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Sandra Remón.- 29/08/2008
La marihuana está elaborada a partir de las flores y hojas de la planta llamada Cannabis Sativa, usada en la cultura Brahmánica para meditar. Contiene unos 60 compuestos químicos con efectos psicoactivos, llamados canabinoides. El principal es el THC (delta-9-tetrahidrocanabinol), que es el responsable de la mayor parte de los efectos que produce la sustancia. En el organismo existe un neurotransmisor llamado endocanabinoide del tipo anandamida, es decir, una especie de marihuana natural que actúa sobre receptores postsinápticos del tipo canabinoides 1 y canabinoides 2 (cb1 y cb2) el cual libera dopamina y produce efectos agradables. Sin embargo, el consumo de marihuana estimula estos receptores provocando diversos cambios sensoriales y perceptivos, como euforia, placer, relajación, percepción de que el tiempo pasa más lento...
Torres Bares afirma que "las drogas se han consumido desde siempre, pero antes se consumían a partir de su origen natural, por eso no era un problema". Ahora, en cambio, "con el desarrollo disciplinar, se han aislado los principios activos, se han sintetizado", por lo que "las personas se lo han administrado directamente por vía intravenosa o nasal", forma por la que "se aumentan los efectos psicoactivos y el riesgo de desarrollar una adicción" y reconoce que "se lanza un doble mensaje contradictorio a los jóvenes, porque se dice que es bueno para unas cosas pero luego se les prohíbe".
El cannabis se está empleando con enfermos terminales de Sida y personas anoréxicas para aumentar el apetito; en pacientes con cáncer que se someten a quimioterapia para evitar el vómito; en dolores crónicos de sujetos con esclerosis múltiple, etc. En la actualidad se están estudiando estas sustancias para eliminar o reducir el uso en hospitales de opiáceos (morfina, etc.) y evitar así los efectos negativos y la toxicidad de éstos.
La profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Raquel Gómez de Heras afirma que está costando mucho la introducción de los derivados del cannabis como terapia pero sin embargo “los resultados que se están cosechando demuestran que los efectos secundarios son mínimos, que se pueden conseguir fármacos que no tengan efectos psicoactivos (la adicción, por ejemplo) pero que sí cuenten con cualidades terapeúticas positivas”.
Las otras líneas abiertas en el uso de estos fármacos, según la experta, se centran en otras patologías, como el glaucoma, donde se ha mostrado que se puede eliminar la presión ocular; “el futuro es confeccionar fármacos que sin efectos secundarios puedan usarse para muchas cosas, como el dolor, evitar el vómito, etc.”.
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