazar.-  13/12/2008

¿Dónde están mis anabolizantes?

Siete millones de españoles realizan alguna actividad deportiva de forma habitual, pero no todos ellos lo hacen sólo buscando mejorar su condición física o ansiando salud. Unos pocos, deportistas de élite, buscan también competición, títulos y gloria. Muchos otros, fisioculturistas y asiduos del gimnasio, buscan hipertrofiar sus músculos, lo que, más allá de una moda, se ha convertido en un auténtico estilo de vida.

En una sociedad donde las exigencias a todos los niveles parecen no tener límite, donde se espera lo máximo de nosotros hasta alcanzar cualquier meta que nos propongamos, por difícil que sea, lo sencillo es recurrir a cualquier método que nos facilite hacerlo.

 

En el terreno deportivo, donde la competencia y la psicología de ganar y de ser superior está a la orden del día, es de sobra conocido el abuso por parte de los deportistas de un sin fin de métodos y sustancias prohibidas, lo que se conoce comúnmente como ‘dopping’. Pero lo que ha encendido la alerta en la actualidad es el preocupante aumento del consumo de suplementos y esteroides anabolizantes de forma incontrolada.

Suplementos orales


Si bien la mayor parte de este consumo esta constituida por inocuos suplementos como el ginseng, el glicerol o los antioxidantes, su venta indiscriminada y sin pasar los debidos controles puede hacer que estas sustancias estén contaminadas y provoquen positivos en los análisis antidopaje.

Dentro de este grupo de suplementos orales, la glutamina ha suscitado en los últimos años un gran interés. Este aminoácido ‘no esencial’, el segundo mas abundante en la masa muscular y que supone un 60% de ésta, ha sido objeto de numerosas investigaciones que han descubierto su capacidad para evitar la degradación del tejido muscular y para inducir un aumento en la síntesis de proteínas, favoreciendo la recuperación y la ganancia muscular.

 

Parece ser que durante el ejercicio de musculación intenso se libera una cantidad de glutamina superior a la sintetizada por el cuerpo humano, lo que desgasta las reservas naturales de los músculos.


La L-Glutamina, disponible en el mercado tanto en cápsulas como en polvo, debe administrarse junto a hidratos de carbono de alto índice glucémico (zumo) en dosis que oscilan entre 10 y 40 gramos al día, dependiendo de factores como el nivel de actividad física, objetivos del entrenamiento o aporte de proteínas desde la dieta, entre otros.
Su ingesta sin actividad física intensa, además de inútil, puede ser perjudicial para el riñón e intensificar las jaquecas.

Esteroides anabolizantes


El empleo de esteroides anabolizantes tuvo su momento álgido en la década de los setenta. Pero su consumo ha regresado ahora con formas mas sofisticadas; microdosis con el mismo efecto anabólico pero más difíciles de detectar por los laboratorios antidopaje.


Estos agentes anabolizantes incluyen tanto los famosos esteroides anabólicos como los bloqueantes betaadrenergicos no betabloqueantes (empleados para el asma y como broncodilatadores para el dopaje).

Pero son los esteroides anabolizantes los que, combinados con sesiones de levantamiento de pesas y una dieta fundamentalmente proteica (las más de las veces, pollo y arroz) consiguen aumentar sin esfuerzo la masa y la fuerza muscular.

 

Para conseguir esa soñada hipertrofia deben inyectarse seis clases de anabolizantes y dos de testosterona en ciclos de 16 semanas, junto a protectores hepáticos para facilitar que el organismo pueda asimilar todo. En una pauta normal, las dosis de anabolización suelen estar 50 veces por encima de las normales, y como son inyectables, a veces generan abscesos en los glúteos.

A este masivo consumo le siguen desastrosas consecuencias para el organismo. Sobre el sistema cardiocirculatorio tienen efecto aterogénico (formando placas de colesterol y endureciendo las arterias, que dejan de ser elásticas), alteran el perfil lipídico, producen trombogenesis (al disminuir la actividad fibrinolítica) y generan una hipertrofia miocárdica con el consecuente riesgo de infarto.

 

Además producen alteraciones en el hígado, desde la simple modificación de sus enzimas hasta la cirrosis, infertilidad y problemas prostáticos. Pero lo que ha comenzado a observarse llamativamente va más allá de estos efectos físicos: sus consumidores habituales muestran irritabilidad, agresividad, depresión, e incluso se han visto casos de dependencia.


Si lo que se quiere es conseguir el máximo rendimiento, quizás se deba empezar por no poner en riesgo la vida, y continuar con una correcta valoración médica que abarque desde estudios analíticos, podológicos y biomecánicos, hasta una valoración nutricional e incluso análisis genéticos.

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