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Siente un pobre a su mesa: vuelven las rifas de caridad y la beneficencia

pobreza paro pensionistas trabajo

@Carlos Sánchez - 10/12/2008

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La ética medieval no sólo había tolerado la mendicidad, sino que había llegado a glorificarla en las órdenes mendicantes. Los mendigos seglares habían llegado a constituirse en una ’clase’, y eran valorados por ello. Por cuanto que daban al rico ocasión de realizar buenas obras al dar limosnas”. Max Weber. La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo.

 

Las urgencias cotidianas derivan frecuentemente en singulares casos de amnesia.  La opinión pública se siente asaeteada cada día por la pobreza en el Tercer Mundo, pero esas imágenes que sobrecogen se evaporan de la memoria individual a la misma velocidad que se expanden.  Como si se tratara de una pesadilla que desaparece con sólo abrir los ojos. Lo mismo sucede con la penuria que viene del entorno más próximo. Los medios de comunicación acercan cada día la pobreza a la mesa camilla de millones de hogares de los países ricos; pero esa realidad, tal como viene, se esfuma en un santiamén. Eclipsada y hasta emparedada por los rutilantes mensajes publicitarios que inundan las cadenas de televisión.

La pobreza no vende ni política ni mediáticamente, y ello ha facilitado el tradicional desdén con que en España se ha analizado este fenómeno. No en todos los casos. Desde hace mucho tiempo, algunas organizaciones cívicas y religiosas se vuelcan en las situaciones de extrema necesidad, pero es clamorosa la ausencia de un debate de calado sobre los factores que justifican su persistencia en países con más de 25.000 dólares de renta per cápita. Esta inexistencia de debates sobre las causas de la pobreza y la exclusión social puede explicar la eclosión de actos de beneficencia que sustituyen la acción coordinada -y, por supuesto, más eficaz- de los poderes públicos.

Rifas benéficas, entrega de juguetes a niños desamparados, cuestaciones de caridad, rastrillos navideños y hasta espacios de televisión que producen vergüenza ajena por la doble moral que destilan, han sustituido a los programas de asistencia social, preferentemente en Navidad, recuperando de alguna manera el viejo papel de la mendicidad que el Estado moderno arrinconó hace al menos dos siglos. Se trata de una vuelta atrás que todavía se está a tiempo de corregir.

No quiere decir esto que el Estado, a través de sus diversos agentes económicos, deba tener el monopolio de la lucha contra la pobreza. La sociedad civil tiene un papel que jugar, pero no mediante la reinvención de viejos sistema de caridad que convierten al ciudadano en súbdito de los favores reales o de la aristócrata de turno. La suficiencia económica -como la igualdad de oportunidades- son derechos inalienables del ser humano. Y ese sentido, los poderes públicos deberían explorar la posibilidad de articular legislativamente instrumentos como la renta básica de inserción, que desde hace dos décadas reclaman diversos colectivos sociales y políticos.

Consecuencias de la recesión

El corolario de la recesión, desgraciadamente, dejará en la cuneta a miles de personas que corren el riesgo real de quedar excluidos de la sociedad atrapados en el círculo vicioso de la pobreza. Los pobres con escasa cualificación profesional y baja productividad son  las primeras víctimas del desaguisado económico, y ello les empuja hacia la marginación y la exclusión social, precisamente porque nacieron en un ambiente familiar deprimido que apenas los escolarizó, y que a la vuelta de los años les pasa factura. No se trata de un asunto pequeño ni desde luego irrelevante en términos sociales.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa indican que en España hay 16,8 millones de hogares, de los que algo más  cuatro millones tienen a todos sus miembros en situación de inactivos, ya que se trata de pensionistas. Hay, por lo tanto, 12,7 millones de hogares con alguno de sus miembros en edad de trabajar, pero resulta que en 638.000 hogares nadie lo hace. Están todos sus miembros en paro. Esto significa que uno de cada 20 hogares nadie va al tajo.

Otros datos ilustran la naturaleza del problema. En estos momentos (tercer trimestre) 239.700 trabajadores llevan dos o más años buscando un puesto de trabajo; pero es que, otros 296.200 siguen sin encontrar un empleo tras más de un año de búsqueda. Esto quiere decir que más de medio millón de trabajadores (uno de cada cinco que se encuentran en situación de desempleo)  puede considerarse ya (al inicio de la recesión) parado de larga duración. Se trata, por lo tanto, del colectivo socialmente más vulnerable a fenómenos de exclusión social, concepto que no pasa sólo por mendigar por las calles o dormir debajo de un puente. Esa es sólo la expresión más visible de un problema de más calado que no puede darse carpetazo como si se estuviera ante una cuestión meramente estadística.

Las cifras son elocuentes para un país que durante  años ha sacado pecho como si hubiera descubierto Eldorado. Pero ponen de manifiesto hasta qué punto debajo de los adoquines que tapa el asfalto se esconde una realidad que casi nadie quiere ver, pero que es visible en cualquier calle de nuestras ciudades.

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Opiniones de los lectores (17)

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17. usuario registrado cayo mario11/12/2008, 17:15 h.

Se trata de poner ojos y cara a la crisis y eso es bueno, muy bueno.

Sin embargo, yo que soy agnóstico y también confío en Caritas y en ONGs muy anónimas con religiosos y, sobre todo, religiosas por detrás, quiero poner una vela al diablo recordando la parábola del hijo pródigo o, más laico, la fábula de la cigarra y la hormiga.

Hay también cigarras que han dilapidado la herencia del padre entre esos nuevos desheredados (ver, por ejemplo, el reportaje de este periódico publicado hace pocos días sobre el nuevo rico, ahora en paro, con veintitantos años y mercedes a la puerta que se despidió de su maestro con un "me voy a ganar el doble que tú, pringao").

¿Hasta dónde llegan las obligaciones de los que no nos hemos endeudado nada y lo único que hemos hecho es perder la mitad de nuestros ahorros con esa generación de paletos con cadena de oro al cuello que ahora van a pedir limosna.............en la puerta de las iglesias, por supuesto?

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16. usuario registrado cuquiña11/12/2008, 15:54 h.

Sería estupendo que no existiese la beneficencia porque no hace falta, porque todo el mundo tiene lo suficiente para vivir. Pero es estupendo ahora que exista porque el paro galopante, ha dejado a mucha gente, sin tener que llevarse a la boca, ya no son los marginados, los mendigos, los sin techo los que llenan los comedores de Cáritas y de muchas parroquias, es gente de clase media en la que la macabra rifa del paro les ha caído encima. ¡menos mal que hay quien atienda a la urgencia de comer todos los días, porque el Estado, desde luego no lo hace. Asi que a falta de una sociedad de pleno empleo, prometida por Zapatero este mismo años ¡vaya profeta¡ los remiendos de la caridad son, desgraciadamente, no ya necesarios, sino imprescindibles.

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15. usuario registrado caserío de maruri11/12/2008, 12:57 h.

Carlos, añado unas reflexiones más. En el libro que citas de Max Weber - Alianza Editorial, pag 230, notas a pie de pag dice el gran sociólogo alemán (que vivió una temporada en Las Arenas de Getxo y dejó escritas deliciosas cartas a su madre) que "la pobreza es muy frecuentemente síntoma del pecado de pereza" citando a Baxter y que "Adams señala que Dios permite que tantos continúen siendo pobres porque no serían capaces de hacerles frente a las tentaciones que la riqueza trae consigo, pues la riqueza expulsa frecuentemente la religión de los hombres". En esa misma pag, dice Weber que "ya Calvino decía que la masa de obreros y artesanos sólo permanece obediente a Dios si es mantenida pobre". Curioso. Saludazos desde Maruri

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14. chamberi11/12/2008, 12:25 h.

Vierna, si te vas a la pagina web de Caritas y te lees su memoria y sus fuentes de financiación verás q lo q dices siendo cierto, tiene dos matizaciones muy importantes: las aportaciones de fondos públicos son 40% contra 60% de privados. De los públicos, solo 10% corresponde al IRPF, que viene del apartado "aportaciones a fines de interés social",como su propio nombre indica.Me gustaría ver la otra cara de la moneda, como se reparten todos esos fondos públicos y ver cuanto recibe Cáritas por ej, en % frente a otras Orgs ... A algunos parece que les fastidie que una org de la sociedad civil sea más efectiva y más fiable que el Estado en la asignación de recursos, y si está vinculada a la Iglesia y lleva años trabajando en silencio y sin pubicidad, ya no lo pueden soportar

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13. Pipina6311/12/2008, 11:41 h.

Claro, al señor Sánchez le parece mal que la sociedad civil se organice para ayudar a los necesitados voluntariamente. Como buen izquierdoso lo que él quiere no es caridad, es "solidaridad" obligatoria, que el Estado distribuya con nuestros impuestos. Pues no, don Carlos. La caridad no es menos que la solidaridad; es más. Si quiere usted ayudar a los pobres, hágalo de su propio bolsillo. Yo aporto a Cáritas todos los meses, porque me fío de ellos, cosa que desde luego no hago con ustedes.

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Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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