LIBROS
Tras los pasos de un médico rural
@María José S. Mayo - 15/11/2008

UN HOMBRE AFORTUNADO

Autor: John Berger.
Editorial: Alfaguara.
Páginas: 185.
Precio: 18,50 €.
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John Berger se ha convertido en una de las voces esenciales para comprender el estado de nuestra sociedad. Ya sea como novelista –G., Puerca tierra o King, son buenas muestras-, como ensayista –su obra Modos de ver es uno de los textos clave para estudiantes y especialistas en arte-, o incluso como poeta, su trabajo ha servido de enorme inspiración a multitud de intelectuales y otras gentes inquietas, que ven en él a un hombre que combina a la perfección compromiso y reflexión.
Se publica uno de sus libros menos conocidos, Un hombre afortunado, una novela de 1967 en la que el escritor londinense plasmaba el seguimiento que realizó, ayudado por la fotógrafa Jean Mohr, de John Sassall, un medico que desarrollaba su profesión en una comunidad rural. A través de estas bellas páginas, Berger hace un estudio minucioso de los elementos que entran en juego en el desarrollo de su trabajo, así como los detalles de las relaciones que establece con esos pacientes. También se centra en el que en un futuro será uno de sus temas favoritos: los entornos humildes, deprimidos.
La historia comienza con una serie de casos en las que queda demostrada su profesionalidad y su espíritu perfeccionista. Pero poco a poco el texto sirve de rica reflexión apoyada por referencias a Conrad, Gramsci, Piaget o Sartre sobre el papel del galeno en ese ámbito rural . Resulta especialmente significativa su visión de la profesión comparable a esa vida en el mar que tan bien retrató Conrad, al que Sassall adora desde niño: “Es como si el tiempo se transformara en el equivalente del mar de Conrad, y la enfermedad en el equivalente de las condiciones meteorológicas. Es el tiempo, el paso del tiempo, el que puede prometer `la paz de Dios´ y el que puede azotar y destruir con una furia `inimaginable´” (p. 136). A lo que añade: “Puede parecer que controla el tiempo, de la misma manera que, en ocasiones, el marino parece gobernar el mar. Pero los dos, el médico y el marino saben que no es más que una ilusión” (p. 137).
Berger dibuja un retrato cuidadoso y comprensivo apoyado en la emotividad de las imágenes de Jean Mohr, capaces de respaldar efusivamente lo contado. A su vez también logra a través de la rica personalidad de este buscador del conocimiento, este científico enfrentado a la subjetividad de las personas, trazar certeros apuntes del choque entre el señorito culto y el analfabeto, y el modo en que ambos encuentran la manera de entenderse.
Un hombre afortunado es quizá una novela menor, un trabajo humilde dentro de una bibliografía llena de grandes escritos, pero sabe apuntar con un lenguaje hipnótico y una sensibilidad irresistible las contradicciones que pueblan el alma humana, algo que refrendará un epílogo escrito años después en el que se sabe qué pasó con el personaje. Los caminos de la vida son inesperados.
LO MEJOR: Aquellos momentos en que Berger habla de la confrontación con la vida rural y el mundo de la infancia.
LO PEOR: A veces perdemos al personaje.
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