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¡Última hora! Adam Smith saca los colores a los falsos liberales

Adam Smith crisis financiera Riqueza de las Naciones

@Carlos Sánchez - 01/10/2008

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"Si todos los bancos comprendiesen y obedeciesen siempre a su propio interés, nunca habría sobreabundancia de papel moneda en la circulación. Pero no todos los bancos han entendido ni obedecido siempre a su propio interés, con lo que la circulación a menudo se ha visto saturada de papel moneda”. Adam Smith La Riqueza de las Naciones Alianza Edit, (edición a cargo de Carlos Rodríguez Braun).

 

 

Como no podía ser de otra manera, la crisis financiera internacional ha derivado en un vivo debate sobre su origen. Para muchos, la culpa de lo sucedido tiene que ver con esa figura -un tanto difusa- que llamamos mercado, siempre difícil de precisar. Se suele dar por hecho –según ese razonamiento- que la ausencia de reglas que equilibren el comportamiento de la oferta y de la demanda es sinónimo de mercado, por lo que si una economía falla por ausencia de normas o de supervisión -como es el caso que nos ocupa- la culpa la tiene (como no podía ser de otra manera) la célebre mano invisible del economista escocés.

 

Esta consideración del mercado como una especie de acracia económica probablemente tenga mucho que ver con la visión ciertamente deformada que han querido darle muchos de aquellos que se proclaman liberales, pero que en realidad dan cada mañana una patada a las tesis de Adam Smith, a quien han convertido paradójicamente en el Buenaventura Durruti de la ciencia económica. Sin embargo, y por decirlo de una manera directa, el mercado no es lo mismo que la ley de la selva. Todo lo contrario, responde a comportamiento racionales. Y no parece muy racional la sobrevaloración de activos que se ha producido en los últimos años, y que en última instancia es la causa de nuestros males.

 

Aunque a muchos les pese, liberalismo y desregulaciones no son necesariamente la misma cosa. Precisamente, la intervención del Estado democrático (no el que responde a intereses oligopolistas o de grupos de presión) es lo que garantiza el libre juego de la oferta y de la demanda. A estas alturas de la crisis financiera, parece evidente que la ‘borrachera’ en que se metió Wall Street -lo dijo el propio George W. Bush- tiene poco que ver con el mercado, sino más bien con una juerga consentida (y pagada) por los poderes públlicos. Hunde sus raíces en una lectura torcida de la economía clásica y, sobre todo, se deriva de la hegemonía (digámoslo en términos gramcianos) de una aristocracia financiera (los bancos de inversión de EEUU) bien conectada con el poder político de Washington, a quien hicieron creer que generando una demanda infinita de dinero -mediante productos derivados y estructurados- la economía podría crecer de manera ininterrumpida. No hay que decir que los políticos, de aquí y de allá, compraron esta mercancía porque era muy rentable en términos electorales, aunque el crecimiento tuviera los pies de barro y se hiubiera basado en una ficticia riqueza financiera de la que presumían ante sus votantes.

 

El carruaje y los caballos

 

Ya es tarde, pero no hubiera estado de más que alguien les hubiera hecho llegar un pequeño párrafo de La Riqueza de las Naciones –obra tan poco seguida por muchos que se autoproclaman liberales- en la que se distingue entre el concepto de demanda absoluta y el de demanda efectiva. Adam Smith pone un ejemplo para explicar su exposición. Imaginemos que un hombre muy pobre tiene una demanda de un carruaje tirado por seis caballos. Es posible, dice el economista escocés, que lo desee fervientemente, pero su demanda no es una realmente efectiva, sino absoluta; porque la mercancía (el carruaje) nunca será llevada al mercado para satisfacer esa demanda por razones obvias. Por el contrario, un  pudiente con ganas y dinero suficientes para pagar esa oferta, sí que podría adquirir esa mercancía, y a ello llamaríamos demanda efectiva.

 

Este planteamiento es fácil de entender e irreprochable, pero muchos de los que dicen abrazar el liberalismo han hecho creer a los ciudadanos que todo el mundo tenía posibilidad de disponer de un carruaje tirado por seis caballos, creando para ello una infinita cantidad de dinero mediante la colocación masiva de instrumentos financieros de todo tipo y colores. Confundiendo, en una palabra, demanda efectiva y absoluta, lo que ha provocado una enorme burbuja especulativa que es la que ahora ha estallado. No es, desde luego la única ni será la última.. Desde el fin del patrón oro, el mundo se mueve a golpe de burbujas de todo tipo que inicialmente desafían las leyes de la racionalidad económica, pero que finalmente saltan por los aires provocando las consabidas catástrofes. Y es que una cosa son los mercaderes y otra bien distinta el mercado, aunque ambos términos suenen parecidos.

 

 

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Opiniones de los lectores (19)

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19. usuario registrado francha03/10/2008, 23:07 h.

Por fin me ha tocado leer la verdad.
"La única verdad es la realidad", dijo alguna vez un celebre estadista Argentino.
Lo que ha ocurrido otras veces y lo que esta ocurriendo ahora es la realidad. Todo el sistema se sostiene sobre bases débiles, ficticias y por lo tanto peligrosas. O se asume esta debilidad y se actúa en consecuencia o continuara debilitandose irremediablemente.
Los 700.000 millones podrán ser los postes que apuntalan la pared, pero por cuanto tiempo ?

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18. usuario registrado albertovz01/10/2008, 19:46 h.

¡A robar... mientras se pueda!

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17. usuario registrado guille01/10/2008, 18:19 h.

"Una buena semilla no germina en cualquier terreno".
Los grandes teoricos de la Economía de siglos pasados y puede que muchos del ultimo tercio del siglo XX, jamas hubieran previsto las circunstancias en que hoy se desenvuelve la economía; no me imagino yo a Marx teorizando sobre las inversiones capitalistas en un país "comunista", un hibrido muy abundante en nuestros días, ni creo que aplicando las teorias Keynesianas en estado puro la cosa se enderezaría de manera suficiente. El sistema capitalista, por una de las causas que tiró el muro del comunismo fué por su eficiencia, y por ir contra ese principio es por lo que hoy se encuentra en el estado que se encuentra; se ha hecho trampa a si mismo, bandidaje a todo trapo con el visto bueno, más o menos consentido de quien debía velar por el cumplimiento de esas reglas y claro la explosión ha tenido lugar cuando se reunian una serie de circunstancias que han propiciado el levantamiento del engaño. Los multiples formatos del sistema evitarán la caida y alguno renovado, le hará de nuevo pujante, no hay otro destino ni alternativa.Eso si,puede que a lo que venga no lo conozca ni la madre que lo parío, ¿imaginarlo? cualquiera sabe.

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16. usuario registrado FernandoFF01/10/2008, 16:50 h.

a Frasquito :

El respeto que Ud. menciona nace de la ética del ser humano, y no de las ideologías. Lo que es bueno para unos, no siempre es bueno para todos.

Así que cada uno debe saber en conciencia que al ejercer su libertad no atropella a los demás. Ese es el principio ético y moral de cualquier sujeto, de cualquier raza, credo o ideología. Y no vayamos a divagar sobre el sexo de los ángeles.

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15. Luisa300001/10/2008, 14:18 h.

"la intervención del Estado democrático (no el que responde a intereses oligopolistas o de grupos de presión) es lo que garantiza el libre juego de la oferta y de la demanda." Esa frase tiene su "aquel" y para meditación de liberales y buenistas en general.¿No es una contradicción en termini?

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