BIOGRAFÍA
Federico Quevedo.- 15/11/2008
Por fin. El presidente Rodríguez llegó el viernes a Washington para participar de prestado en la Cumbre del G-20. Por primera vez en más de cuatro años, habrá cenado en la Casa Blanca, y todo gracias al amigo Sarkozy que nos ha colado en la fiesta a ver si Rodríguez encuentra una chica mona, mientras las empresas energéticas españolas se tientan los machos pensando en cuál será la primera en caer en las garras públicas de EDF como pago por los servicios prestados a la causa del yo soy aquel emprendida por Rodríguez como corolario de una de nuestras peores pesadillas. Pero, en fin, allí está este fin de semana Rodríguez, dejando bien alto el pabellón español al otro lado del Atlántico. Lo digo de coña, claro. Lo cierto es que cabe esperar muy poco de la aportación de Rodríguez a la cumbre. Si acaso, lo más previsible es que como se esmere en dar la nota haga el mayor de los ridículos y a los españoles nos ponga en evidencia. La cumbre de Washington no va a aportar en esta primera toma de contacto grandes avances, a decir de la opinión de los expertos, pues da la sensación de que lo primero que hará este grupo de economías desarrolladas y emergentes es intentar un consenso en torno al análisis de las causas de la crisis, y formular unos principios generales sobre los que ponerse a trabajar en comisiones de cara a futuros encuentros de la cumbre en los que, una vez que España ha participado del primero, parece lógico que se siga contando con nuestro país para que luego De la Vega pueda sacar pecho en las ruedas de prensa y se ponga el mundo por montera (a mí, desde luego, me produce vergüenza ajena, pero es lo que hay).
¿Qué vamos a aportar? Podría ser mucho, pero lo cierto es que las rondas de contactos del propio Rodríguez, sus declaraciones y los documentos que previsiblemente le van a servir de apoyo a su intervención son bastantes poco esperanzadores. Desde el mismo momento en que se supo que España estaría, finalmente, presente con voz propia en Washington, las declaraciones del presidente y de sus acólitos han dejado mucho que desear. Es evidente que Rodríguez utiliza su presencia en la cumbre, no como una oportunidad para España, sino como una oportunidad para sí mismo, y eso se trasluce en un planteamiento absolutamente demagógico y paternalista, por completo ausente de cualquier idea razonable y sería de las muchas que un país como el nuestro podría aportar en una cumbre que lejos de ser la que reinvente el capitalismo, como en un principio algunos líderes mundiales quisieron hacer creer, para lo que va a servir es para poner coto a algunos excesos del mismo y, si los dirigentes mundiales son listos, a los excesos de la intervención del Estado en la economía, aunque me temo que no van a ir por ahí los tiros. No parece, sin embargo, que ninguno de los países presentes con verdadera vocación de liderazgo mundial vaya a proponer una revisión del capitalismo en el sentido de un cuestionamiento del mismo para introducir mayores reglas intervencionistas. Ni tampoco es previsible que se abra un proceso a las políticas desreguladoras en la medida que si los análisis son correctos, han sido precisamente los organismos regulatorios y su capacidad de intervención los que se han situado en el origen de esta crisis financiera.
Bueno, perdón. Es posible que la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, o el brasileño Lula da Silva, mantengan una posición en ese sentido, pero no parece que esa vaya a ser la postura de la Unión Europea. ¿Y la nuestra? Pues eso es lo curioso. Si nos atenemos al informe que el vicesecretario general del PSOE, Pepiño Squeeze ha encargado para la ocasión y que supuestamente va a utilizar Rodríguez, es para echarse a temblar –por cierto, ¿a quién representa Rodríguez, a todos los españoles o solo a los que le han votado a él? Si es lo primero, ese informe de Ferraz sobra, y si es lo segundo entonces que no vaya-. No solo no se hace ninguna aportación razonable, sino que además el citado informe responde a un ejercicio de estreñimiento mental que lleva a sus autores a cuestionar las políticas liberales llevadas a cabo en el mundo desarrollado a partir de los mandatos de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, políticas a las que, muchos años después, se sumaría en España el presidente Aznar, y que tanto progreso y desarrollo han traído a occidente. Hemos pasado de la terrible foto de las Azores -Bush-Blair-Aznar-, a la catastrófica entente liberal: Reagan-Thatcher-Aznar, con el ex presidente español como nexo de continuidad de todos los grandes males que atenazan a la humanidad.
¡Hombre! Hasta aquí podríamos llegar. ¿Y ésto es lo que va a defender Rodríguez en Washington? Pues estamos listos. La capacidad que tienen estos chicos del PSOE para borrar de un plumazo años de historia, es francamente sorprendente, aunque teniendo en cuenta que el informe lo elaboró la Fundación Ideas que dirige Tippex Caldera, todo se entiende mejor. O sea, la culpa de esta crisis la tienen Reagan, Thatcher y Aznar por hacer políticas ultraliberales en sus países en los que nunca gobernó nadie más que ellos, según parece. Es decir, ni Felipe González, que fue el primero en iniciar el proceso de privatización del sector público español, gobernó en España, ni lo hizo el demócrata Clinton en Estados Unidos, ni el laborista Blair en Gran Bretaña. Y, por supuesto, ninguno de estos mantuvo vigentes esas mismas políticas de liberalización. Es más, si tan terrible ha sido la herencia liberal de Reagan-Thatcher-Aznar, ¿sería tan amable el señor Rodríguez de decirnos exactamente qué es lo que ha hecho él en estos años que nos lleva gobernando, que por desgracia no son pocos, para retrotraernos al modelo socialdemócrata e intervencionista que tanto defiende? Nada. Absolutamente nada. Es más, si algo ha hecho este Gobierno ha sido, precisamente, favorecer a los ricos eliminando el Impuesto del Patrimonio. Muy socialdemócrata no parece la medida, la verdad.
¿Saben cuál es el problema? Que estos chicos no entienden que una cosa es la política interna, su necesidad de mantener vivo el fuego de los votos de la izquierda radical y, por lo tanto, su permanente recurso al paternalismo totalitario y la demagogia barata, y otra bien distinta acudir a un foro internacional a debatir cuestiones serias y con sentido común. En otros momentos me hubiera tranquilizado la asistencia a la cumbre de Pedro Solbes, pero tal y como están las cosas tengo la sensación de que hace tiempo que el vicepresidente tiró la toalla de la sensatez. Acudir a la cumbre de Washington llevando como aportación el informe Tippex-Squeeze, resulta enormemente descorazonador, al menos para quienes creemos que estas cosas son importantes y que un Gobierno como el español debería tomárselas más en serio. La crisis financiera no solo no tiene su origen en las políticas desreguladoras de Reagan y Thatcher, sino que, más bien al contrario, fue el monetarismo impulsado por el tándem Clinton-Greenspan el que puede situarse en el origen de la ecuación intervención+despropósitos financieros=crisis. La defensa de un análisis tan pobre y tan rematadamente demagógico como el que supuestamente va a exponer Rodríguez en la cumbre, nos deja en muy mal lugar, y hace muy difícil que podamos seguir insistiendo en la necesidad de la presencia de nuestro país en los grandes foros. Porque, en la siguiente cumbre que vamos a hacer, ¿echarle la culpa a Adam Smith?
OPINIONES DE LOS LECTORES,
0 COMENTARIOS