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OPINIÓN
TRIBUNA ,  

Obama ha seducido a mi hija

Rafael Pola*.-  14/11/2008

Eran las ocho de la mañana del miércoles pasado cuando, repentinamente, resonó en toda la casa un inquietante y tremendo ¡¡papá, papá, papá!!. Mi hija me llamaba a voz en grito desde su habitación. Segundos después, Beatriz aparecía en la cocina entre agitada, sorprendida y eufórica diciéndome que había ganado Obama. “Es verdad, lo acabo de ver en el messenger”. No me daba ninguna información nueva sobre las elecciones de EE.UU. porque yo ya me había acostado conociendo la victoria del candidato demócrata. Lo que sí me llamó poderosamente la atención y me hizo reflexionar, es que una niña de 14 años mostrase ese inusitado interés por el resultado de unas elecciones políticas y que su canal de información no hubiera sido ni la radio, ni la televisión, sino el ordenador. A mi hija, como a casi todas las adolescentes de 14 años, le atraen intensamente los espejos, las tiendas de Zara o hablar constantemente por teléfono. También le preocupan los granitos, el conflicto de cada día con su mejor amiga y que sus padres la dejen en paz de una vez. Le interesan todas esas cosas y algunas más, pero entre ellas no había figurado, hasta ese día, ni la política ni los políticos. ¿Qué es lo que había pasado entonces? ¿Cómo era posible ese repentino e intenso interés por algo que nunca antes le había producido la más mínima curiosidad?

 

Volví a repasar la reacción de Beatriz y lo que me había dicho exactamente, tratando de comprender mejor el asunto y poder sacar alguna conclusión. En el inesperado incidente matinal había varios datos de interés:

 

A) Por el entusiasmo con el que había vivido la noticia, era evidente que, para mi hija, la victoria de Obama era algo importante, que además le producía una indudable satisfacción.

 

B) El medio por el que lo había conocido no era ni la tele, ni la radio, era a través del ordenador y

 

C) Su información no provenía de ningún soporte informativo digital, sino del Messenger, una comunidad social de la red.

 

Me pareció que en este leve episodio familiar había bastantes cuestiones sobre las que merecía la pena ahondar y reflexionar un poco.

 

En cuanto a la noticia en sí, estaba claro que el personaje y su mensaje habían llegado e influido claramente en mi hija. Recuerdo que en el desayuno le pregunté ¿pero, por qué estás tan contenta con la noticia? Lo que me vino a decir, más o menos fue lo siguiente: “Él es diferente. Dice cosas que son distintas y mejores y parecen verdad. Además tiene una  pinta estupenda y una voz preciosa”. En su escueta respuesta, estaban casi todas las claves del éxito de Obama y de su  campaña electoral.

 

Más allá de la lógica esperanza que encarna el personaje y su discurso de cambio en un momento y en un mundo global descreído y necesitado de ilusiones renovadas, Obama representa también algo sorprendentemente nuevo, que nadie esperaba y que, por tanto, atrae la atención de todos (adolescentes incluidos). Sus ideas son claras y sencillas y por ello, potentes y universales. Pero si el mensaje resulta indudablemente poderoso y convincente para todos, la forma de transmitirlo es, además, rotundamente cautivadora. Este joven y formidable político con el atractivo y la elocuencia de un Kennedy, la fuerza de convicción del mejor Luther King y la elegancia de un modelo de Armani, resulta absolutamente seductor. No es extraño, por tanto, que el personaje interese y atraiga por igual a mi hija de 14 y a mi padre de 83. Lo cual, sin embargo, no deja de ser también sorprendente.

 

Trasladadas a nuestro negocio, las enseñanzas que se pueden sacar de la anécdota de Beatriz, seguramente no harán nada más que reconfirmarnos cosas que ya sabemos, pero que, no obstante, conviene tener siempre muy presentes.

 

1) Las grandes ideas siempre son posibles y siempre consiguen grandes cosas.

 

2) Las grandes ideas, para que resulten realmente poderosas y universales, deben ser sencillas, distintas e ilusionantes.

 

3) Las grandes ideas se originan, se amplifican, se contagian cada vez más a través del mundo digital y de los iguales (Obama inició su campaña en Google y mi hija se enteró de su victoria a través de una comunidad de la red).

 

4) Las grandes ideas se convierten en imbatibles si se transmiten racionalmente de forma fuertemente convincente y emocionalmente, de manera irresistiblemente seductora.

 

5) Las grandes ideas alcanzan el éxito total si, finalmente y por añadidura, además nos llegan o se nos presentan “empaquetadas” en la forma más atractiva y cuidada posible.

*Rafael Pola es experto en publicidad y CEO del Gupo Publicis España

 

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