Zapatero moviliza a la diplomacia para lograr que los 'grandes' le admitan en la cumbre financiera mundial
@José L. Lobo.- 22/10/2008 06:00h
Tras el desaire de Nicolas Sarkozy, que ayer excluyó a España de la cumbre que se celebrará en Nueva York antes de final de año para abordar la crisis financiera mundial, José Luis Rodríguez Zapatero ha ordenado movilizar todos los recursos de la diplomacia española para lograr que las grandes potencias económicas le inviten a participar en esa decisiva conferencia internacional, según han reconocido a El Confidencial fuentes de La Moncloa. Zapatero telefoneó a Sarkozy para transmitirle su enfado, pero el presidente francés, lejos de rectificar sus palabras, despachó la conversación con simples cumplidos y vagas promesas.
Esa movilización política y diplomática también incluye al propio Zapatero. El presidente del Gobierno modificó ayer mismo su agenda de trabajo y decidió viajar esta semana a Pekín, en lugar de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, como estaba previsto, para asistir a la cumbre entre la Unión Europea (UE) y los países del sureste asiático (ASEAN).
El anuncio de Sarkozy, en la mañana de ayer, de que sólo las grandes economías mundiales representadas en el G-8 acudirán a la trascendental cumbre de Nueva York, que, en su opinión, debe servir para "refundar el capitalismo internacional", cayó como un jarro de agua fría en el Gobierno español. Zapatero, herido en su orgullo, exigió hablar inmediatamente con el presidente francés -que participaba en Estrasburgo en una sesión del Parlamento Europeo- para expresarle su malestar, pero Sarkozy no se puso al teléfono hasta las cinco de la tarde.
Zapatero, que asistía en el Congreso al debate de totalidad de los Presupuestos Generales del Estado cuando Sarkozy la devolvió la llamada, abandonó de repente su escaño. ¿Falta de cortesía o necesidad fisiológica inaplazable?, debieron preguntarse algunos diputados. El líder de la oposición, Mariano Rajoy, sin duda creyó que se trataba de lo primero, y poco después se lo recriminó desde la tribuna de oradores. Pero ni una cosa ni la otra: el presidente del Gobierno se dirigió al despacho reservado para él muy cerca del hemiciclo y conversó telefónicamente con Sarkozy durante algo más de 10 minutos.
Cuando ambos líderes se despidieron, La Moncloa convocó urgentemente en un salón del Congreso, por medio de un SMS, a los numerosos periodistas que a esas horas -las seis de la tarde- cubrían el soporífero debate protagonizado por Pedro Solbes. Los informadores se desentendieron del vicepresidente y acudieron en tropel a escuchar a Zapatero, ignorantes todavía del mensaje que les iba a trasladar el presidente del Gobierno.
"Esto va a cambiar"
Al terminar la rueda de prensa -en la que, por cierto, reprochó a Rajoy que "antes de hablar hay que preguntar"-, la conclusión inevitable era que Zapatero acababa de jugarse su credibilidad como gobernante a una sola carta. "La octava potencia económica del mundo no puede permanecer callada. España debe estar en esa gran cumbre internacional. Hasta ahora nunca ha participado en un cónclave del G-8, pero esto va a cambiar", dijo, y añadió: "Yo cumplo con mi deber. Y mi deber, como presidente del Gobierno de España, es hacer valer a mi país".
Zapatero había lanzado un órdago muy arriesgado. ¿Qué ocurrirá si, finalmente, se cumple el anuncio de Sarkozy, cuyo país ejerce la presidencia de turno de la UE, y España no es invitada a participar en la cumbre financiera mundial? "Si no lo conseguimos, obviamente ya sé lo que va a pasar", afirmó irónicamente Zapatero, tratando de adelantarse a las seguras críticas del PP. Claro que, en realidad, el jefe del Ejecutivo jugaba con ventaja, porque esas descalificaciones ya habían llegado a sus oídos unas horas antes.
Por la mañana, nada más conocer las declaraciones de Sarkozy, algunos dirigentes del PP no desaprovecharon la oportunidad que el presidente francés les acababa de servir en bandeja. La portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, dijo que Zapatero "no tiene credibilidad ni dentro ni fuera del país". Y el vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, remachó que el presidente del Gobierno "se merece" que no le inviten a la cumbre.
Las fuentes gubernamentales consultadas por este periódico aseguran que tanto en La Moncloa como en el Ministerio de Asuntos Exteriores -apoyado por la red de embajadas en el extranjero- se van a volcar en un "gran esfuerzo diplomático" para lograr que España participe en la cumbre financiera. Sin embargo, el Gobierno es consciente de que no va a resultar fácil alcanzar ese objetivo. Sobre todo porque intuye que Sarkozy, al excluir a España, no hablaba sólo como presidente del país que ocupa ahora la presidencia de la UE, sino también como portavoz de George W. Bush, con el que se reunió el pasado fin de semana en Estados Unidos para analizar la crisis financiera internacional y preparar, precisamente, la cita de Nueva York. Y, como es bien sabido, el todavía inquilino de la Casa Blanca no es precisamente el mayor valedor internacional de Zapatero.
El "peso" de España en el mundo
Durante su improvisada comparecencia ante los periodistas en el Congreso, Zapatero insistió una y otra vez en que España debe estar presente en la cumbre por su "peso en el sistema financiero internacional" y, sobre todo, porque es "la octava potencia económica del mundo". Sin embargo, esta última afirmación es del todo inexacta. Nuestro país ocupa la undécima posición en la clasificación del Banco Mundial: el PIB español es superado por el de Rusia, Italia y Brasil. Y en cabeza de la lista figuran, por este orden, Estados Unidos, China, Japón, Alemania, India, Reino Unido y Francia.
Tampoco es del todo cierto que Sarkozy sea "absolutamente sensible" a la necesidad de que España "juegue un papel relevante" en el mundo por el peso de su economía, como dijo ayer Zapatero. El presidente francés desmintió esa apreciación por la vía de los hechos hace apenas tres semanas, cuando convocó una cumbre en París para abordar la crisis financiera a la que tampoco invitó a Zapatero: los únicos llamados por Sarkozy fueron la alemana Angela Merkel, el británico Gordon Brown y el italiano Silvio Berlusconi, además del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y el del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet.
Ese detalle irritó a Zapatero, que ayer volvió a sentirse desairado por el presidente francés. Y no sólo porque éste excluyó a España de la cumbre de Nueva York, sino porque dijo que, además de los miembros del G-8, también deberán participar en esa reunión las economías emergentes del llamado G-5: China, India, Brasil, Suráfrica y México. Pero ni una palabra de España. Y aún hubo más: Sarkozy, arrojando otro puñado de sal sobre la herida, añadió que si Zapatero acudía a la cumbre financiera "se planteará también el problema de Polonia y sus 38 millones de habitantes", dando a entender que el país centroeuropeo, y probablemente alguno más, reclamaría también su cuota de protagonismo en la cumbre si nuestro país es invitado.
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Opiniones de los lectores (154)
154.
pitoniso22/10/2008, 22:52 h.
A la Sra/Srta. ANA NIZA.- Acabó ya el partido. Y por le voy a dar la razon.Este sr que nos represesnta está considerado por todo el Mundo Mundial como el Nuevo Faro de Occidente . Eso si nuestro Iluminado esta solo, bien solo!
http://es.youtube.com/watch?v=QQRhiK7OARk&feature=related
153.
Marqués del Rif22/10/2008, 22:43 h.
Lo siento por esos paisillos pobres, menesterosos, aproblemados y arruinados, que se quedarán sin los consejos del dirigente responsable de tener el sistema financiero más sólido del mundo.
Se lo pierden. Jamás estarán en la Champions League.
Ahora, sí que debe ser un sistema sólido el que teniendo de responsables a Rodríguez y Solbes, aún respire.
151.
Escéptico22/10/2008, 22:18 h.
Fé de erratas:
"doble ración"
no "doble reación"
150.
Escéptico22/10/2008, 22:15 h.
Gracias Aloe. Yo disiento, y creo que sería bueno para España estar representada en todos los foros internacionales donde se discutan cosas importantes.
Lo peor es que para compensar éste chasco y poder seguir vendiendo su mercancía (ya sabes: humo), ahora nos suministrarán doble reación de Alianza de Civilizaciones y otras gilipolleces por el estilo
¿No fué nuestra nunca bien ponderado don Antonio Casado el que dijo aquéllo de "ajo y agua"?
Pues eso.
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