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Obama y los lobos

@Carlos Sánchez - 05/11/2008

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La victoria de Obama tiene una primera lectura. El voto ‘antibush’ -y por extensión el voto contra todo lo que el todavía presidente de EEUU representa-, ha funcionado de forma eficaz. No es para menos teniendo en cuenta que estamos, probablemente, ante el peor presidente de EEUU, incluso por encima de Richard Nixon, lo que explica que vaya a salir por la puerta de atrás como ningún otro mandatario de la nación más poderosa de la tierra lo ha hecho. Su lamentable gestión ha sido capaz de aglutinar a una vasta y variopinta amalgama de demócratas, ecologistas, izquierdistas, inmigrantes, defensores de los derechos civiles, intelectuales de derecha e izquierda y hasta republicanos desencantados con el tejano, a quien lo único que realmente le ha salido bien en los últimos ocho años -muy a su pesar- ha sido haber articulado políticamente tanta inquina hacia su gestión.

 

Sería injusto, sin embargo, achacar la victoria de Obama a las ganas que tenían los ciudadanos de EEUU de que Bush saliera de la Casa Blanca. Obama será coronado el próximo 20 de enero por meritos propios. Pero sobre todo por representar un nuevo estilo de hacer política. Más cercana a los ciudadanos y sin haberse cobijado bajo el paraguas protector de los profesionales de la cosa pública, representados por Hillary Clinton. Ahí radica la fuerza de Obama, un líder que ha ido de abajo a arriba y no al revés, como le ha sucedido a la senadora de Nueva York. Esta estrategia de crear grupos de apoyo a su persona y a su programa ya le dio buenos resultados en su asalto  a la revista de leyes de la Universidad de Harvard, y ese esquema, aunque con una dimensión considerablemente mayor, es el que básicamente ha mantenido en los últimos 21 meses de primarias y campaña electoral.

 

Se trata, por lo tanto, de un líder que ha aprovechado como nadie el ‘boca a boca’, el contacto directo con los electores, un viejo instrumento de la mercadotecnia política que los aparatos electorales de los grandes partidos suelen despreciar. Internet ha hecho el resto con su capacidad de multiplicar las ideas políticas hasta hacerlas llegar a los lugares más recónditos de la red. Miles de ciudadanos históricamente desinteresados por las elecciones estadounidenses han visto en Obama el cauce más adecuado para canalizar sus inquietudes, que no necesariamente tienen que coincidir con las que emanan de las grandes formaciones políticas.

 

Sin embargo, sería igualmente injusto, etiquetar a Barack Obama como un mero producto de marketing. Es evidente que el hecho de ser un afroamericano le ha concedido un ‘plus’ de popularidad que ningún otro candidato  hubiera podido soñar. Es muy probable que si Obama fuera blanco, hubiera tenido más dificultades para atraer la atención de los media. Pero tampoco hay que olvidar que Obama no ha sido el único candidato negro a la Casa Blanca. Jessie Jackson fue nominado en varias ocasiones y siempre perdió. Y no sólo debido a que, probablemente, la sociedad estadounidense no estaba en condiciones en ese momento para la llegada de un negro a la presidencia del país, sino sobre todo porque Jackson representaba las posiciones más a la izquierda del Partido Demócrata; mientras que Obama ha sido mantener en todo momento una ambigüedad calculada que le ha sido extremadamente útil. Una especie de ‘republicanismo’ a la europea. Radical en cuestiones de derechos civiles (como le gusta presumir a Zapatero) y conservador a la hora de diseñar una política económica que no supone ningún salto en el vacío respecto a lo que podía proponer Hillary Clinton o el propio McCain, salvo en la generalización de la asistencia sanitaria o el aumento de la presión fiscal para las rentas más elevadas, algo que, por cierto, liquidó el propio Bush y que ahora se ha convertido en un arma electoral de primera fila contra el candidato republicano.

 

No es un ‘rojo’

 

Obama, pese a que muchos en España lo ven de otra manera por una cuestión más sectaria que intelectual, no es un izquierdista ni un ‘rojo’ revanchista. Ni mucho menos es alguien que pretenda poner patas arriba la Casa Blanca. Es, sobre todo, y así lo atestigua su pasado, un pragmático con enorme capacidad de aunar voluntades, lo que le hace prácticamente invencible en cualquier proceso electoral. A Obama no le han votado sólo los negros, los latinos y los desposeídos del sueño americano, sino también las clases medias y las más pudientes. Los pobres de los suburbios de Chicago o Florida, pero también los ejecutivos de Wall Street, que han donado mucho dinero a su campaña electoral.

 

Y aquí está, precisamente, la vulnerabilidad de Obama. Tendrá dificultades para articular una respuesta coherente a tantas demandas que le van a llegar desde los colectivos más dispares que le han apoyado en su larga marcha hacia la Casa Blanca, y cuyos intereses son en la mayoría de las ocasiones contrapuestos. Haciendo bueno aquel viejo principio de Pareto que venía a decir que en las sociedades lo que beneficia a un individuo casi siempre perjudica a otro. No le va a ser fácil a Obama resolver esta ecuación sin dejarse jirones por el camino y sin crear frustraciones políticas.

 

La ventaja que tiene es que su antecesor lo hizo tan mal que cualquier comparación correrá siempre a su favor, salvo que opte por volver a la política sectaria que tanto daño ha hecho a EEUU y a la democracia. Bush cayó subyugado por los neocoms, algunos de ellos de fina inteligencia, pero ya se sabe que el sueño de la razón produce monstruos, y ellos pusieron en manos de políticos profesionales un material intelectual de incalculable valor que acabó por estallarles en sus propias manos. El presidente más ultraliberal que ha tenido EEUU desde la II Guerra Mundial –en el sentido europeo del término- ha sido, paradojas de la historia, quien se ha visto obligado a nacionalizar parcialmente el sistema financiero.

 

Bush fue rehén del establishment de Washington, y ese el principal riesgo que tiene por delante Obama, escuchar cantos de sirena extraños hasta convertirse en un presidente vulgar. Ha ganado las elecciones por su capacidad de ilusionar en torno a un proyecto político, pero está por ver que el país haya virado de manera nítida a la izquierda. Hoy por hoy, tan sólo ha cambiado su voto respecto de lo que ocurrió en 2004 con el único objetivo de echar a Bush, pero no con la intención manifiesta de arrumbar algunas de sus políticas de bajos impuestos y desregulaciones masivas. EEUU es un país de raíz conservadora y ni siquiera el respaldo masivo a Obama cuestiona ese principio. Su primera decisión relevante, la elección del senador Biden como su número dos, va en esa dirección. Calmar  a sus electores más moderados y menos reformistas. Su libro de visitas está todavía intacto, pero los lobos no tardarán en llamar a su puerta.

 

 

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Opiniones de los lectores (4)

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4. usuario registrado Orfeo05/11/2008, 18:46 h.

¿Producto de marketing?? Ya estamos hablando de lo que no sabemos, como los contertulios de la radio/tele? Sabe usted lo que es el marketing??
Infórmese, como se informa usted de Obama

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3. usuario registrado Malinche05/11/2008, 17:23 h.

Tana (mensaje 1): creo que tienes una ensalada mental bastante importante y te has hecho un lío monumental. Carter no es texano. Es de Georgia. Y no consiguió la reelección. Reagan le ganó por goleada en medio de la crisis de los rehenes norteamericanos en Irán.




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2. Olafo05/11/2008, 14:18 h.

Como bien dice tana el peor presidente de la historia americana fue Carter pero el amigo Sanchez, como se pone las gafas ideologicas, lo pasa por alto. Por otra parte llamar ultraliberal a Bush produce el descojone. Que medida suya merece ese calificativo? Los republicanaos merecieron perder esta vez, pero esto deja la puerta abierta a un nuevo Reagan dentro de 4 años. Al tiempo. EL GOP no está hundido ni de lejos. PS EEUU tiene raíz conservadora? Pero si es la sociedad mas innovadora del mundo.... son los mismos que dicen que España tiene raíz progresista, si, sí... solo hay que darse una vuelta por el agro andaluz...: )))

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1. tana05/11/2008, 12:49 h.

Todo bien. Pero ganarle a Carter, es imposible. El texano ganó en la 2ª con la mayor cantidad de votos de la historia de EEUU. Un poco de seriedad y la leña al mono, cuando la merezca. Muchos blancos dando saltos...esperemos.

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