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EROTICÓN

Cuando el sexo se convierte en 'adicción'

@Rebeca Royo - 06/10/2008

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Cuando el sexo se convierte en 'adicción'
 

¡Cuánta razón tenía Freud cuando postuló que todas las pautas de comportamiento parten de los impulsos sexuales! La sexualidad forma parte natural del ser humano, pero cuando se convierte en una prioridad que interfiere en la vida diaria, en el trabajo, afecta a las relaciones personales y sociales y, además, causa ansiedad, estrés y arrepentimiento, entonces se convierte en adicción. El psicólogo y sexólogo Xud Zubieta, del Instituto Espill de Valencia, habla de “transtorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual”. Según ha contado el experto a El Confidencial “mucha gente habla de la adicción al sexo sin saber de lo que habla”. “En la clínica se trata el transtorno obsesivo-compulsivo -que puede ser tanto el sexual como el de lavarse las manos, abrir y cerrar puertas o incluso fumar- siguiendo un tratamiento médico y psicológico combinado. Los fármacos son efectivos rápidamente, por lo que ponen remedio a la parte conductual (compulsivo). Para tratar la obsesión (mental) se requiere de psicoterapia”, afirma Zubieta.


El tabú del sexo


Quienes padecen transtorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual acuden a recibir tratamiento “por su propio pie y suelen mantenerlo en secreto. A veces la pareja no se da cuenta. El principal problema de nuestra cultura es el tabú del sexo. No se habla del problema. Puedes pensar que la pareja lo intuye, pero no confronta. El nivel de comunicación de muchas parejas es muy bajo. Últimamente se habla más pero no existe un protocolo de educación sexual”.


Zubieta afirma que el tratamiento médico “no debe ser indefinido y el simple fármaco no es suficiente para ‘curar’ esta adicción, que tiene niveles de graducación. “Una adicción leve se soluciona en menos de un año, y una grave lleva más tiempo”. El experto saca a colación uno de los casos más graves que han pasado por su consulta; “hay gente que se aficiona a visitar prostitutas varias veces al día durante todos los días. Uno de ellos fue paciente suyo. Su terapia exigía verle dos veces al mes. Se trataba de un hombre que estuvo diez años casado y acudió a la consulta tres años después del divorcio. La conducta compulsiva quedó eliminada en unos meses y la faceta obsesiva requirió bastante más trabajo”, comenta.


Furor vaginal


La obsesión por el sexo “suele ser la única obsesión, no se da a la vez que otras. Se les mete una idea en la cabeza y les da por ahí. Si tuvieran varias sería hasta positivo porque dividirían la energía”. Preguntado por si la ‘ninfomanía’ tiene algo que ver con el transtorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual, se ríe: “la ninfomanía no existe. Se llama furor vaginal (o uterino: deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula) y no yo no he visto ningún caso. Pueden ser personas muy activas sexualmente pero sin que por ello les cause ningún problema en su vida. Los casos que tratamos son de hombres. Hay menos mujeres porque en este punto de la historia se las educa para ser chicas decentes. Muchas sólo practican el sexo para reproducirse”.


Xud Zubieta trató el caso de un hombre que tras veinte años de relación aún no había consumado. Ni siquiera hablaba del tema con su mujer y esto lleva a la búsqueda constante e insaciable de este tipo de placer y en la inmensa soledad que ella genera. Por el contrario, en muchas parejas se da la compulsión, que genera ansiedad. “Otro caso muy curioso que tratamos fue el de un guardia civil enganchado a un chat de sexo, pero era muy ‘light’. Tenía mujer y al hacerles el test psicológico ví que era la mujer".

 

Patrick Carnes, uno de los principales expertos en adicciones sexuales del Reino Unido, sugiere que son varias las señales de advertencia en una adicción de este tipo. La sensación de que se está fuera de control, la intuición de que puede haber graves consecuencias si se continúa por ese camino, un desprecio del peligro o la realización de actividades de elevado riesgo, son algunas de ellas. Cuando existe limitación de las actividades sociales a fin de pasar inadvertidos, el recurso a las fantasías sexuales como una forma de hacer frente a difíciles situaciones o sentimientos, la experimentación de drásticos cambios de humor en virtud de la satisfacción o no del apetito sexual y el empleo de cada vez más tiempo en la planificación, realización o disimulo de las extravagancias sexuales, se podría estar ante una adicción de este tipo. Son hombres y mujeres ‘sexoadictos’ con un enorme problema: el de no poder llevar una vida normal hasta enterrar su obsesión por la actividad más placentera del mundo.

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Opiniones de los lectores (2)

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2. usuario registrado MGF»Lunes, 06/10/2008, 13:04 h.

En una sociedad en donde la experiencia del placer prima sobre la realidad y sobre la verdad debería ser fácil llegar a la conclusión de que el sexo por el sexo es una conducta que aleja de la felicidad. Si la persona fuera sólo animalidad y sin nada de espiritualidad (emociónes, sentimientos, voluntad, idealismo, inteligencia,creatividad, disfrute con el bien ajeno, independencia, desprendimiento), la cosa se entendería: con dar rienda suelta al instinto se alcanzaría un estado de felicidad permanente. Pero no es así.La experiencia demuestra que si el sexo se desliga de la afectividad, y si se maneja en términos materiales, la conclusión es insatisfacción, agresividad en la convivencia, falta de motivación para trabajar y, lo que es peor, valoración de la persona por aspectos siempre materiales, nunca por las cualidades o valores que encierra. Esta es mi opinión que expongo con respeto a quienes discrepen, que serán otros tantos.

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1. momergil»Lunes, 06/10/2008, 12:18 h.

Excelente artículo, felicidades. Describe bien una realidad sorda que envuelve a muchas personas, frecuentemente con éxito profesional y social, y de la que se habla menos que de otras adicciones, como las drogas, que sí están legalmente prohibidas. Cuando las escenas de sexo explícito son accesibles en horario de madrugada desde cualquier televisión incluso en cadenas generalistas, cuando películas x se pueden adquirir en cualquier kiosko, cabe preguntarse si los poderes públicos no deberían regular el ámbito de la pornografía con mayor rigor, no prohibiéndola pero sí restringiéndola a enclaves específicos como los sex shops.

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