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CULTURA

Brooks proclama la importancia de la escritura en su nueva novela , "Los guardianes del libro"

Héctor Martínez Llanos (EFE).- 01/09/2008

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Un ancestral manuscrito hebreo y sus insospechados salvadores sirven a la ganadora del Pulitzer Geraldine Brooks para reivindicar la importancia social de la escritura en todas sus formas en 'Los guardianes del libro', novela con marcada vocación de 'best seller' que RBA publica en España el próximo jueves. "Los libros lo son todo. Expresan cómo somos a través del tiempo y ahí es donde radica su peligro", ha explicado Geraldine Brooks, quien regresa a la actualidad literaria tras ganar en 2006 el Premio Pulitzer por su anterior novela, 'March'.

Brooks adorna de ficción la historia real que encierra la Haggadah de Sarajevo, una reliquia bibliográfica escrita e ilustrada a mano que narra la génesis del pueblo hebreo y que fue descubierta en 1996 en el Museo Nacional de Bosnia-Herzegovina, cuando Brooks cubría como periodista el conflicto armado de la zona. 'Los guardianes del libro' es el relato de un asombroso periplo a través de cinco siglos de turbulenta historia para el ser humano, de la fortaleza de un delicado volumen creado en la España del siglo XV, en el periodo de convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos, y que "sobrevive a la Inquisición, el genocidio, el exilio o la guerra" gracias a sus protectores, todos ellos inventados por la escritora.

Entre ellos un cura católico, un bibliotecario musulmán o un rabino, personajes dicotómicos que "son el resultado de los más nobles y los más bajos instintos a la vez, y por ello luchan contra un impulso insano", tal y como imponen las exigencias creativas de esta escritora australiana de nacimiento y nacionalizada estadounidense. Este manuscrito real "atizó" la imaginación de Brooks, escritora "en permanente estado de búsqueda" que en esta novela reconstruye este viaje a través de las investigaciones de una conservadora de libros que descubre entre sus páginas microscópicas pistas de su pasado.

El ala de un insecto, un grano de sal o una mancha de vino completan los pasos perdidos entre la caída en desgracia del libro judío, coincidiendo con la Reconquista española, y su aparición en el Sarajevo moderno, donde ha vuelto a ser testigo de la misma catástrofe: una sociedad multicultural, próspera y tolerante que queda destruida. "Es un terrible instinto en la naturaleza humana —lamenta la autora—. Cada vez que surge la posibilidad de crear sociedades que celebran la diferencia, construir con ello una poderosa cultura común en la que aprender a través del intercambio, permitimos que la alienación y el miedo crezcan y destruyan todo ello, obligando a la sociedad a siglos de recuperación para retomar la gloria perdida".

Una piedra moral en la que el ser humano vuelve a tropezar a lo largo de los siglos, y que sigue reproduciéndose en el siglo XXI ante la impasible mirada de la sociedad internacional. "La ONU sólo tiene el poder que sus Estados miembros le permitan tener, son los que determinan cuándo y cómo se debe mantener la paz", asevera Brooks, quien, a pesar de su doble nacionalidad, mira "con ojos ajenos" a Estados Unidos, "un país que necesita un líder que por fin le muestre la imagen que ofrece al resto del planeta".

Acostumbrada a poner voz a las mujeres del pasado en todas sus novelas y ensayos, la ganadora del Pulitzer considera que "la fanfarria de los grandes premios no debería ser la máxima preocupación para la literatura femenina".Brooks llama la atención sobre "el hecho de que haya tantas mujeres sin posibilidad de ser publicadas en zonas como África o Arabia Saudí", que no puede olvidarse a pesar de galardones como el Nobel de Doris Lessing, el reciente Príncipe de Asturias de Margaret Atwood o el suyo propio.

'Ecos de Eco', procedentes de 'El nombre de la Rosa', resuenan en 'Los guardianes del libro', reconoce su autora, quien prefiere distanciarse de la espectacularidad de 'El código Da Vinci', aunque reconoce pertenecer junto a Dan Brown a una nueva lectura de la novela histórica. "Ya sea hace 500 años o en la actualidad el corazón humano no está sujeto a cambios y, por tanto, tampoco la vida emocional de los personajes, por lo que es igual de sencillo identificarse con ellos; sólo cambian los muebles", bromea.

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