Jesús Cacho .- 26/10/2008
Porque muchos de los que celebraban en Fortuny han perdido cantidad de dinero en los últimos días y semanas. Algunos, fortunas enteras. El propio Entrecanales, sin ir más lejos. La constructora que preside cotiza hoy por debajo de los 60 euros, cuando hace menos de un año superaba con holgura los 240 euros acción. Alucinante. Hace apenas un mes todavía cotizaba en el entorno de los 120. Acciona forma parte del club de las big four (Sacyr, ACS, Acciona y Ferrovial), constructoras cuya deuda sobrepasa los 18.000 millones, casi 3 billones de las antiguas pesetas, per capita. Peor lo de Sacyr, que apenas roza los 7 euros, un listón por debajo del cual Juan Abelló, el más elegante del tout Madrid cazando perdices y vistiendo smoking -ni el Monarca, otro artista de la escopeta, se le puede comparar, dónde va-, empieza a perder dinero. Hace un año, Abelló tenía plusvalías superiores a los 1.500 millones, un fortunón. Juanito, pena, no ha sabido esta vez apearse a tiempo. Hoy dice pestes de Luis del Rivero, el galán murciano que preside una empresa quebrada, porque el drama de Sacyr es que incluso vendiendo el 20% de Repsol y el 100% de Itinere y Valoriza, quedaría lastrada por una deuda que todavía superaría los 5.000 millones de euros. Sin salida.
Madrid es un hervidero de rumores, de dramas personales de gente que se pensó opulenta y teme perder hasta la camisa. El más divertido es el de ciertos plumillas que parecen haber sido seriamente corneados en el músculo glúteo por el toro de los estructurados de Lehman comercializados por Banif. Dicen que uno de ellos, muy principal, ha perdido una pasta. Tanto ha perdido el nota en el lance que ha puesto a media plantilla a trabajar en el asunto. Tanto sofoco, que lleva días abriendo con Lehman y Banif, un asunto de enorme trascendencia social, porque todo el mundo sabe que Banif es una especie de “banco del pueblo”, un banco tan popular que usted, vecino de Parla, lleva allí los 5.000 eurillos ahorrados y de inmediato le ponen alfombra roja para que pase, se siente y se instale de por vida si le apetece. El caso es que el plumilla, experto en convertir tragicomedias personales en dramas nacionales, ya saben, la libertad de expresión y por ahí, ha conseguido que tito Botín se haga cargo de la cuenta e indemnice a los damnificados por los estructurados de Banif. Portada del viernes de Financial Times. Mano de santo.
Hasta el propio Botín ha perdido dinero. Mucho dinero personal. El Santander, que el viernes cerró a poco más de 7 euros, vale hoy la mitad de lo que valía en pasado mayo. Cuando algunos de los protagonistas del fiestón de Fortuny se hallaban aún en plena resaca, el Madrid financiero fue objeto el viernes mañana de uno de esos movimientos de pánico colectivo difíciles de explicar para quien viva de su modesto estipendio y no dependa de factores especulativos. La capital se convirtió en una caldera a punto de explotar. “Nueva York no abre...”. Tal era el mensaje que corría desbocado de móvil en móvil. Los futuros se habían despeñado y Wall Street no podía afrontar la apertura sin riesgo de catástrofe. Pánico generalizado. ¿Lo vamos a perder todo todos? Miedo a paladas. Una muestra más de un clima de histeria que inunda no pocos hogares españoles. Desconfianza y recelo por doquier.
Y mientras el miedo al futuro se enseñorea de millones de ciudadanos, desde el rico que viaja en carruaje de tiro largo hasta el pobre que curra de paria, el presidente del Gobierno lleva días enfrascado en una ridícula, además de patética, operación de imagen personal. Ser o no ser. Se trata de estar presente en la cumbre mundial donde se discutirá el futuro del sistema financiero internacional. Con la muletilla, falsa, de nuestra condición de octava economía mundial, Zapatero mueve cielo y tierra tratando de colarse en la foto de familia de los grandes, mientras la oposición se frota las manos y prepara la cohetería para el caso de que Caperucita roja tenga que quedarse en Madrid haciendo compañía a Sonsoles y las niñas. Mal por ambas partes, aunque el premio gordo corresponda al aprendiz de brujo que en el páramo castellano pretendió hacerse pasar por el salvador de la crisis financiera mundial.
Y bien, ¿por qué es tan importante la presencia del presidente del Gobierno de España en esa reunión, estando
El borrador de reglamento de ese Decreto conocido esta semana confirma los peores augurios, al consagrar el oscurantismo y la falta de transparencia en la compra de esos activos como norma de actuación. Un cheque en blanco a banqueros y cajeros para que, con dinero público, saneen sus instituciones con la rúbrica del socialista Zapatero. La situación es particularmente ofensiva si se tiene en cuenta que al Presidente y a sus advisers les hubiera bastado con tirar del Real Decreto 2606/1996, de 20 de diciembre, sobre Fondos de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, para haber abordado la situación de incertidumbre ahora creada sin necesidad de recurrir al secreto, algo que en política es la antesala de la corrupción. En los artículos 10 (“Otras actuaciones de los FGD”) y 11 (“Medidas preventivas y de saneamiento contenidas en los planes de actuación”) de dicho RD, se explica perfectamente cómo hacer el saneamiento de un banco o caja con problemas, y hacerlo sin conculcar
Pero el presidente del Gobierno es el rey de la improvisación, cuando no de la solución descabellada, razón que en buena parte explica su condición de personaje marginal en el escenario internacional. A Zapatero, en el fondo, la política exterior le importa solo en tanto en cuanto es una pieza más en el puzzle de la política española. Porque lo que de verdad le preocupa, y en eso hay que reconocerle un auténtico maestro, es el corralito hispano. La polémica levantada en torno a su presencia –asunto que debe tener amarrado, porque en caso contrario sería de troncharse- es apenas una cortina de humo, el capote con el que mantener al pueblo soberano embebido en el engaño de una crisis económica, la gorda, la de la economía productiva, que contabiliza ya más parados que la gran crisis de 1992/93 y que sitúa a este país ante una auténtica emergencia nacional.
Con ser tremendas las cifras de paro conocidas esta semana, tal vez sea más grave la profundidad de la crisis política que la presidencia de Zapatero está poniendo en evidencia cada día con más fuerza. Contra lo que cabía esperar, la segunda legislatura no le ha hecho mejor. Y contra lo que cabía esperar también, cada vez consolida con más fuerza su condición de presidente de la mitad de los españoles, y ni siquiera de la totalidad de su partido. Todo en él es imagen y embeleco, todo cálculo marketiniano. Ideología en estado puro. Zapatero es el presidente de una camarilla de amigos –los García Ferreras, Barroso, Contreras y Sebastián, con la guinda de Javier de Paz situado muy cerca de la caja de Telefónica para atender imprevistos- y los demás no cuentan o son simple atrezzo. El resultado es una España crispada, descoyuntada, partida en dos por la forma de gobernar de un tipo ideologizado a la antigua usanza, la del corazón helado, aquella tan inveteradamente española del “nosotros” y “ellos”.
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