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OPINIÓN

La cúpula de Barceló, un costoso homenaje a la obra predilecta de Zapatero

BIOGRAFÍA

Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Canal Nou. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.

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Antonio Casado.-  20/11/2008

Al final puede quedarse en eso: un costoso homenaje permanente a la Alianza de Civilizaciones, que es la obra predilecta de José Luis Rodríguez Zapatero. Se lo recordarán sus adversarios por haberse querido poner estupendo. O una huella perdurable de la España del siglo XXI en el corazón, más que en la cabeza, de la comunidad internacional (sede de la ONU, en Ginebra). Ahí estarán los defensores de la cúpula de Miquel Barceló, un canto a la diversidad, una alegoría colorista del caos que reclama cosmos en este valle de lágrimas.

 

De momento, la rotura de cristales es de quienes reclaman coherencia. Abanderados por el PP y un sector mediático. Ayer convirtieron el Congreso de Diputados en caja de resonancia de la polémica. Llegaron a acusar al Gobierno de “meter la mano en la caja de la pobreza” (diputado Gonzalo Robles). Son quienes se fijan más en la asignación del trabajo decorativo a Fondos de Ayuda al Desarrollo. Me refiero a la remodelación de la sala de los Derechos Humanos, rebautizada como sala “Alianza de Civilizaciones”, inaugurada este martes por los Reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, con asistencia del presidente Zapatero, su colega turco, Tayip Erdogan, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon.

 

No todo el gasto de la remodelación, unos 20 millones de euros, se ha hecho con cargo a fondos destinados a remediar la pobreza en el mundo. Solo una parte. Es verdad. Exactamente medio millón de euros. Sin embargo, no deberían llamarse a engaño en Moncloa por el ruidoso debate abierto por el coste de la remodelación en general y de la cúpula del pintor Miquel Barceló en particular. Hay escándalo por una pieza que no encaja, la de la coherencia. Tal vez la más valorada por los ciudadanos respecto al comportamiento de sus gobernantes. Y en este caso, el dispendio no encaja en el discurso de la austeridad en tiempos de vacas flacas. Tampoco encaja en el de la cruzada contra la miseria en el mundo.

 

Todos somos cautivos de nuestro discurso. Los lectores también recuerdan al periodista sus contradicciones. Y hacen bien. Así es la vida. Zapatero va de abogado de los pobres del mundo. Hace unos días, en la cumbre de Washington, se empleó a fondo para lograr que las medidas reactivadotas del crecimiento económico se pusieran en función de la lucha contra el hambre y el cambio climático. Y eso, que merece la conformidad de todos, no se compadece con el gasto de una importante cantidad de dinero en decorar un local donde se trata de mejorar la situación de los derechos humanos en el planeta.

 

No debería sorprenderse Zapatero por el escándalo. Es lógico que la gente razone por comparación como método para explicarse lo que ocurre a su alrededor. Porque también sabe, o eso le cuentan, que el gobernante decide sobre un orden de prioridades, ¿Qué es más importante? ¿Salvar unas cuantas vidas en África o pagarle al decorador para embellecer la sala donde se decide el modo de salvar unas cuantas vidas en África? ¿Se podía haber encontrado un destino mejor para los seis millones de euros que, al parecer, ha percibido el pintor por la ya famosa cúpula?

 

Asunto de muy distinta naturaleza es la valoración artística de la obra de Barceló. Eso va en gustos, aunque sí tiene mayor interés la discusión sobre su perdurabilidad. Se trata de dejar una huella cultural de la España de hoy en el mundo de mañana. Podría ocurrir que el estilo de Barceló solo fuese un fogonazo brillante pero incapaz de resistir el paso del tiempo. En ese caso, también sería un dinero mal empleado.

 

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