Servet.- 15/08/2008
Enfermar en verano es conocer el calvario. Entrar en las Urgencias del hospital Universitario de Puerto Real es pasear por el infierno. La vista se pone en alerta incluso antes de cruzar la puerta. La suciedad que invade la entrada es propia de una república bananera. La puerta en la que se sitúan los taxis se convierte en fin de semana en un foco de infección: pañuelos sucios, botes de refrescos, restos de bocadillos, cientos de colillas… Y nadie limpia aquello.
Lo mismo ocurre en uno de los laterales del edificio, desde cuyas escaleras de emergencia se divisa un techado aún más guarro. Pero lo peor es la asistencia. Un ejemplo: que una MIR de psiquiatría valore un cuadro sumamente complicado de cardiopatía avanzada mezclada con agua en los pulmones, desorientación cerebral y un largo etcétera es una auténtica ‘pasada’. Al lado de esta futura especialista no había nadie con experiencia contrastada que hiciera un diagnóstico certero a un hombre mayor y sumamente delicado, que podría en cualquier momento entrar en parada cardiaca.
La pobre gente que esperaba con familiares a ser atendida en la madrugada de agosto contaba cosas increíbles de ese hospital. No me extraña. Menuda experiencia. Un hospital público con imagen propia de África. Daba pena ver a aquella gente. Daba asco ver la suciedad en fin de semana a las puertas del centro. Aquella aspirante a psiquiatra cumplió con el horario de su guardia y se fue. Y cerca de las seis de la mañana de un sábado otro MIR se hace cargo del enfermo de urgencias anciano. Y le pregunta a un familiar qué le ocurre al señor. Según el MIR, su colega no le había informado debidamente.
Así que esas horas, después de haber pasado cinco en urgencias, el familiar, agotado e impotente, vuelve a repetir lo que estaba escrito en el informe médico realizado por el equipo de médicos del anciano (papeles que siempre lleva consigo a todas partes) y que le había entregado a la MIR de psiquiatría. Demasiado. Incalificable. Una vergüenza. Que quede claro que los dos médicos internos residentes no tienen culpa alguna de que les dejen abandonados.
Para unos defensores a ultranza de la sanidad pública, como lo son los familiares del citado paciente, lo vivido en las Urgencias del hospital de Puerto Real fue un golpe muy duro. Luego está la falta de personal, médicos y enfermeras. Los que se quedan en verano no dan abasto, los enfermos se desquician, pero es lo que hay en Puerto Real. Que alguien haga algo por salvar del tercermundismo a un centro público donde los futuros especialistas han de formarse. Y lo que ven es un muy mal ejemplo.
NOTICIAS RELACIONADAS
Detectan una proteína que influye en el envejecimiento de la piel y en los tumores
¿Una simple inyección y 24 horas de gripe para controlar el cáncer?
La Ley de Muerte Digna se estrena en España: la justicia obliga a un hospital a aplicarla
El estramonio, la hierba del diablo que desde los aquelarres llegó hasta las ‘raves’
Nace la primera unidad de terapia vaginal postparto para madres con problemas
POST ANTERIORES
Las migrañas hacen perder entre 8 y 16 días de trabajo al año, unos 2.000 millones de euros
Los "campeones de lágrimas" que hacen 'ver' a los ciegos
La apología de la anorexia en Internet ha crecido un 470% en los últimos cinco años
Un centro español de cirugía de la obesidad, entre los quince mejores del mundo