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Contra hipócritas, alelados, facinerosos y cuentistas

José Luis González Quirós* - 10/09/2008

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Tengo la suerte de escribir frente a una ventana que da a un bonito parque por el que pasean mujeres con sus niños, amén de ancianos y perros, y en el que abundantes pájaros picotean en una hierba no por municipal menos hermosa. Hoy es uno de esos días incoherentemente festivos en Madrid, porque una fiesta con motivo ignoto es algo tan absurdo como llamar al recreo “segmento de ocio”, que es lo que hacía algún decretillo de la LOGSE. De repente, este panorama silencioso y plácido se ha visto alterado por un ruido inconfundible y molesto: una sierra laboriosa manejada por algún profesional que se ha saltado a la torera el reglamento laboral. Efectivamente, unos albañiles se afanan en levantar una casa: ¿pero no hemos quedado que la construcción se hunde?

 

Cuento esto porque me parece que  puede ser una metáfora de mucho de lo que pasa. Busco en mis archivos y me encuentro a Ortega para perfilar lo que quiero decirles: “todos esos organismos de nuestra sociedad –que van del Parlamento al periódico y de la escuela rural a la Universidad-, todo eso que, aunándolo en un nombre, llamaremos la España oficial, es el inmenso esqueleto de un organismo evaporado, desvanecido, que queda en pie por el equilibrio material de su mole, como dicen que después de muertos continúan en pie los elefantes”.

 

Siempre me pareció que Ortega exageraba con la Restauración y creo que así lo han puesto de manifiesto los trabajos historiográficos más recientes, además de que nadie describiría a España en el mundo de hoy como algo más grande que un roedor o, a lo sumo, una cabra. Pero tengo que confesar que algo de lo que denunciaba vibrantemente Ortega hace ya casi cien años me parece que está de nuevo con nosotros.

 

Vivimos en medio de un engaño sistemático. Con frecuencia parece que la política haya dejado de ser una actividad que ejercen ciudadanos que nos representan y que intentan resolver problemas comunes, para convertirse en un espectáculo sin gracia que sigue a la letra un guión que no le interesa a nadie, mientras el país pierde peso y retrocede en casi todo, simulando ser un navío a la deriva. Algunos son conscientes de que vamos muy mal, pero hay una buena mayoría de estómagos agradecidos que les llaman traidores o cosas peores. Nos preside un mentiroso que tiene éxito, y casi todo lo que se le opone parece sacado de un viejo guardarropa. Nos va esa marcha, que le vamos a hacer.

 

De vez en cuando, sin embargo, en la casi oscuridad en que vivimos, se vislumbra una pequeña luz. He leído en la prensa de Barcelona algo que realmente no esperaba leer, o sea, una auténtica noticia. Un estudio de sociólogos catalanes hace un retrato bastante crítico del estado de ánimo y de la situación real de su sociedad. Parece que muchos catalanes empiezan a descubrir que ni son el centro del universo ni, tampoco, la locomotora española. Trátase, desde luego, de un descubrimiento notable. A lo mejor han caído en la cuenta de que, más arriba del Ebro, es especialmente cierto aquello que decía Valery de que la política es el arte de impedir que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen.

 

Cuando se descubre que algo que se nos cuenta no es verdad, se es un poco más libre que antes. Para que la política se mueva hacen falta esos descubrimientos, aunque no basten, porque se necesita luego la energía y el valor para ponerlos en juego, de manera que interesen a las multitudes que son las que, guste o no, deciden o dejan que otros decidan por ellas.

 

Ese mal catalán es mucho menos específico de lo que parece. Anteayer mismo hemos conocido la solución que los grandes partidos han dado al asunto de la Justicia. Si se encontrase un solo español capaz de creer que ese magno apaño va a arreglar algo de lo que a él le importa, habría que darle el Premio Nobel de la credulidad. Pese a ello, los políticos no cesan de felicitarse por el acuerdo, pacto o merienda de negros, poniendo en evidencia, para nuestro escarnio, cuán lejos están de preocuparse por lo que nos importa. La democracia española, desvencijada y corrupta, está viviendo un proceso subversivo. ¿Hasta cuándo van a aguantar los españoles?

 

Pienso que la hipercrítica desplegada en su día por Ortega y sus compañeros con la Restauración contribuyó, quizá, a los desastres que culminaron en la guerra. La crítica de la democracia, por débil e incipiente que sea, debe por eso ser comedida, porque sería literalmente insensato ponerla en entredicho. Pero algo habrá que hacer. Hay, por ejemplo, un juez que ha alcanzado fama inagotable a base de convertir su poder, nada pequeño, en una empresa de marketing al servicio de su notoriedad, sus caprichos o lo que quiere que creamos que son sus ideas. Cada día que ese juez sigue en lo suyo, y es sólo un caso más, aunque muy obvio, la democracia española se hace un poco más débil, cosa que importa muy poco a quienes saben vivir de nuestra inanidad. Ese es el verdadero problema: sacudirnos de encima a auténticas bandas de hipócritas, alelados, facinerosos y cuentistas.

 

*José Luis González Quirós es analista político.

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Opiniones de los lectores (7)

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7. melancolía11/09/2008, 14:35 h.

"Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas formas que el hombre puede elegir para ser un imbecil" José Ortega y Gasset

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6. usuario registrado albertovz10/09/2008, 18:18 h.

¡Pobres expañoles...!

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5. usuario registrado Luisaalv10/09/2008, 16:35 h.

Magnífico artículo. Felicidades. El problema es que aunque algunos veamos la realidad y sepamos qué problemas nos están llevando a la ruina, ¿cómo se consigue que la gente que nos lleva a ella con su ceguera y cerrazón despierte y reaccione? Ese es realmente el `quid´ de la cuestión.

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4. usuario registrado No Logo10/09/2008, 14:22 h.

muy buen artículo. de verdad. el problema sigue siendo como sacudirnos a estos, cuando en realidad son una muestra aleatoria de la sociedad que los alimenta. seremos capaces de reaccionar antes de que las circunstancias nos obliguen a ello y, quizás, sea ya demasiado tarde?

saludos

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3. usuario registrado Español Abandonado10/09/2008, 14:20 h.

Éste artículo es lectura recomendada. Da gusto saber que hay más gente que piensa que todo esto está emponzoñado y hiede a corrupción y que la política es un circo (por los payasos más que nada, con perdón de los mismos)

Saludos para todos.

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