Réquiem por una ‘lolita’
@Nacho Gay.- 26/09/2008 06:00h

Hay algo en los ojos de María Valverde, en su rostro, en su forma de expresarse, de moverse, de hablar, que encierra una extraña contradicción; una combinación equilibrada, seductora y al mismo tiempo desconcertante de ingenua madurez. A ratos es una niña encerrada en los pensamientos de una mujer. En otros una mujer que se adivina tras los gestos de un niña.
Son las cinco y diez de la tarde de un día soleado de septiembre y María hace su entrada en el teatro Albéniz de Madrid envuelta en un abrigo de paño y devorando una tarrina de helado. Abrigo de paño y helado. Lo dicho, desconcertante y permanente contradicción. Una primera aproximación psicoanalítica a la joven nos advierte de la posibilidad de que ésta venga dispuesta a descolocar a cualquiera que pretenda hacer lo propio con ella. Su primera sonrisa, natural al mismo tiempo que impostada, confirma las peores sospechas.
Dos horas después de ese encuentro María aparece en escena disfrazada de Inés decimonónica y rodeada de la escenografía tenebrista que reclama uno de los Episodios Nacionales más emblemáticos de nuestra Historia. El 2 de mayo visto por Galdós. Terrible patetismo. En escena una mujer, que no una niña. Desde luego, no se trata de la misma María que se llevó a los quince años el Goya a la Mejor Actriz Revelación por La Flaqueza del Bolchevique. María busca nuevos horizontes interpretativos: réquiem por una ´lolita'. Eso se percibe, incluso, desde la fila veintidós del patio de butacas.
EL CONFIDENCIAL: ¿Te refugias ahora en la seriedad del teatro para escapar un poco de tu condición sempiterna de joven ‘lolita’?
MARÍA VALVERDE: Bueno, en realidad mis papeles de ‘lolita’ se han ido reduciendo con el tiempo. Ya no tengo edad.
EC: Edad no sé, pero el aspecto…
María lleva puestas unas deportivas de colores, un vaquero y una camiseta informal debajo del abrigo. Del brazo le cuelga un bolso que completa un look del todo improvisado, joven, espontáneo. Sobre el rostro una gafas de pasta… y de ver. Nada más. La cara la lleva lavada. Ni gota de maquillaje sobre su tez pálida, lo cual resalta aún más su delicada belleza angelical.
MV: Sí, es cierto, parezco más joven de lo que realmente soy, pero el papel que represento ahora en el teatro no es precisamente el de una ‘lolita’.
EC: Parece que el apelativo de ‘lolita’ ya te empieza a incomodar...
MV: No es del todo así. Ahora soy plenamente consciente de que en el pasado he participado de un cierto lolitismo, que antes negaba. Echando la vista atrás me parece que fue bonito y, aunque mi carrera ha tomado ahora otros caminos, ojalá cuando cumpla cuarenta años se me siga considerando una ‘lolita’.
EC: A eso ayudarán sin duda portadas como la que protagonizas este mes en la revista Man.
Le enseñamos la revista, que ella ya ha visto previamente.
MV: Eso es lo que soy. Y he de explotar lo que soy.
EC: Deduzco que eres consciente, por tanto, del efecto que provocas en los hombres…
MV: Sí, supongo. Soy una persona pública. Hay gente a la que le gusto y gente a la que no.
EC: Yo hablaba más bien… ¿Todos tus novios han comprendido tu trabajo?
MV: Me dejó uno de ellos. Por aceptar el papel de Melissa P.
EC: ¿En serio?
La verdad es que Mellisa P. se las trae. Se trata de una película basada en la autobiografía de la joven italiana Melissa Panarello, que narra en primera persona sus aventuras sexuales en Sicilia, donde vivió su adolescencia sumida en una deriva erótico-festiva que estaba llamada a culminar en la madurez.
MV: Sí, me dejó. Pero en la vida hay que luchar por las cosas que uno quiere, y si la gente no está contigo, a veces hay que ser egoísta y pensar en uno mismo. Es lo más saludable.
EC: ¿Cuántas cosas ha perdido o se ha perdido María Valverde en su camino hacia el éxito?
MV: Creo que ninguna. La vida me ha ido abriendo caminos y los he tomado, porque creo en el destino. He hecho lo que tenía que hacer. Si hay algo que tenía que vivir, ya lo viviré.
Aunque María parece convencida de su respuesta, reconoce al mismo tiempo que en ocasiones no le ha resultado fácil interpretar ciertos papeles. Habla de una sociedad machista y de una familia comprensiva que le ha permitido hacer en cada momento lo que ha creído más conveniente para su carrera.
EC: ¿Cuáles son los límites que pone María Valverde?
MV: Sé lo que estoy dispuesta a hacer y lo que no.
EC: Si no recuerdo mal, cuando usted rodó Melissa P. tenía 17 años y la cinta se abría con una felación.
MV: Es fuerte, pero no deja de ser interpretación. Sólo rechazaría un personaje si no concordara con el momento que estoy viviendo. Valoro mucho si algo me compensa no sólo como actriz, sino también como persona. Además, rodé la película con mi padre delante.
EC: ¿Fue capaz de practicar sexo con su padre delante?
MV: Estaba interpretando. Que mi padre estuviese allí era de hecho lo que más me tranquilizaba. Yo me convertí por unos días en Mellisa P; me llevaba el personaje a casa. Mi padre era el nexo con la realidad.
María habla con cariño de toda su familia. En su brazo derecho lleva tatuado con letras curvas, escritas a mano, el 'miniñamicielo' que le decía su abuela cada vez que la veía.
EC: ¿Sigues paseando por Carabanchel, como cuando eras una niña?
MV: Sigo haciendo lo mismo de siempre. Me encanta perderme por los museos, sobre todo por la librería del Reina Sofía. En verdad, de los 365 días que tiene el año la gente me reconoce por la calle como mucho diez.
EC: Actriz precoz... ¿También adolescente precoz? ¿Escandalizaría una autobiografía de María Valverde al modo de la de Melissa P.?
MV: A lo mejor sí.
EC: ¿Por?
MV: No he escrito el libro.
A eso de las diez y media de la noche, dos horas después de haberse iniciado la representación, todo el elenco de Puerta del Sol. Un Episodio Nacional recibe la calurosa ovación del público congregado en el Albéniz. En el centro del escenario, María Valverde.
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