Richter expone sus '4900 Colores' en la Serpentine de Londres
Joaquín Rábago (Efe).- 23/09/2008 16:00h
El veterano artista alemán Gerhard Richter (Dresde, 1932) ha llenado de colores cuadriculados, en una iteración puramente aleatoria, la luminosa galería Serpentine de Londres. Richter es un artista que ha estado siempre a caballo entre la figuración de base fotográfica y la abstracción, pero esta exposición, que podrá visitarse hasta el 16 de noviembre, es pura y fría abstracción.
La instalación, que ocupa distintas salas, se compone de cuarenta y nueve paneles pintados de 97 por
Pero Richter generó la aparentemente arbitraria distribución de los colores recurriendo a un programa informático, procedimiento que ha aplicado también en la instalación de
Richter lleva más de cuarenta años investigando los campos cromáticos, utilizando lacas y reproduciendo las muestras de colores industriales. Primero, como en ‘Doce Colores’, de 1966, los colores estaban separados estrictamente por una especie de parrilla blanca, que el artista fue eliminando a partir del 1973 para yuxtaponer inmediatamente los campos cromáticos.
Al mismo tiempo, si en 1973, utilizó los tres colores primarios - rojo, amarillo y azul, a partir de 1973, fue enriqueciendo la paleta con tonos intermedios, producto de su mezcla, para obtener distintas escalas cromáticas. Lo que ha interesado siempre al artista alemán es la precisión en la reproducción de los colores, unida a la mínima necesidad de composición, lo que aleja totalmente su arte de cualidades como lo expresivo, lo emotivo o lo sublime.
Richter está en ese sentido a años luz de un artista como el estadounidense Mark Rothko, a quien la galería Tate Modern dedica precisamente una gran retrospectiva a partir de esta semana. Los 49 agrupamientos de colores de esmalte ofrecen distintas formas de leer los campos cromáticos como alfabetos simultáneos, pero su interacción no crea impresión alguna de volumen o movimiento como en el arte cinético. El propio Richter se ha referido así a ‘4900 Colores’: "Son obras que no cuentan nada. Incluso las pinturas abstractas son como fotos de una realidad inexistente, de una jungla ignorada".
"Aquí no hay ilusión. No dicen nada ni evocan asociación alguna. Están simplemente ahí. Son puros objetos visuales", explica el artista, cuya estética ha comparado el conocido crítico Benjamin H.D. Buchloh con la del compositor de vanguardia John Cage por la eliminación radical que hace del sujeto.
La instalación londinense de Richter puede fascinar a unos pero dejar totalmente fríos a otros, que echarán en falta la vibración humana de otros artistas que han recurrido también a la geometría y el color como el suizo Paul Klee.
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