MIENTRAS TANTO
Las cajas ya no quieren saber nada de menesterosos y jornaleros
@Carlos Sánchez - 17/10/2008
Curioso, muy curioso, el papel de las cajas de ahorros en el entramado financiero español. Para la mayoría de los ciudadanos -no hay más ver que ver los foros de este diario- las cajas se presentan todavía como entidades financieras de carácter público. Hay, incluso, quien las confunde con la banca oficial, como si fueran lo mismo. Es evidente que la ‘verdad’ de los lectores de El Confidencial no corresponde necesariamente con la verdad demoscópica, pero sorprende la identificación de las cajas con la cosa pública.
Es probable que esta consideración tenga que ver con el hecho de que detrás de muchos de sus órganos rectores –asamblea general o consejos de administración- se dibuje siempre la impronta de la clase política de turno, lo que provoca confusión. Se suele establecer un cierto mimetismo entre lo público y la actividad de los políticos. Pero nada más lejos de la verdad. El error es natural y obedece al peculiar sistema de propiedad de las cajas, que son entidades mercantiles de derecho privado –lo que hace que su gestión se haya profesionalizado con criterios de rentabilidad económica- pero, a la vez, mantienen un componente ‘altruista’ a través de la Obra Social, que en 2007 se gastó 1.824 millones, casi el 18% de sus beneficios.
Por decirlo de una manera clara: funcionan como empresas privadas (desde luego no regalan nada a los depositantes o a quienes piden un crédito para comprarse una casa), pero en el día a día la clase política tiene gran predicamento, como es algo más que obvio y notorio. Sin embargo, la inclusión de las cajas como parte del sector público no es solamente un ejercicio intelectual poco riguroso, sino que, en algunos casos, es simplemente falso.
La Caixa, por suscripción popular
No estaría de más recordar que una firma tan emblemática como la Caixa, la tercera entidad financiera del país, nació de una suscripción popular que organizó la burguesía catalana en 1904 tras la huelga general convocada en Barcelona dos años antes, y que concluyó con catorce obreros muertos. Los empresarios catalanes (respaldados por Alfonso XIII –incluso con su propio peculio-) temían una revuelta de incalculables consecuencias, y por eso organizaron una cuestación para atender las necesidades de los más pobres. La Caixa es, por lo tanto, al contrario que otras entidades como Caja Madrid, una entidad que nació siendo privada y que sigue siéndolo, aunque jurídicamente –como el resto de cajas- se instrumente a través de una Fundación. Esto no es óbice para que la Caixa forme parte del proceso de construcción identitatario, el viejo objetivo del nacionalismo catalán, lo que puede explicar esa imagen de corporación ‘pública’ que tiene para muchos ciudadanos.
El propio nacimiento de las cajas de ahorros se vincula, de manera ciertamente equivocada, a la vocación altruista de la Iglesia, pero nada más lejos de la realidad, salvo el caso aislado del Monte de Piedad de Madrid, la actual Caja Madrid.
No estará de más recordar el decreto fundacional de las cajas que firmó Diego Medrano en 1835, en los albores de la economía liberal. “Algunos pueblos cultos” -sostiene el ministro del Interior de Isabel II- “han sustituido ventajosamente a los medios adoptados antes para establecer la moral y mejorar la condición de las clases industriosas ciertas cajas de ahorro, donde el menestral, el jornalero y todo hombre laborioso puede depositar sumas muy tenues bajo la confianza de obtener un rédito proporcionado, de capitalizar los intereses en cortos periodos, y de realizar sus fondos en todo tiempo”.
“Cuando semejantes instituciones prestan garantías seguras”, continúa Medrano, “contribuyen en gran manera a propagar el espíritu de economía, y con él la propensión al trabajo; a desterrar los vicios, y con ellos las enfermedades y delitos de que son gérmenes; a unir al hombre a su profesión, puesto que ella le proporciona, no sólo su presente subsistencia, sino esperanzas lisonjeras para lo futuro; y por último, a inspirarle amor al orden público, porque de él depende el goce estable del fruto de sus tareas”.
Menesterosos y jornaleros
¿Cumplen hoy esa función las cajas? ¿Ayudan al menesteroso y al jornalero de nuestros días? No estoy convencido de que eso ocurra. Todo lo contrario. Las cajas de ahorros han sido durante años un negocio floreciente gracias a su proximidad con el ahorrador, con el depositante. Sobre la base de una presencia territorial inigualable. Cualquier entidad financiera extranjera, si quería competir en España, tendría que tener un despliegue similar por la ancha geografía hispana, algo inimaginable en los tiempos actuales. Esta circunstancia ha hecho a las cajas inmunes a la competencia, por lo que su cuota de mercado, como no podía ser de otra manera, no ha dejado de crecer, en coherencia con el desarrollo económico de este país. Por decirlo de una manera directa, el monopolio del pequeño ahorrador ha hecho engordar su cuenta de resultados, hasta el punto de que en muchos segmentos del sistema financiero no solamente le han hecho frente a la banca tradicional, sino que le han desbancado, y nunca mejor dicho.
Así se explica que la cajas de ahorros no hayan dejado de crecer en estos últimos años, pero sobre la base de un modelo de negocio que ya se ha agotado. La capacidad de endeudamiento de los hogares ha tocado techo y su exposición al riesgo inmobiliario es algo más que una temeridad, lo que pone de manifiesto su debilidad estratégica. Pero es que, además, los jamones que tenían que en la despensa para ir tirando en tiempos de crisis -en forma de inversiones industriales en Bolsa- están ya a punto de enseñar el hueso, lo que da idea de que la fiesta no da para más. Evidentemente, no en todos los casos, pero si en muchos otros.
Es, por lo tanto, el momento de replantearse para que sirve una parte del sistema financiero que se ha dejado llevar en la mayoría de los casos por la influencia de la clase política de turno, lo que explica su enorme exposición al riesgo inmobiliario. Pero que tampoco ofrece soluciones a los ciudadanos y empresas mediante una apuesta decidida por la inversión en actividades realmente productivas, pese a la manifiesta profesionalidad de muchos de sus directivos. No parece que su loable esfuerzo por mantener la Obra Social justifique su existencia en los términos actuales, por lo que parece obvio que su estatus jurídico debe cambiar, aunque sólo sea para recuperar en parte el espíritu de Diego Medrano.
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Opiniones de los lectores (13)
13. Obrasocialcajaas 22/10/2008, 10:55 h.
Hay comentarios que desde la ignorancia o la envidia se cane por su propio peso. El articulista tampoco es que sea el más acertado en comentar el tema cajas pero es curioso que siempre y llevan años así todos los bancos de este país, se intenta desprestigiar a las cajas porque hacen bien las cosas, son buenos profesionales, están bien supervisadas por el B. España y destinan una porcentaje bastante más alto que ese 18% que se dice en el artículo. Pero como siempre una mentira repetida muchas veces llega a convertirse en realidad seguirán así alentados por la banca que se asusta por la competencia que le suponen las cajas. Soy cliente de una de ellas y jamás he tenido problemas al contrario.
12.
desmond17/10/2008, 19:05 h.
Las Cajas no tienen mi simpatia.
Pero la abundania de comentarios manipuladores y torticeros es flagrante.
A ver. Por una parte se critica que tienen morosidad pq han dado creditos a quien no podia pagarlos. Y por otra se las critica pq no dan creditos a quien no puede pagarlos.
¿En que quedamos?
11.
azael17/10/2008, 19:03 h.
Y la organización de las Cajas es igual a la de un Club de Futbol que no sea sociedad anónima. Compromisarios y Consejo. Y Presidente Ejecutivo (cobrando cantidades desorbitadas). Y si las cosas marcharan bien, pues nada que objetar. Pero ahora que tenemos que ayudarles con el 15% del PIB, ¿por qué no se les exige responsabilidades personales a los administradores y directivos por ellos nombrados?
Es que somos tan idealistas que, seguramente, les tendremos que agradecer la Obra social que nos cuentan y que ni ellos mismos se creen, su cercanía al más débil, etc. etc...
En los tiempos pasados se han comportado como bancos. Convenios con promotores, constructores, contratistas. Hasta las Cajas han creado sociedades a medias con especuladores y promotores hoy quebrados y en muchos casos metidos hasta el tuétano en actividades que están investigando los Juzgados (operaciones Malaya, Astapa, etc...)
Asi es que el Gobierno debería ser riguroso y cuando alguna Caja tenga necesidad de dinero fresco, pedirle cuentas por lo que han hecho. Y si es posible, que la Fiscalía intervenga. Todavía recuerdo aquello de "quiebra fortuita, culpable y fraudulenta". Los responsables, al trullo.
10.
azael17/10/2008, 18:57 h.
1.-
Hoy, no existe diferencia alguna entre una Caja y un Banco, salvo que la Caja no paga dividendos puesto que no tiene accionistas y tiene una Obra Social.
La falta de transparencia en la Obra Social hace que se desconfíe de sus actividades. Hacen algo, pero enmascarando la Obra Social, reparten los antiguamente llamados fondos de reptiles entre periódicos políticamente afines.
Todas las Cajas se ocupan muy poco de los menesterosos. La Obra Social es para conseguir más publicidad para la actividad puramente bancaria.
De los Montes de Piedad, mejor no hablar. Hoy, desgraciadamente están llenos de personas que van a empeñar sus escasas joyas (otras prendas no admiten), por las que pagan un elevado tipo de interés y consiguen escasamente un 50% del valor tasado.
Aquí sí debería estar presente la Obra Social porque lo que hacen es una actividad totalmente lucrativa, sin riesgo alguno, rápida y segura. Y encima presumen de dicha actividad como si fuera una actividad de caridad. ¡¡¡hay que tener cara dura!!!.
¿Cuantas personas se dejan las garantías prestadas (sus joyas)en los Montes de Piedad?
Y encima dicen que la Iglesia fundó los mismos,aunque ya se ve con qué intención.
9.
VERDI17/10/2008, 18:21 h.
Para Pectos, Cupetas y otros. No tienen Vds. ni la menor idea de lo que son las Cajas de Ahorros, ni del control a que están sometidas por el Banco de España, ni que lo que no se gastan en Obras Sociales va a reservas: por tanto, no existe ninguna mangancia ni blindajes de sus altos cargos como existen en otros sitios. No se puede hablar con tanta ligereza. Lo que no puedenpedir es que se preste dinero a quien no lo puede devolver. VERDI
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