CINE
Cuando hay algo que celebrar

Debra Winger, Rosemary DeWitt y Anne Hathaway, tres buenas interpretaciones.
@María José S. Mayo - 31/10/2008
LA BODA DE RACHEL

Director: Jonathan Demme.
Guión: Jenny Lumet.
Fotografía: Declan Quinn.
Música: Zafer Tawil.
Intérpretes: Anne Hathaway, Bill Irwin, Debra Winger, Rosemari DeWitt, Tunde Adebimpe y Mather Zickel, entre otros.
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Bodas, funerales, cumpleaños… Todos ellos han dado mucho de sí en el cine gracias a su capacidad de congregar personajes de todo pelaje creando algún que otro conflicto para que finalmente, aunque no en todos los casos, las aguas vuelvan a su cauce y se celebre aquello que se debe celebrar. La nueva película de Jonathan Demme no escapa a esta lógica, pero supone un giro en la irregular carrera de un director que dio la campanada con una película de género como El silencio de los corderos. Como en su día hiciese Joel Schumacher con Tigerland, Demme adopta el lenguaje dogma para dejarse llevar creativamente por los entresijos de un acontecimiento familiar, centrándose, eso sí, en la mirada de un solo personaje: el de la hermana de la novia, recién salida de su internamiento psiquiátrico.
Es por este personaje que la película recuerda a una de los mejores trabajos salidos del invento de Von Trier y sus adláteres, Celebración, en la que un elemento desestabilizador hace su entrada en escena poniendo a todos en jaque y revelando las miserias de un microcosmos lo suficientemente representativo del resto de la sociedad. No llega aquí la sangre al río, pero sí que salpica casi hasta el final convirtiéndo esta cinta en una plasmación un tanto incómoda de los desajustes emocionales con los congéneres, o de esa expresión tan de moda que es la disfuncionalidad familiar en la que el cine norteamericano independiente encontró un filón.
Si bien en ciertos momentos la película parece no tener nada nuevo que aportar en este tipo de conflictos e incluso posee momentos que se hacen excesivamente alargados –véanse la serie de discursos en la cena-, lo cierto es que el señor Demme sabe dónde poner la cámara. Lo hace guiado por un libreto de la hija de Sidney Lumet, Jenny, que dota de una muy creíble psicología a sus personajes e incluso crea momentos tan ocurrentes como el de la lucha entre suegro y yerno para saber quién llena más y en menos tiempo el fregaplatos.
No es un ejercicio brillante, desde luego que no, pero sí un trabajo honesto con unas buenas interpretaciones a cargo de sus tres féminas: sobre todo Anne Hathaway, que no cae nunca en el exceso al que fácilmente le podría llevar su personaje, pero también Rosemary DeWitt y la recuperada Debra Winger.
LO MEJOR: Anne Hathaway sigue demostrando que es algo más que una cara bonita.
LO PEOR: Que la historia nos suena demasiado.
Criterio de valoración:
Obra maestra.
Muy buena.
Buena.
Interesante.
Regular.
Mala.
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