BIOGRAFÍA
Antonio Casado 03/11/2008
Vísperas del primer martes después del primer lunes decisivo en la marcha del mundo. Todo listo para que empiece a rodar la bola en la última jugada de una campaña vivida dentro y fuera de Estados Unidos con parecida intensidad. Siempre fue así, pero en esta ocasión el grado de implicación ha batido todas las marcas. Al menos en España, donde Barack Obama barre a McCain en todas las quinielas.
Los españoles (flamenco, sol y toros, como allí nos ven, según un reciente estudio del Real Instituto Elcano) oscilamos entre el aliviado hasta nunca a Bush y el hola a un primer presidente negro que llega dispuesto a cambiar el mundo y devolver a su país el prestigio perdido en estos últimos ocho años. Es insignificante la franja social y política que apuesta por McCain en nuestro país, incluso en la demarcación más conservadora. Ayer mismo escuchábamos en la radio a Jorge Moragas, nada menos que el responsable de Política Internacional del PP, mostrando sus preferencias personales por el senador Obama.
Como si fuéramos a votar todos los ciudadanos del mundo. Así estamos viviendo las vísperas de las elecciones norteamericanas. Lógico. En realidad, a todos nos concierne el desenlace. El desenlace promete cambio. A mejor, claro. A peor es casi imposible, después del reinado de Bush, el más nefasto presidente de la historia de Estados Unidos, según el sentir expresado en recientes sondeos por la ciudadanía americana. En el sentir de los españoles, Bush es el último de las Azores, icono historiográfico de una pretenciosa operación internacional en nombre de la cruzada contra el terrorismo.
La guerra de Irak solo fue un movimiento orientado a modificar el status quo en la zona más sensible del planeta. Un planeta de concepción unipolar, claro, según la estrategia planificada por los neocons sobre las ruinas de las torres gemelas de Nueva York (11 de septiembre de 2001). Sin embargo, después de la década boba (1990-2000, tras la caída del muro) el mundo se resistió a ser unipolar y a Bush todos los tiros le salieron por la culata. Perdió aliados, recortó libertades y permitió que la imagen de EE. UU se asociase a episodios tan abominables como Guantánamo y Abu Grhaib.
Multinacional del terror
Al Qaeda sólo era una secta pero George Bush se las arregló para convertirla en una multinacional del terror. Todos sus pasos en Irak y Afganistán sirvieron para reavivar el fundamentalismo (sunnitas de Al Qaeda, chiítas de Iran) en jornadas intensivas de
Se entiende, pues, que Bush haya estado mudo a lo largo de toda la campaña y que McCain haya marcado distancias con su conmilitón. Pero los esfuerzos de éste por disociarse de Bush no han sido menores que los de Obama por intentar presentar a su adversario republicano como un continuador de las políticas de Bush.
Millones y millones de personas, en España y en el resto del mundo estamos pagando las consecuencias de esas desastrosas políticas ¿Cómo no vamos a estar pendientes mañana del momento en que la candidatura de Barack Obama alcance esa cifra mágica de los 270 votos electorales que necesita para derrotar a quien, al menos por razones ideológicas y de militancia política, está más cerca de George Bush?
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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