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OPINIÓN

Buenas intenciones y grupos de trabajo en la cumbre mundial contra la crisis

BIOGRAFÍA

Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Canal Nou. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.

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Antonio Casado.-  17/11/2008

La lectura del documento final de la cita reconstituyente de Washington desmiente, como no podía ser de otro modo, a quienes pudieran haber tenido la impresión de estar asistiendo a los funerales del Capitalismo. Los principios de libre mercado, libertad de empresa y respeto a la propiedad privada, gozan de buena salud. Bajo el imperio de la ley, faltaría más. Tampoco se olvida el toque social de estos gobernantes con mando en plaza. Nada menos que el 90 % de la economía mundial y más de dos tercios de la población del planeta, representados en el G-20, que finalmente fue el G-23, con los añadidos de España, Holanda y Chequia.

Entre col y col, la prosa voluntarista de los conjurados sugiere una vaga nivelación de crecimiento económico y reducción de la pobreza como objetivo de la cruzada. Una forma de demostrarlo con hechos sería la aplicación efectiva de esa aparente disposición de los países más ricos a permitir la libre circulación de mercancías de los países más pobres. Por ahí van las expresiones de renuncia al proteccionismo. Y algún párrafo dedicado a los llamados objetivos del Milenio (ayuda al desarrollo para sacar de la pobreza a más de media humanidad). Han sido tantos los gatillazos, que está por ver si ahora los poderosos van más en serio. Así debería ser, por la cuenta que les trae.

En cuanto una cierta tensión de vísperas, por los recelos americanos ante la propensión intervencionista europea, pelillos a la mar. Todo muy previsible. La prosa diplomática complace a la UE: que la libertad de mercado no se convierta en libertinaje. Y, por supuesto, complace a EEUU: que el freno al libertinaje no se confunda con el acelerador del intervencionismo, pero ¿cómo explicar que las economías más intervenidas han aguantado mucho mejor el chaparrón? Tal vez Hu Jin Tao (China) no pudo disimilar la risa floja como representante de un modelo estatalista y superregulado que le permite mirar por encima del hombro a las economías occidentales en recesión o al borde de la misma.

El caso es que se acepta genéricamente la necesidad de mejorar los mecanismos de control y supervisión, como quería la UE, pero se evitará la sobrerregulación –“que podría dañar el crecimiento”, se lee-, en línea con las posiciones de EEUU. Y Zapatero, por cierto, no logra su sueño de lograr un organismo regulador a escala global, al ver como el documento establece claramente que “la regulación es primero, y ante todo, responsabilidad de los reguladores nacionales”, aunque, por supuesto, se inste la cooperación internacional en ese terreno.

Por lo demás, el documento de la reunión de este fin de semana en Washington viene a ser un catálogo de intenciones con creación de grupos de trabajo sobre los grandes desafíos. En definitiva, reactivación de la economía con mayor control de los sistemas financieros, entre coordenadas de respeto a la democracia y al libre mercado, en un marco multilateral.

Esta apuesta por el multilateralismo nos pone en la pista sobre el incierto futuro de EEUU como potencia dominante. No solo en el terreno económico, donde potencias emergentes como China, Rusia o los países del Golfo han comprado ingentes cantidades de bonos americanos. También en el político, en el que vemos a Sarkozy sacando las castañas del fuego a Bush (Rusia frena su respuesta al escudo antimisiles) y a Medvédev (o sea, Putin) haciendo lo que le da la gana en Georgia. Por no mencionar a Hugo Chávez que, en el patio trasero de EEUU,  se mofa a diario de Bush.

Mientras crece la sensación de que el mundo ha dejado de ser unipolar, el mundo vuelve a mirar hacia Washington con la esperanza asociada a la fecha del 20 de enero (toma de posesión de Obama), en relación con la próxima cita de los gobernantes del mundo, dentro de cien días. Esa será la cita decisiva. En la del fin de semana, las respuestas a la actual crisis dejaron demasiados puntos suspensivos en los márgenes del documento oficial.

 

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