EL EROTICÓN
Sexualidad y evolución (II)
@María Victoria Ramírez* - 04/08/2008
En el artículo anterior vimos que en nuestra especie no es difícil que la intimidad, el afecto, el contacto erótico y los lazos emocionales se entremezclen y lleven los unos a los otros. A veces pretendiéndolo, a veces sin pretenderlo...
La sexualidad del ser humano es muy rica. A ello contribuyeron algunos cambios que se produjeron en la especie humana y que la diferencian de otros grupos de primates, cambios como los siguientes:
1. La postura bípeda permite el contacto erótico cara a cara. La expresión facial, las miradas, cobran una gran importancia.
2. La sexualidad se desliga de la reproducción. En este sentido, la hembra se encuentra receptiva sexualmente durante todo el año y deja de estar sujeta a la dependencia hormonal que en otras especies la somete a periodos concretos de celo (receptividad sexual).
3. La adopción bípeda deja libres las manos, que se convierten en elemento esencial en la interacción erótica, para tocar, coger y acariciar.
4. La pérdida de la espesa capa de vello corporal que caracteriza a otros grupos de primates viene a enriquecer mucho más el contacto erótico, ya que las zonas de receptividad se amplían nada menos que a todo el cuerpo.
Es una sexualidad con una gran diversidad en sus posibilidades de expresión.
Cóctel de sensaciones
Para disfrutar la sexualidad el ser humano no precisa tener “planes de boda” con su pareja sexual. Pero sí precisa respeto y ternura. Si además, existen una serie de lazos afectivos y emocionales con la pareja, las relaciones eróticas se convierten para nuestra especie en un interesante cóctel de sensaciones. La expresión y búsqueda de afecto es una necesidad básica, y no solamente en los humanos, sino en la mayoría de los seres vivos que ocupan una posición superior en la escala evolutiva.
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Los seres humanos somos seres sociales, buscamos y necesitamos el contacto con otros. Tenemos, además, una tendencia biológica a enamorarnos y formar pareja. La cultura y la sociedad modulan posteriormente esta tendencia, de manera que existen formas muy distintas de concebir el enamoramiento, el amor y, por supuesto, la pareja, o más ampliamente “la familia”, de manera que en algunos grupos humanos se forman parejas monógamas, en otras polígamas, en otras se establecen parejas monógamas pero muchos de sus miembros son infieles, en otras se admite el divorcio y el posterior establecimiento de una nueva pareja... en otras, como la occidental, están surgiendo nuevos conceptos de pareja, como las parejas homosexuales.
Lo cierto es que la biología determina que el ser humano busque el establecimiento de lazos afectivos, y la cultura y la psicología particular del individuo determina el tipo de lazos que se establecen. El afecto es, simplemente, una necesidad básica del ser humano, de cara a la felicidad y la realización personal. Necesitamos querer y que nos quieran para ser felices. Y tendemos a enamorarnos y establecer pareja.
Los afectos son las especias del sexo
Una persona que despierte emociones intensas, que resulte atractiva, que resulte interesante e intelectualmente estimulante, con la que nos riamos, que se muestre afectuosa y cariñosa (y nos diga cosas agradables, como que le parecemos atractivo/a, que nuestro cuerpo y nuestra forma de ser le encantan…), posiblemente será una persona con la que las relaciones eróticas tendrán un sabor especial. Serán relaciones eróticas “condimentadas” con emociones y afectos que pueden dar un sabor muy intenso al “plato”.
Debido a nuestra herencia evolutiva, el afecto, las emociones, los sentimientos, hacen al sexo más sabroso, más rico en matices. Muchas veces se da por supuesto que las parejas de larga duración se aburren, o que sus relaciones eróticas son menos interesantes, más rutinarias o menos intensas que las relaciones con una persona desconocida.
Sin embargo, esto no tiene que ser necesariamente así. Muchas parejas mejoran sus encuentros eróticos con los años, y los disfrutan más, debido a que el tiempo compartido puede mejorar la confianza, la comunicación sincera de gustos y preferencias, el grado de intimidad y afectividad (emociones compartidas), y si la pareja trabaja por ello, la variedad y el placer de sus encuentros.
Por supuesto, esto no quiere decir que los encuentros eróticos con desconocidos o desconocidas no sean una elección perfectamente respetable, que agrada a muchas personas. Lo importante es que cada cual se encuentre feliz y realizado o realizada con lo que hace (o no hace), y que se preocupe también de hacer sentir igualmente feliz y realizada a su pareja, estable u ocasional (de una noche).
En definitiva, la especie humana ha sido diseñada, a lo largo de siglos de evolución, para disfrutar de las caricias por todo el cuerpo, para expresar una erótica amplia que no se centre necesariamente en lo genital, para que sexualidad y afectividad, emociones y sexo, se encuentren íntimamente relacionados, para buscar y aún necesitar la vinculación afectiva y las relaciones sociales, y con cierta tendencia a establecer lazos de pareja más o menos duraderos. Pero estas tendencias no son determinaciones, y después cada ser humano las organiza y gestiona a su manera.
*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.
Asociación www.lasexologia.com
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