BIOGRAFÍA
Antonio Casado.- 21/11/2008
El consejero delegado de Gas Natural, Rafael Villaseca, suele decir siempre que la energía está vinculada al poder político prácticamente en todo el mundo. Es lo primero que a uno se le viene a la cabeza al conocer los ritos de apareamiento sobre Repsol. Apenas tres días después del desmentido a las pretensiones de la gasística rusa Grazprom, monopolística y estatal, nos hemos enterado de que el pretendiente verdadero es la petrolera Lukoil. Igualmente rusa, pero privada, aunque eso no deja por mentiroso a Villaseca. No parece.
¿Es Lukoil, a pesar de su carácter privado, un brazo más de la creciente colonización del gigante ruso sobre las economías occidentales? La pregunta es pertinente después de haber oído ayer al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, recordándonos que Lukoil, que aspira a comprar el 29 % de la petrolera española Repsol, está participada por una compañía norteamericana, Conoco Philips.
No es obligatorio quedarse más tranquilo después de escuchar eso, si tenemos en cuenta que la crisis económica deja a Rusia en el lado de las potencias económicas emergentes con mayor capacidad de compra, y a EE. UU (y a España, y al resto de la Unión Europea) en el lado de las economías endeudadas, agobiadas por la sequía financiera, y con muchas gangas al alcance del mejor postor en los mercados globales. Es evidente que el 20 % de las acciones de la constructora Sacyr es en estos momentos una ganga del mercado energético español. Y la energía, conviene recordarlo una vez más, es un sector estratégico sobre el que, de una u otra forma, por una u otra vía, los Estados tienden a reservarse la última palabra.
Cualificados servidores del Estado español ya se han pronunciado sobre el asunto, que puede convertirse en un enredo parecido a la Opa de Endesa, con pretensiones alemanas de entrada –tras el gatillazo de Gas Natural- e italianas de salida. El carácter estratégico de la energía es precisamente lo que lleva al ministro de Industria, Miguel Sebastián a decir que el Gobierno hará todo lo posible para que Repsol siga siendo “privada y española” -repicando así una declaración anterior del presidente de la compañía, Antonio Brufau-, porque se trata de una empresa clave para el suministro energético del país. Sin embargo, Zapatero no le hace ascos a que siga siendo privada pero algo menos española ¿Discrepancia de criterios entre el presidente y su ministro de Industria o un simple problema de coordinación?
Una rara unanimidad se ha producido, en cambio, entre las demás fuerzas políticas con base parlamentaria. Todas en defensa de nuestra primera empresa energética, con una importante proyección en el subcontinente americano donde, dicho sea de paso, también se está produciendo un significativo avance de Gazprom y Lukoil.
El ex ministro Cristobal Montoro, responsable de Economía del principal partido de la oposición, el PP, denuncia la supuesta desidia del Gobierno ante el desmantelamiento de nuestro sector energético. Gaspar Llamazares (IU), en la misma clave, se muestra “muy preocupado por la operación”, aunque aproveche para formular una crítica retrospectiva a los Gobiernos del PP: “Si perdemos Repsol será por la mala cabeza de quienes la privatizaron”. Hasta el nacionalismo catalán, por boca del diputado Sánchez Llibre, se ratificó en las generales de la ley: que en los sectores estratégicos “los grupos accionariales deben ser españoles”.
El culebrón no ha hecho más que empezar. Al fondo, un asunto de mayor cuantía: el riesgo de colonización energética de España por parte de una potencia extranjera.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
0 COMENTARIOS