BIOGRAFÍA
Federico Quevedo.-.- 30/10/2008
Para quienes creemos que la vida es el bien más preciado que tiene el ser humano, y el primero de todos los derechos que le acompañan en su tránsito terrenal, hoy es, sin lugar a dudas, un día triste que debería ser marcado en el calendario como la fecha en que se inició el proceso para la legalización de la pena de muerte en España. ¿Sorprendidos? No hay por qué. Me explico: hoy comienzan los trabajos de la subcomisión que va a estudiar la nueva ley del aborto en nuestro país. Una ley que, si se recogen finalmente las propuestas que quiere llevar a este órgano la ministra Aído, legalizará el asesinato de seres humanos no nacidos pero vivos en el seno materno, sin límites ni cortapisas. Y si alguno de ustedes tiene alguna duda de que esto sea así, simplemente le imploro que visione alguno de los vídeos que circulan por la red en los que pueden verse abortos explícitos. No se lo recomiendo, porque son imágenes de extrema dureza, pero a veces es bueno ver estas cosas para tener muy claro de qué se está hablando y que no le engañen a uno con ese mensaje buenista, pero terriblemente arbitrario, de que la mujer es dueña de su propio cuerpo. Del suyo, sí. Del que lleva dentro, no.
Fíjense si el Gobierno es consciente de la tropelía que va a cometer, de la sublime injusticia a la que va a someter a seres humanos indefensos y a los que nadie protege, que la subcomisión va a celebrar sus trabajos a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos, sin presencia de cámaras y periodistas, hurtando a la sociedad su derecho a estar informada de los debates parlamentarios y de las iniciativas de los políticos a los que han votado. Es, sin lugar a dudas, una muestra más del talante totalitario y dictatorial de este Gobierno y de su presidente, dispuesto a llevar a cabo una revolución doctrinal motivada por el más absoluto relativismo y al ausencia total de principios y valores esenciales para la convivencia, empezando por el respeto y la defensa del derecho a la vida. Lo que va a debatir el Parlamento es una condena a muerte de seres indefensos, a una muerte atroz e inhumanamente dolorosa, ¿o es que creen ustedes que un feto de pocas semanas de vida pero al que ya le late el corazón, no sufre cuando el médico introduce en el seno materno uno de esos aparatos que los descuartizan?
Me produce pavor, dolor y una profundísima tristeza pensar que puede haber un Gobierno dispuesto a matar por la simple razón de que lo necesita para tapar otros debates que le son incómodos, y porque para perpetuarse en el poder requiere rebajar los estándares de calidad ética y moral de la sociedad hasta llenarlos de inmundicia. Desde estas líneas me opongo de manera rotunda a consentir tamaño atropello a los derechos fundamentales de las personas, y me comprometo a luchar con todas las herramientas a mi alcance en la defensa de los derechos de los no nacidos, a proteger su vida y su libertad frente a la condena a muerte a la que quiere someterles este Gobierno indigno de llamarse así. Miren, estos progres de salón y visa oro vendrán a decirnos que lo que hacen es defender los derechos de la mujer, pero ese argumento es más falso que Judas. Un Gobierno que de verdad quiera defender los derechos de la mujer estaría reformando la actual ley para endurecer las condiciones en las que se producen los abortos y evitar que al menos uno de los supuestos actuales sea un coladero que ha permitido un lucrativo negocio de clínicas abortistas en las que se practican asesinatos sin escrúpulos. Pero lo que hace este Gobierno no es defender a la mujer sino, precisamente, a esos empresarios de la muerte que ganan muchísimo dinero matando.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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