Decía Albert Camus que la capacidad de atención del hombre es limitada y que debía ser siempre espoleada por la provocación. Estos días a muchos fanáticos incondicionales de Tintín nos han provocado.
Parece ser que Tintín, nuestro héroe de la infancia, se ha hecho mayor. El responsable de este “sacrilegio” es Antonio Altarriba. ¿Qué quieren que les diga? Mentiría si dijese que había oído hablar de este señor y de Edicions de Ponent pero, desde hace una semana, no hago otra cosa que leer todo tipo de informaciones sobre el despertar sexual del joven periodista. Ahora ya sé que Altarriba es un conocido escritor, guionista y experto en cómics. También sé que este libro es un homenaje a Hergé y que Tintín pierde la virginidad a manos de Catherine Deneuve. En esta versión libérrima de “El loto azul” Milú se ha muerto, Haddock es alcohólico, Tornasol se ha vuelto loco y Tintín está deprimido.
Con motivo del “sacrilegio” la Fundación Moulinsart que gestiona los derechos de Tintín ha embargado la reedición del libro. En resumen y para no aburrirles más: llevamos una semana leyendo artículos sobre Tintín y el sexo. Este es un ejemplo de hábil utilización de la provocación como estrategia de comunicación y marketing. Una estrategia de la que se han beneficiado las dos partes. Los que no sabíamos quién era Altarriba y Edicions de Ponent ya sabemos de su existencia, hemos entrado en su web y puede que acabemos comprando algo suyo. Por otra parte Moulinsart ha aprovechado el escándalo para preparar el terreno y recordarnos que Spielberg está preparando una trilogía sobre las aventuras de Tintín.
La provocación como estrategia sólo adquiere plena eficacia cuando lo legitiman y difunden los medios de comunicación. Hay que adecuarla a los distintos fines que se persiguen: i) promocionar un producto, ii) descalificar al adversario; iii) promover a través del miedo la persistencia de un statu quo etc. La base de toda provocación tiene una meta a la que se apunta y un a priori que moviliza. En el caso que tratamos el a priori y la meta coinciden: uno quiere vender libros y el otro promocionar su película.
Un mago del empleo de la provocación en las campañas de comunicación ha sido Luciano Benetton. El marketing de la provocación ha sido el hilo conductor de todas las campañas de la casa. Otro ejemplo destacable del “provoca que algo queda” son las caricaturas de Mahoma en la prensa europea que han provocado la ira de los integristas islámicos y un debate sobre la libertad de expresión en Europa. Creo que es lícito el empleo de la provocación como herramienta y estrategia de comunicación siempre y cuando se respeten los límites. El derecho a la libertad de expresión limita y acaba donde empieza el deber de informar empleando el sentido común.
*Lucía Casanueva es directora de Portocarrero & Asociados
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