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OPINIÓN

Zapatero en las exequias del capitalismo

Jesús Cacho.-  16/11/2008

La idea parecía buena: reunir a los líderes de las 20 mayores economías, más algún infiltrado, para acordar un plan de acción destinado a frenar en seco la crisis financiera mundial. No pocos compararon la importancia de la cita de Washington con la célebre reunión de Bretton Woods en 1944. Con el paso de los días, sin embargo, las expectativas han ido decayendo hasta el punto de que, a expensas del comunicado de anoche, todo apunta a que la cita quedará convertida en un acontecimiento más simbólico que práctico. La solución está en manos del futuro equipo económico del nuevo presidente Obama. Una pena para Rodríguez Zapatero. El nieto del capitán Lozano acudía a la capital yanqui dispuesto a asistir a las exequias del capitalismo. Hay quien dice que José Luis llevaba en su maleta la partitura completa de la Misa de Réquiem en re menor de Mozart, muy adecuada para funeral de tanto rango, y que incluso había hecho gestiones a través de Moratinos para que Sonsoles pudiera lucirse como soprano solista en el instante solemne en que el coro ataca el dies irae. Por suerte para todos, el muerto goza de una pésima salud de hierro y no será él quien lo entierre.

También hay quien dice que, hombre ambicioso donde los haya, el presi ha intentado en los últimos días mejorar su inglés a uña de caballo para, más allá del ya célebre in the last time of the government, every day bonsay con que en 2006 espetó a Schröder y Chirac, poder vender en Washington con la necesaria soltura de pico la maravilla de Banco de España (BdE) que tenemos, el mejor del mundo, gracias a cuyo buen hacer España puede presumir de tener el sistema financiero más sólido del mundo. Porque de eso iba fundamentalmente este viaje. En la antigua sede del Palacio del marqués de Alcañices ha sorprendido, por eso, que ZP no se haya llevado a Washington a Miguel Angel Fernández Ordóñez, de los Fernández Ordóñez de toda la vida, más conocido por MAFO, siendo así que se trataba de exportar la dureza y eficacia de los servicios de Inspección, la limitación de las titulizaciones, la obligación de acometer reservas genéricas, y tantas otras cosas que han convertido a nuestras Cajas y Bancos en una sólida isla que, cáspita, ya estamos tocando las narices, ha requerido un plan de salvamento equivalente al 15% del PIB español.

MAFO no ha viajado a Washington, y en algún rincón de la calle Velázquez de Madrid, en la sede de la Asociación Española de Banca (AEB) un hombre austero y discreto, duro como el pedernal, arisco incluso, honesto a carta cabal, andará estos días muerto de risa o a punto de romper en llanto constatando en su pellejo la gran mentira de la política, el gran teatro del mundo, la quimera del dime de qué presumes y te diré de qué careces. Porque, digámoslo por derecho: nada más tomar posesión, junio de 2006, el señor MAFO, con el aplauso de la gran banca, puso manos a la obra para cargarse esas provisiones genéricas de las que ahora tanto presume el banco y el Gobierno, y desde luego se cargó al hombre que las mantuvo contra viento y marea: el ex director general de Supervisión, Pedro Pablo Villasante.  

Fue Raimundo Poveda, ex director general de Regulación, quien a finales de 1999 sacó a flote un nuevo tipo de provisión anticíclica capaz de incrementar las reservas de bancos y cajas en época de vacas gordas, de modo que, además de la provisión especifica obligada cuando se produce un impago, las entidades quedaron obligadas a dotar otra provisión genérica que en algún momento se denominó también actuarial, tomando prestado de la técnica aseguradora un término que, en definitiva, significa lo mismo que provisión estadística. De nuevo la parábola de la cigarra y la hormiga. Una cigarra travestida de banquero, a quien molesta sobremanera tener que dotar una provisión adicional que, al obligarle a hacer hucha, le impide gallear a gusto con los beneficios obtenidos.  

En julio de 2000, el nuevo gobernador del BdE, Jaime Caruana, situó a Villasante al frente de la dirección general de Supervisión, cargo que él mismo venía desempeñando. Un tipo curioso este Pedro Pablo, trabajador infatigable y enemigo radical de la spanish componenda. Es natural que, con tales virtudes, el susodicho terminara enfrentado a la mayor parte del banco. Villasante, además, partía con un hándicap casi imposible de superar cuando del BdE se trata: no pertenecer a la cuadra que con su infinita sabiduría amamanta el ex gobernador Luis Angel Rojo (LAR), hoy acogido al momio del Banco Santander, un hombre venerado por los economistas de izquierda. Y es que el BdE es el solar donde reinan los chicos del profesor Rojo, todos, o casi, titulados del Servicio de Estudios, su verdadero fortín. Hay que asegura que en el BdE todavía hoy no se hace cambio o relevo de cierta importancia que no goce del visto bueno de Rojo.  

De modo que a Villasante le toca pelear contra la presión de bancos y cajas, fundamentalmente de la gran banca, deseosos todos de dinamitar la norma. Una guerra tan constante como sorda, larvada, porque el ejército de inspectores que, siguiendo sus órdenes, desembarca con regularidad en las entidades causa muchos quebraderos de cabeza, son muy tocapelotas, preguntan por todas las operaciones raras, y exigen incluso que determinados beneficios “no me los lleves a Cuenta de Resultados, sino que me los vas a poner aparte, me los colocas en una hucha”, otra huchita, una más…  En apoyo del argumentario de los banqueros vinieron las normas de Basilea II, que relajaban el nivel de exigencia en cuanto a reservas, así como la entrada en vigor de las nuevas Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF). La pelea subterránea era tan fuerte que tanto BBVA como Santander, cotizados en Wall Street, se atrevieron a poner en evidencia ante la SEC el insoportable celo del BdE.

MAFO trae la esperanza a los banqueros

Y en esto ocurrió que el PP perdió el poder en marzo de 2004. Los bancos redoblaron entonces sus presiones, aunque tendrían que esperar a que, en junio de 2006, MAFO tomara el relevo de Caruana al frente del BdE. Y la gran banca descorchó su mejor champaña, pensando que con él, economista competente y militante del PSOE, las cosas serían distintas. Una de las primeras iniciativas que tomó MAFO nada más llegar al caserón de Cibeles fue hacer saber que contaba con todos los hombres de Caruana (excepción hecha del vicepresidente, obligado también a abandonar su cargo), menos con Villasante, el tipo recto cual vara de fresno, negado para la apaño. Al abandonar la vicepresidencia que había ostentado con Caruana, Gonzalo Gil, pata negra del club de los poetas vivos de LAR, dejó escrito en su testamento que había que acabar con Villasante. Ahora es consejero del Banco Pastor, donde seguro no le faltará trabajo ni motivos para la preocupación. Otro tanto reclamó su amigo José María Roldán, eterno director general de Regulación y curioso caso de pepero experto en colocarse a la sombra del sol que más calienta.  

Y Villasante se vio de pronto encerrado en un despacho y mano sobre mano, hasta que Miguel Martín, ex subgobernador y a la sazón máximo responsable de la AEB, se acordó de él y le reclamó, después de pedir el nihil obstat de Alfredo Sáenz, que es hoy quien manda, por delegación, en las cosas del BdE. Al frente de la dirección general de Inspección, clave del arco de todo el edificio del BdE, MAFO colocó a Francisco Javier Aríztegui, licenciado en Filosofía y Letras y Económicas, y último retoño de la escudería LAR (titulado del Servicio de Estudios), un hombre que todavía hoy sigue empeñado en llegar a poder interpretar un día unos estados contables. E inmediatamente se relaja la labor de inspección, para contento de bancos y no digamos de Cajas, que con MAFO han campado a su antojo por el empedrado inmobiliario español. No sólo se relaja, sino que surgen intensos debates en torno al modelo de valoración de activos y pasivos denominado fair value o valor razonable. Peor aún, el propio MAFO encabeza un movimiento dispuesto a cargarse la provisión genérica que todo el mundo parecía detestar en Cibeles y alrededores, y de hecho en el banco se inicia un proceso de revisión a fondo de toda la circular contable.

La impresión generalizada en el antiguo banco emisor es que MAFO se hubiera cepillado la provisión genérica –como ha querido cargarse las oposiciones al Cuerpo de Inspectores-, de no haber sido porque, a principios del 2007, los servicios de estudios más reputados, y obviamente el del propio BdE, empezaron a otear en el horizonte la negra nube de la crisis financiera mundial. La situación actual de la institución no puede ser más curiosa. “Penosa”, aseguran dentro. Un MAFO que no se fía ni de su sombra, solo preocupado por proteger al Gobierno y mitigar en lo posible los daños electorales que la crisis pueda producir al PSOE. Un nuevo subgobernador de impresionante currículo, José Viñals, pero volcado en su faceta internacional, tal vez para huir de una relación con MAFO manifiestamente mejorable. Un Ariztegui que está de chico de los recados, y que en febrero pasado, plena campaña electoral, criticaba al PP por “sembrar, sin ninguna base, una inquietud injustificada sobre la salud de las entidades financieras españolas, que están en una posición sólida para superar la actual coyuntura”. Y unos inspectores, en fin, divididos entre los que abrieron la mano en la inspección y los que siempre pensaron que Pedro Pablo Villasante tenía razón.

 

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