Ana Rous y el ERE voluntario del Tío Gilito

Allí estaba sentado el Tío Gilito en medio del plató, en un sofá de escay blanco que eligió la propia Ana Rous el otro día en Ikea, contando sus penas de prejubilado anticipado, con pose impostada de abuelete cebolletoide. “Hola soy Sardá y estoy encantado de haberme conocido”. “¿Qué tal? Yo soy Ana Rous y me pasa exactamente lo mismo”. Y ambos se tiraron media hora de reloj con el mismo sainete yoísta y onanista a partes iguales. Primero tú me la tocas a mí, luego yo te la tocó a ti y para terminar cada uno toca la suya. Alto voltaje matinal para regocijo de la asociación de amas de casa de Teruel.
Este Sardá es un tío grande. Un geta con clase. Se persona en un paltó con todo el morro del mundo para reivindicar su adhesión voluntaria a un ERE perpetuo que le impide dar un palo al agua desde que decidió abandonar la nave espacial en la que se cubrió de gloria; aquellas Crónicas Marcianas que le van a dar de comer toda la vida. “Sí a mi edad yo quisiera trabajar todos los días y cada vez más, sería un acaparador”, afirmó. Y en ese momento todos los acaparadores de cincuenta años que hay en la otra España, la que no sale en la tele, se metieron pa’ el cuerpo un chupito de lejía y le rieron la gracia.
“Ahora, tienen que subir los jóvenes, los que tengan nuevas ideas, los obamas, los nuevos, que suban y la televisión cambie". Y mientras el gurú del entretenimiento catódico decía estas palabras, Ana Rous le miraba como mira el águila real a la pobre serpiente en los documentales de La2. Porque Ana Rous, que ha cumplido también la cincuentena, no se despega de Telecinco ni con agua caliente.
De cincuentón a cincuentón, Ana Rous y Sardá discutieron sobre si las canas del pubis salen antes o después de las de la cabeza, un tema a todos los efectos fundamental para el devenir del universo, al menos del universo en el que uno y otro habitan. “Yo no tengo vulva pero tengo pubis…Tengo muchas más canas aquí que abajo, debe ser por el sol. Toca más aquí", dijo Sardá. Y ella sonrió.
También hablaron de Obama, de Bush, de la Reina… Porque se ha instaurado en la televisión una nueva forma de hacer periodismo en la que cualquier interlocutor es válido lo mismo para un roto que para un descosido. Fue Santiago Carrillo a La Noria el pasado sábado, y se le preguntó al buen hombre acerca de la crisis económica. Fue Sardá ayer a El Programa de Ana Rous, y se le preguntó por el moldeado años 30 de Pilar Urbano. Y acabará Yola Berrocal haciendo una sección diaria en el informativo de Piqueras llamada ‘Preguntemos al oráculo’. Como si lo estuviera viendo.
Hay que reconocer eso sí que, a sus cincuenta primaveras, Sardá conserva un sentido del humor envidiable: “Yo trabajar cada día ya no; semanal veo que me cuesta, no lo sé. Yo quiero ser tertuliano. Tertuliano por fax. (…) Pilar Urbano es tan pequeñita de cara que queda sólo peinado”. ¡Menuda chispa se gasta el Tío Gilito! Debe ser que trabajar poco fomenta el buen humor y trabajar mucho la mala baba. A la vista está que un servidor necesita unas vacaciones. ¡Ya!
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