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Sola pero libre
@Nuño Vallés - 06/12/2008

LA MUJER CALVA

Autor: Cristina Cerrada.
Editorial: Lengua de Trapo.
Páginas: 192.
Precio: 18,20 €.
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Más que acostumbrada a llevarse galardones literarios, Cristina Cerrada se mete ahora en el bolsillo del XIV Premio Lengua de Trapo de Novela, uno de los que suele garantizar la calidad del ganador, aunque en este caso sea “de la casa”. El premio de Pote Huerta siempre vale la pena; el año pasado, con La lavandera de Pepe Monteserín, alcanzó un nivel difícil de igualar, y no lejos queda esta novela sobre la soledad y la renuncia a la libertad.
En La mujer calva Cerrada ahonda en estos temas que ya tratara en Compañía y Alianzas duraderas. Y es que en la vida contemporánea –aunque es algo que afecta especialmente a las mujeres, que deben batallar contra la tradición– para no estar solo se deben ceder espacios de libertad, entregar trozos de uno mismo, dejándolos aquí y allá, en la casa familiar, en el trabajo, en manos de la pareja. La libertad –o quizá la independencia– es soledad.
Lailja, la protagonista del relato, encuentra suficiente simbología a su alrededor. Su hermana Mim tiene una pierna dañada en un accidente infantil del que la protagonista se siente responsable. Lotta se esterilizó. Y ello va asociado, de inmediato, a la muerte, la del padre con la que arranca la novela, la de la madre que se ve en perspectiva; a la suya propia: “Ella no se va a morir. Es una chica, la muerte es una sola palabra. Mamá es una mujer, le faltan trozos, es como si estuviera muerta ya”. Y Lailja, paralizada por el miedo a la muerte, sacrifica su libertad y su identidad en el altar de dos hombres anodinos, Noelle y Kristho, o se entrega al sexo con hombres vulgares y rudos, según su propia fantasía adolescente con un hombre-bestia.
Cerrada construye una novela fría, quirúrgica, mediante la yuxtaposición de planos temporales. Como los personajes de Compañía, que estaban abocados a la soledad y se inventaban realidades alternativas, Lailja mezcla el presente con el pasado trantando de construir, sin embargo, una realidad nueva. Su inspiración es una prostituta de telefilme, una mujer calva, una mujer que se rebela, que orilla el camino principal. Lailja vierte el pasado sobre el presente. Pero el pasado siempre es futuro, y está condenada a la insatisfacción, a no ser que acoja por fin la soledad como las mujeres calvas, que esperan “en las pistas de las salas de baile, en las solitarias colinas bordeadas por carreteras comarcales, fijas como postes de señalización”.
LO MEJOR: la composición mediante el cruce de planos temporales.
LO PEOR: Su frialdad (pese a la cual, hay momentos de gran fuerza poética).
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