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Michel Rocard, Zapatero y la insoportable levedad de la izquierda

José Luis Rodríguez Zapatero Michel Rocard

@Carlos Sánchez - 10/09/2008

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Hace algunas semanas, el ex primer ministro francés Michel Rocard escribió un luminoso artículo que llevaba por título El impotente poder de la socialdemocracia europea. Rocard, como es de sobra conocido, pertenece al ala más moderada del Partido Socialista francés, por lo  que no es sospechoso de ser un radical de izquierdas empeñado en poner patas arriba la política europea. Por decirlo de alguna manera, no tiene nada que ver con Oskar Lafontaine, el pequeño emperador del Sarre, que con su Die Linke (La Izquierda) ha hecho la pascua a sus antiguos camaradas del SPD.

 

Sostiene Rocard en su artículo que la socialdemocracia está en crisis, incluso allí donde gobierna. Y pone como ejemplo lo que sucede en países como el Reino Unido (donde Gordon Brown está contra las cuerdas) o Alemania (donde el partido socialdemócrata registra los niveles más bajos de popularidad en sus 145 años de historia). La izquierda española tampoco se salva de la quema. Asegura Rocard que la “brutal recesión económica” le pone en dificultades al Partido Socialista; si bien es verdad que muchos más problemas tiene el centro izquierda italiano, que, como diría el clásico, corre como pollo sin cabeza tras haberse desinflado el efecto Veltroni.

 

La conclusión del político francés es la siguiente: existe una aparente incapacidad de la socialdemocracia para reforzar su influencia social y política en un contexto como el actual, que se caracteriza por una doble crisis: la financiera y la estrictamente económica, vinculada en última instancia a los problemas de Europa para competir en unos mercados de bienes y servicios de carácter global y a su excesiva dependencia de los hidrocarburos.

Rocard da en la diana. Cada vez es más evidente que la izquierda, en aquellos países donde carece de mayoría suficiente para gobernar, adolece de una estrategia eficaz para capitalizar políticamente los descontentos sociales que generan largos periodos económicos de bajo crecimiento (cada vez más abundantes), y que hunden sus raíces en fenómenos más complejos que los derivados de una simple crisis económica de carácter esporádico.

Socialdemocracia en minoría

La consecuencia de ello no puede ser otra: la socialdemocracia se encuentra en minoría en las dos terceras partes del arco parlamentario europeo. La causa de tal desastre probablemente tenga que ver con que ya no cuenta con los instrumentos sociales y culturales que antaño le fueron tan útiles, y que le permitieron liderar el pensamiento económico, entendido este concepto en su acepción original: economía política, distinta de aquella que interpreta los fenómenos económicos en clave exclusivamente técnica, vacía de compromisos ideológicos 

No se trata de un asunto menor. Por el contrario, tiene ribetes de acontecimiento histórico. Tradicionalmente, la izquierda ha crecido políticamente a partir de los descontentos sociales, lo que aparentemente puede explicar aquella fallida predicción de Marx, que estaba convencido de que a partir de unas condiciones objetivas determinadas las contradicciones del capitalismo conducirían inexorablemente a su destrucción. Parece evidente que el sabio alemán se equivocó de cabo a rabo. Como es sabido, la primera insurrección proletaria se dio en Rusia, un país con escasa tradición obrera. 

 

Es probable que esas crecientes dificultades de la izquierda para articular una respuesta a la crisis tengan que ver con un hecho que a menudo pasa desapercibido para la propia socialdemocracia. Su incapacidad para dar una respuesta coherente y creíble a los problemas. Su estrategia, por el contrario, se ha caracterizado por un cierto seguidismo que convierte el mensaje de la izquierda en una segunda marca del pensamiento de centro derecha, pero con un retardo de varios años. Muchos de los argumentos políticos que ha comprado la socialdemocracia en los últimos años son los mismos que los que esgrimía el pensamiento conservador (el término es lo de menos) hace algunos años. Y de ahí que haya sucedido lo inevitable. En el peor de los casos, la socialdemocracia ha sido empujada al averno de la oposición, y en el mejor, gobierna sin hacer políticas de izquierda capaces de dar respuesta a los nuevos problemas sin ‘tirar’ de viejas recetas ya superadas por la historia.

 

Los aliados naturales de la socialdemocracia (se supone que los más desfavorecidos) prefieren la versión original y no las malas copias en blanco y negro, lo que explica que los partidos de derecha ganen electoralmente en circunscripciones electorales dominadas históricamente por la izquierda, alejada definitivamente de su tradicionales bases sociales. Y lo que es todavía peor, apartada de los nuevos colectivos de ciudadanos que ya nada tienen que ver con los obreros manufactureros, pero que objetivamente son hoy la parte más débil del entramado social: jóvenes con condiciones laborales precarias, empleados cualificados con bajos salarios, mujeres sin empleos o subocupadas o, incluso, profesionales convertidos hoy en los nuevos ‘proletarios’ del siglo XXI.

Pérdida de identidad

En los países en los que gobierna la izquierda, las cosas no son muy distintas. En la mayoría de los casos, el partido en el poder (para seguir poseyéndolo) ha derivado en una pérdida de identidad que lo ha desvestido de sus atributos históricos, particularmente en el terreno económico. Y eso es, exactamente, lo que puede estar ocurriendo en España. El Gobierno aparece ante la opinión pública como una radical en conquistas sociales (matrimonios del mismo sexo, suicidio asistido, reivindicación de la memoria histórica o ampliación del derecho al aborto), pero contiene sus ímpetus transformadores cuando de lo que se trata es de poner las bases de un nuevo modelo económico y social.

 

Como dice un viejo militante socialista, Zapatero habla mucho de dar una salida socialdemócrata a la crisis, pero lo cierto es que las únicas medidas de calado aprobadas hasta ahora por el Consejo de Ministros tienen que ver con la desaparición del Impuesto del Patrimonio (como se sabe una decisión que ‘favorece’ a los asalariados) y con la entrega de 400 euros a cada contribuyente, sin tener en cuenta su nivel inicial de renta. Y eso sin contar con la existencia de un sistema fiscal claramente injusto que favorece a las rentas más elevadas en perjuicio de las más modestas, como lo demuestra el hecho de que el Impuesto sobre la Renta continúe girando en torno a los asalariados. Y todo ello en un país con elevadísimos registros de fraude fiscal y en el que los niveles salariales son incompatibles con el Estado de bienestar, cuya eficacia no se limita a proveer de determinados servicios públicos a los ciudadanos. Y en el que la tercera parte de los asalariados tiene contrato temporal con un nivel de gasto público en educación, sanidad o justicia claramente inferior a la media europea.

 

El alejamiento de la izquierda de sus postulados justificaría, según muchos politólogos, que los ciudadanos den la espalda a la socialdemocracia en Europa, lo que explicaría esa incapacidad para influir en la realidad social y política de la que habla Rocard, y que afecta tanto a los partidos de izquierda que gobiernan como a los que no están en condiciones de hacerlo.

 

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Opiniones de los lectores (20)

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20. usuario registrado ludopata10/09/2008, 22:25 h.

Achaco la falta de ortografía que tantos propeperos haceis escribiendo "nazonalista" a una sencilla ignorancia de las reglas básicas de escritura en castellano o a vuestro analfabetismo, ya que no creo que sea por hacer el juego de palabras "nazi" y "nacionalista". Evidentemente llegais a daros cuenta de que si alguien tiene parentesco ideológico en España con el nazismo, o el fascismo es la derecha , que por ejemplo sigue pensando que el dictador fascistoide (pronazi) Franco debe seguir teniendo estatuas "porque es parte de nuestra historia". He de recordaros , cambiando de tema, que fomentar el uso del catalán o del euskera, lenguas que lo necesitan para sobrevivir, no es aniquilar el castellano, aunque entiendo que estos matices pueden ser dificiles de comprender (¿entendeis ahora lo del encefalograma plano?, probablemente tampoco). Saludos,

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19. usuario registrado fireman10/09/2008, 22:07 h.

Gracias Olaf por su análisis tan certero. Para Ludópata: como el bilinguismo es sinónimo de inteligencia, ya me explico el afán de los gobiernos nazionalistas para eliminar el castellano. Por otra parte, sigan apoyando al inconsistente bobo solemne. A mí Plim, yo soy funcionario...

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18. usuario registrado ludopata10/09/2008, 21:37 h.

Puestos a hacer análisis de votantes de partidos políticos , yo hago el de los/as votantes del PP. 50% encefalograma plano al estilo de Olof Pelma que se han aprendido unas cuantas frases de memoria y las repiten desde hace 5 años de carretilla. Otro 50% personas más normalitas , pero débiles de espíritu que a fuerza de leer El Mundo de PJ y sus aventuras con la Orquesta Mondragón siguen buscando la autoría intelectual del 11-M. Tanto uno como otro grupo abundan en comunidades autónomas como Madrid, Murcia y Valencia y escasean en el País Vasco y en Cataluña , lugares en que el bilinguismo contribuye a que la gente sea un poco más despierta. Es simple ¿verdad?, pues en cualquier caso mucho más elaborado que el de Olaf Pelma.
Saludos,

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17. usuario registrado mlunadem10/09/2008, 20:37 h.

desdelondres, las ideologias son todas malas porque desnaturalizan al individuo y le dan respuesta a todo desde la ideologia a la vez que le dicen lo que esta mal y no se puede. y de todas la peor es el socialismo ya que niega al individuo en favor del todo, ya sea estado, bienestar, progresismo, el bien comun etc..... y el socialismo hoy en dia solo puede apelar al bien comun frente a la libertad individual y ahi ha fracasado y empobrece a la sociedad y ha sus individuos, esa es la paradoja..... que al final con el socialismo se esta peor . Y por eso se ha quedado vacio de contenido salvo la ideologia . saludos

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16. usuario registrado 400LECHES10/09/2008, 19:11 h.

Olaf Pelma.-13
Lo ha bordado. Aunque tiene humor la descripción no por ello me parece menos cierta. Clarividente.
A Zooropak, no se le puede negar entusiasmo en las mentiras de la izquierda.
Ellos siempre trampean y manipulan. Es sus escuela marxista, muy eficaz por cierto, pero tiende al totalitarismo como todo pensamiento anti-liberal. No creen en el individuo y sí en la masa, para adoctrinar, y cuando les interesa, azuzar. Cuando gobiernan los grandes bancos ganan más que nunca, el pueblo en cambio, ese que dicen defender, pierde poder adquisitivo, se empobrece y en muchos casos termina en el paro. Característica general de los gobiernos socialistas. Dicen que defienden el progreso pero son antinucleares, manteniendo los combustibles fósiles. Y se ocupan de fomentar el aborto y el suicido de mayores y enfermos que estorban. Muy progresista no es, más bien cavernícola con un toque nazi. Así son mientras los 2 tipos de votantes les sigan creyendo. El problema surge cuando la gente se cultiva intelectualmente y cuando los más se van empobreciendo con el silencio de sindicatos "de clase". Rancios.

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