BIOGRAFÍA
Antonio Casado.- 19/11/2008
Extinción de responsabilidades por fallecimiento. Brillante conclusión del juez Garzón para su viaje a ninguna parte. No deja de considerarse competente o, al menos, elude la cuestión en su elaboradísimo auto de ayer. Simplemente, se inhibe. Le quemaba el balón en los pies, aunque fue él quien lo puso en juego. Ahora se lo quita de encima. Lo despeja hacia la posición de los juzgados territoriales (apertura de fosas) y la del Ministerio de Justicia (comisión de expertos), dejando a sus escasos seguidores con dos palmos de narices.
Se inhibe un minuto antes de que le inhiba la sala de lo penal de la Audiencia Nacional, cuyos magistrados se identificaban mayoritariamente con las tesis del fiscal Zaragoza, contrarias al intento de forzar la judicialización de los crímenes del franquismo. Esa es la verdad. Garzón lo sabía. Su aventura no tenía recorrido y, como algunos dijimos en su momento, sólo podía conducir a la melancolía. En vez de justificar la admisión a trámite de las denuncias presentadas por una veintena de asociaciones de la memoria histórica, como le había pedido el tribunal superior, opta por el carpetazo antes de que el carpetazo se lo den a él.
Y no es que descarte responsabilidades penales de los cuarenta y cinco supuestos criminales de su lista negra. No. Los considera culpables de crímenes contra la Humanidad, pero la muerte les acercó al juicio final y les alejó del juez Garzón. Los cuatro generales -mamita mía, que se han alzado- y su cohorte de facciosos ya sólo pueden comparecer ante Dios y antes la Historia -últimos refugios de los truhanes-, no ante el Juzgado número cinco de la Audiencia Nacional. Qué le vamos a hacer, señoría, ¿tanto le ha costado comprenderlo?
Tal vez se resienta su imagen latinoamericana como martillo de dictadores y muñidor de comisiones de la verdad (Chile, Argentina, El Salvador, Guatemala…etc.). En aquellas tierras siempre le reprocharon su doble vara de medir en relación con los crímenes del franquismo y otros agujeros negros de nuestra propia memoria histórica. Por eso quería demostrar que también era capaz de hacer limpieza en la conciencia colectiva de los españoles, sobre la que aún pesa la memoria amarga de una guerra civil y una larga dictadura.
Por reforzar su imagen justiciera, incluso se pasó por el arco del triunfo un pacto de caballeros con la Fiscalía y con el Gobierno para haberse quedado en unas cuantas diligencias orientadas al carpetazo por falta de competencia. Pero, coreado por las asociaciones de la memoria histórica y el grupo de comunicación teóricamente más afín al Gobierno Zapatero, aunque esta vez a la contra de Moncloa, el juez Garzón se vino arriba con su inesperada y sorprendente apertura de una causa judicial por supuestos crímenes contra la humanidad.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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