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OPINIÓN

Rubalcaba déjà vu: una lectura en clave de poder de la detención de 'Txeroki'

BIOGRAFÍA

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

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Federico Quevedo 18/11/2008

¡Qué diferencia entre este Gobierno que detiene terroristas y aquel que, siendo el mismo, los ponía de patitas en la calle! Con todo, no crean que las tengo todas conmigo: tengo dicho, y lo mantengo, que el día que ETA vuelva a ofrecerle a Rodríguez la oportunidad de negociar el fin de esta locura, volverá a sentarse en la mesa con la pandilla de canallas, aunque imagino que su intención ahora es que los terroristas lleguen a esa situación mucho más debilitados. Un error, porque la otra vez ya estaban debilitados y, sin embargo, seguían teniendo capacidad para matar y ahora volverá a ocurrir lo mismo. Pero, mientras eso llega, bienvenido sea este Gobierno a la lucha sin cuartel contra ETA, y felicidades a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado comandados por el ministro Rubalcaba por su brillante labor en la detención del máximo dirigente de ETA. No cabe otra cosa que congratularse y desear que la justicia actúe rápido y este canalla acabe con sus huesos en una celda. Si fuera de por vida, mejor, pero por desgracia el Estado de Derecho les ampara, aunque los próximos cuarenta años a la sombra pueden resultarle una eternidad a este sinvergüenza.

 

Dicho esto, la detención del sanguinario Txeroki me lleva a otra reflexión. Desde hace varios meses, incluso desde antes de las elecciones, pero con mayor intensidad después, asistimos a una batalla larvada por el poder en el seno del Gobierno, entre el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. De hecho, podría decirse que el Gobierno descansa sobre dos resortes de poder: uno el capitaneado por la vice, en el que se englobarían los ministerios más sociales y el partido dirigido por Squeeze, y otro que lidera Rubalcaba, en el que se encuentran los ministerios de más peso político, como Defensa, Economía, Trabajo e, incluso, Exteriores. Parece evidente que Rubalcaba quiere hacerse con el control del Gobierno, un Gobierno que navega en muchas ocasiones a la deriva, sin dirección política, porque su presidente parece dedicado a moldear su imagen personal en lugar de ocuparse de los problemas del país. Así, mientras el equipo de De la Vega se dedica a la demagogia, el oportunismo y las recetas de todo a cien, el de Rubalcaba es el único que, al menos por ahora, presenta resultados concretos, y en muchas ocasiones positivos, como la detención de Txeroki.

 

Que Rubalcaba busque el control del Gobierno no es nuevo. Sus modos y maneras siguen siendo los de antaño, cuando era portavoz del Gobierno con Felipe González. De hecho, a la propia De la Vega debería de traerle recuerdos de otros tiempos. Pero, siendo sinceros, entre la efectividad de Rubalcaba y el talante demagógico y autoritario de la vice, me quedo con el primero: al menos detiene etarras. Pero, si fuera Rodríguez, comenzaría a preocuparme, porque tengo para mí que las intenciones de Rubalcaba van más allá del control de este Gobierno y lo que en realidad está haciendo es empezar a trabajar una candidatura alternativa a la de Rodríguez por si acaso. El ‘por si acaso’ tiene su primer examen en las europeas de junio, donde el PSOE puede sufrir su primera derrota. De hecho, todos los analistas miran hacia Rajoy de cara a esa cita, pero si el PP gana donde pueden empezar a surgir problemas no es en Génova, sino en Ferraz. Y si se fijan ustedes en las encuestas, ya hay un nombre que sobresale sobre el resto, y sobre el propio Rodríguez, con notable diferencia: la ministra de Defensa, Carmen Chacón.

 

Les recuerdo, aunque supongo que no hará falta, que Chacón es casi un ‘alter ego’ de Rubalcaba y que, a pesar de los altibajos de la relación entre ambos, sigue habiendo un nexo político que los hace inseparables. La ministra lo está haciendo muy bien, para que vamos a negarlo, aunque desde el punto de vista de la oposición sea muy criticable esta conversión de última hora al belicismo y ya nos proponga el envío de más tropas a Afganistan en un ejercicio de triple salto mortal de hipocresía. Pero, dicho eso, lo cierto es que ha conseguido convencer al Ejército de que una mujer puede ser su mando, ha tenido gestos muy apreciables de acercamiento al estamento militar que han sido apreciados por éste y su imagen alcanza cotas de popularidad difíciles de alcanzar. De hecho, sería una candidata a la Presidencia del Gobierno difícilmente abatible, hoy por hoy, y probablemente la única alternativa que le quede al PSOE de volver a ganar las elecciones si la situación económica sigue torciéndose como lo está haciendo y seguirá haciendo previsiblemente durante un periodo largo de tiempo.

 

Chacón es la apuesta de Rubalcaba, y aunque ahora parezca prematuro, a medida que el ministro acopie poder y credibilidad con gestos como el de ayer, puede acabar siendo una seria amenaza al liderazgo de Rodríguez y ese sector de su partido que basa toda su estrategia en el más absoluto de los relativismos. En ese sentido, la detención de Txeroki pone sobre la mesa dos maneras de hacer política, una seria y efectiva que es la que lideran Rubalcaba-Chacón, y otra efectista pero ineficaz que es la que proponen De la Vega en el Gobierno, Esqueeze en el partido y Tippex en la Fundación Ideas. Rubalcaba es consciente de que en estos tiempos de crisis la demagogia y el relativismo tienen poco futuro, y por el contrario la ciudadanía se aferra a políticos que ofrecen resultados en su gestión. Hoy –ayer-, Rodríguez pudo vender la detención de Txeroki como un éxito de su Gobierno, pero a la larga que Rubalcaba acumule éxitos como este puede traerle más problemas que otra cosa.

 

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